
¡Ah, la dulzura de la elección de Dios!
Saber que mi salvación es 100% una obra de Dios y no tiene absolutamente nada que ver conmigo es un gran consuelo. Me regocijé con mi nuevo y brillante juguete: mi recién descubierta creencia en las “doctrinas de la gracia”; sí, la creencia en:
Depravación total,
Elección incondicional,
Expiación limitada,
Gracia irresistible y
Perseverancia de los santos.
Sí, estas doctrinas, tal como las definió el Sínodo de Dort en 1619. Mi nueva “Teología Reformada” hizo de la salvación eterna de la humanidad un producto de un Dios completamente soberano que, por razones que solo Él conoce, ¡me había elegido para sí mismo desde antes de la fundación del mundo! Allí estaba yo, “muerto en delitos y pecados”, hasta que Dios soberanamente decidió llamarme a sí mismo y regenerarme para que yo pudiera creer en el Evangelio de Cristo y arrepentirme de mis pecados. Claro, ya me había arrepentido y creído en Jesús como mi salvador varios años antes, pero ahora comprendía mejor el porqué y el cómo sucedió. Sorprendentemente, mi voluntad personal no tuvo nada que ver. Él me hizo estar dispuesto con su gracia irresistible. Si la salvación hubiera dependido de mi voluntad en algún momento, seguramente seguiría perdido, porque mi voluntad solo podía elegir el mal… al menos eso es lo que me enseñó mi recién descubierta “verdad” allá por el verano de 1994.
Yo ya había sido cristiano durante unos seis años y había leído la Biblia de principio a fin varias veces, pero, curiosamente, nunca había considerado las llamadas “doctrinas de gracia”, a menudo conocidas por su acrónimo en inglés T.U.L.I.P. (Depravación Total, Elección Incondicional, Expiación Limitada, Gracia Irresistible, Perseverancia de los Santos) hasta que tuve una conversación un día con un hombre mayor que yo que me las explicó. Esa conversación despertó mi interés por leer otro material sobre el tema, que encontré fascinante; sí, como un juguete nuevo y brillante en sí. Era joven y todavía estaba “encontrando mi camino”, por así decirlo, teológicamente. Hasta ese momento en mi joven vida cristiana, había asistido y tenido compañerismo en muchos tipos diferentes de iglesias: carismáticas, no denominacionales, bautistas, pentecostales e incluso adventistas del séptimo día. Había considerado muchas doctrinas y persuasiones teológicas diferentes, pero esta era muy diferente. Todo el énfasis estaba en Dios con respecto a la salvación, y nada en el hombre ni en mí mismo. Teológicamente, el término elegante es monergismo, en contraposición a sinergismo. ¡Qué maravilloso descubrimiento!
Todo iba bien hasta que comencé a compartir mi nueva creencia con otros cristianos maduros. Sorprendentemente, en lugar de recibir una respuesta positiva de algunos de mis amigos y mentores piadosos, recibí resistencia bíblica inmediata e incluso corrección. Parecía que el problema no radicaba en que Dios eligiera incondicionalmente a algunas personas para la salvación, sino en las muchas conclusiones que naturalmente surgían de esta creencia; en otras palabras, las implicaciones que tal doctrina crea. El problema no radicaba tanto en la elección, sino en la conclusión inevitable que esa doctrina trae, a saber, la doctrina de la reprobación: que Dios predeterminó a la mayor parte de la humanidad a pecar, a rechazar su gracia y finalmente a pasar la eternidad en el infierno, todo para su gloria.
También estaba el problema de una comprensión muy diferente del concepto de la soberanía de Dios. La visión tradicional de la soberanía divina, sostenida íntegramente por la iglesia primitiva durante los primeros cuatro siglos, así como por la mayoría de los cristianos actuales, sostiene que Dios, en su absoluta omnipotencia, ha decidido otorgar a los seres humanos, creados a su imagen, la capacidad de elegir libremente mediante una voluntad no forzada ni coaccionada. Esta visión la expresa elocuentemente A.W. Tozer en su obra clásica, El conocimiento del Santo…
“Dios decretó soberanamente que el hombre fuera libre de ejercer su elección moral, y el hombre desde el principio ha cumplido ese decreto al elegir entre el bien y el mal. Cuando elige hacer el mal, no contradice la voluntad soberana de Dios, sino que la cumple, ya que el decreto eterno no decidió qué elección debía hacer el hombre, sino que debía ser libre de elegirla. Si en su absoluta libertad Dios quiso darle al hombre una libertad limitada, ¿quién podría detenerlo o decirle: “¿Qué haces?” La voluntad del hombre es libre porque Dios es soberano. Un Dios menos que soberano no podría otorgar libertad moral a sus criaturas. Temería hacerlo.”
Esta es la perspectiva tradicional y correcta de la soberanía de Dios. Pero mi nueva perspectiva “reformada” afirmaba que la soberanía divina solo puede significar que Dios “predestinó todo lo que sucede” y, por lo tanto, él maneja literalmente todo lo que sucede en el universo, hasta el punto de que el mal mismo no solo es permitido por Él, sino que, en realidad, es deseado y decretado por Él. En esta definición, soberanía significa que no puede haber ni una sola “molécula inconformista” en todo el universo.
No tardé mucho en darme cuenta de que mi nuevo sistema de creencias tenía serios problemas. Me gustaba la idea de haber sido yo “elegido” y de no haber contribuido en nada a mi salvación “excepto el pecado que la hizo necesaria”, pero al mismo tiempo pintaba la imagen de un Dios que predestinó a la gente a pecar, no les dio otra opción que hacer lo que Él les ordenó (es decir, rechazar el Evangelio) y luego los castigó eternamente por hacer aquello que eran totalmente incapaces de evitar. Después de un tiempo orando y meditando sobre esta inconsistencia, tuve que preguntarme: “¿Se enseña esta conclusión honestamente en la Biblia? ¿Es este el Dios que se describe en la Biblia? ¿Es este el Dios que es por definición amor, bondad y misericordia?”. Parecía más bien sadismo divino, no amor y santidad divino.
Al orar y reflexionar más sobre el asunto, me pareció que esta perspectiva presentaba a Dios bajo una luz que, lejos de glorificarlo, difamaba su carácter santo y perfecto. Comencé a cuestionar seriamente la validez de mi nuevo sistema de creencias al observar que parecía no hacer más que confundir a la mayoría de los verdaderos creyentes y alejar a muchos incrédulos del Evangelio. Recordando que no había llegado a la conclusión de mi nueva creencia por mi propio estudio bíblico y oración, sino por influencia de una tercera persona, comencé a cuestionar seriamente la validez y veracidad de este nuevo sistema de creencias. Años después, era fácil ver que la Biblia en sí misma nunca condujo a nadie individualmente al calvinismo, sino más bien los comentarios, estudios y sermones de ciertos hombres altamente educados que hacen que las personas cambien por completo su forma de ver las Escrituras, reinterpretándolas para que coincidan con las doctrinas de hombres como R. C. Sproul, John Piper y John MaCarthur. Estas son solo algunas de las muchas conclusiones inevitables que me devolvieron a mis convicciones originales, obtenidas de mi estudio personal de la Biblia sobre estos temas de soteriología. De hecho, a continuación, se presenta una lista de treinta de ellas.
Así que, tras mucha oración, estudio y profunda reflexión, fueron estas conclusiones las que me alejaron de la persuasión teológica llamada calvinismo o teología reformada, y me llevaron de vuelta al sistema de creencias que había adquirido simplemente de mi propio estudio de la Biblia durante mis primeros seis años como cristiano. Esta era simplemente la firme convicción, extraída del pozo de la Sagrada Escritura, de que Dios ama a todos, desea que todos se salven, que Cristo murió por todos y que todos potencialmente pueden salvarse creyendo en él. Ciertamente, no es su voluntad que nadie perezca, y que el libre albedrío influye en determinar dónde pasará una persona la eternidad. Sí, los seres humanos son personalmente responsables de su condenación si terminan en el infierno, pero la verdadera tragedia es que… no tenía por qué ser así.
No me agradan mucho las etiquetas, ya que en la mayoría de los casos no reflejan con precisión todo lo que una persona cree. Sin embargo, para fines de claridad en este escrito, nos referiremos a mi posición —y también a la de gran parte del cristianismo tradicional e histórico— como Provisionismo del Libre Albedrío. Este parece ser el término moderno más adecuado para describir a quienes creen que el ser humano tiene la capacidad dada por Dios de elegir libremente.
Con algunas variaciones, hay quienes también se identifican con términos como Molinismo o Conocimiento Medio, doctrinas que enseñan que el ser humano posee libre albedrío libertario, es decir, que no está forzado a actuar de cierta manera, aunque Dios, desde su perspectiva eterna, ya conoce de antemano las decisiones que cada persona tomará. Muchas veces la voluntad humana entra en conflicto con la voluntad divina, pero aun así, Dios cumple fielmente sus propósitos eternos. En otras palabras, tal como dijo Tozer: Dios, en su soberanía, decidió permitir que el ser humano elija.
La posición teológica contraria a esta generalmente se conoce como Calvinismo, Determinismo Teísta o Decretismo. Estos términos describen con mayor precisión las posturas en debate que los términos tradicionales como Arminianismo o Teología Reformada. Esto se debe a que muchos creyentes que se identifican con el Provisionismo o el Molinismo no están necesariamente de acuerdo con todos los puntos del Arminianismo clásico. Además, el nombre “Arminianismo” da la impresión de que esta doctrina se originó con Jacobus Arminius en el siglo XVI, cuando en realidad, el Provisionismo del Libre Albedrío refleja la enseñanza bíblica y fue, según los escritos históricos que nos dejaron, la creencia predominante de la iglesia primitiva y de la gran mayoría de los primeros cristianos anbtes del siglo V.
De igual manera, no todos los que se identifican con el calvinismo o con los “cinco puntos” de las doctrinas de la gracia aceptan cada enseñanza que se encuentra bajo el término de Teología Reformada. Un ejemplo claro de esto sería el bautismo infantil, práctica que no todos los calvinistas sostienen. En resumen, existe un espectro doctrinal en ambos lados del debate, y es importante ser cuidadosos al utilizar etiquetas, reconociendo que muchas veces no representan completamente la posición de una persona o iglesia.
Debo decir que, al preparar este escrito, mi intención inicial era hacerlo breve. Sin embargo, al comenzar a escribir e investigar, no pude evitar profundizar más y más en el tema; y mientras más profundizaba, más descubrimientos hacía. Lo que pensaba que me tomaría tres días, ya ha tomado más de nueve meses, porque no quise dejar nada sin examinar. He llegado al punto en que es necesario compartir este trabajo, aun cuando cada día encuentro nuevas evidencias en contra del calvinismo y no sé si algún día llegaré a abarcarlo todo.
Lo que sí me ha quedado muy claro es que la evidencia bíblica, histórica y racional en contra de las doctrinas del calvinismo es mucho mayor de lo que había imaginado, y las implicaciones de estas doctrinas son también mucho más graves de lo que comprendía al principio. Si la evolución darwiniana puede llamarse un “cuento de hadas para adultos”, entonces el calvinismo bien podría llamarse “ciencia ficción para cristianos”. De hecho, los paralelos entre el calvinismo y muchas películas de ciencia ficción son tan notorios, que decidí incluir algunas referencias de la cultura popular para ilustrar estas comparaciones. Por eso verán menciones, e incluso imágenes, de las películas The Matrix, The Avengers, Los Increíbles y El Terminator. Mi deseo es que estas referencias ayuden a ilustrar y aclarar mejor los puntos tratados.
Ahora bien, es importante aclarar que los términos predestinación y elección no describen con exactitud ninguno de los dos sistemas de creencias, ya que ambos aceptan estos conceptos, pero les atribuyen significados muy distintos. El calvinismo enseña que Dios ya determinó que algunos serían salvos para vida eterna, y que la mayoría serían destinados a condenación eterna. En cambio, la perspectiva del libre albedrío enseña que Dios predestinó a todos aquellos que Él, en su presciencia, sabía que creerían libremente en el Evangelio de Jesucristo, “para ser hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29) y “para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él en amor” (Efesios 1:4). Según esta visión, fuimos elegidos para servir a Dios, y lo que fue predestinado fue el glorioso plan de salvación, no la eternidad individual de cada persona. Más adelante desarrollaré esta diferencia con más detalle.
Habiendo definido estos términos, regreso al punto principal: por qué yo, y gran parte de lo que hoy se considera cristianismo bíblico, abrazamos el provisionismo del libre albedrío y rechazamos la doctrina del determinismo teísta (también conocido como calvinismo). Las razones son muchas, desde las más sencillas hasta las más profundas.
Debo señalar aquí que casi todos los cristianos provisiónistas y los calvinistas estarían de acuerdo en muchos más puntos de los que discrepan. Las cinco “Solas” serían un buen punto de partida (Sola Scriptura, Sola Gratia, Sola Fide, Solus Christus, Soli Deo Gloria). Además, doctrinas como la inerrancia de la Escritura y la Expiación Sustitutiva Penal serían también terreno común —para sorpresa de muchos calvinistas—. Hasta donde sé, nadie de un grupo llamaría “no salvo” o “perdido” a alguien simplemente porque se adhiere al determinismo o al provisiónismo del libre albedrío. Ha habido verdaderos cristianos en ambos lados de este asunto durante siglos. Ambos estarían de acuerdo, y es importante reconocer esto incluso mientras se critican y confrontan mutuamente sus posturas.
No obstante, el sistema teológico del determinismo teísta, llevado hasta sus conclusiones naturales, conduce invariablemente a 30 problemas muy serios. Estos 30 puntos se presentan a continuación. Como ya he mencionado, después de oración, estudio y consideración profunda, fueron precisamente estos puntos los que me hicieron volver, hace muchos años, a mi convicción original: una fe que brotaba del pozo de mi propio estudio personal de la Biblia y la oración. Regresé a la fe de la gracia libre para todos y del libre albedrío de todos. Hablaré más adelante de mi experiencia, pero lo que sigue son simplemente las terribles implicaciones de la enseñanza del calvinismo, también conocido por el determinismo teísta. Es imposible abrazar esta soteriología errónea sin aceptar también sus horrendas implicaciones y conclusiones, a menos que uno esté dispuesto a llamar cuadrado a un círculo y círculo a un cuadrado. Porque el calvinismo, como intentaré mostrar, crea un mundo de círculos cuadrados, líneas paralelas que se tocan, solteros casados y verdades falsas.
Cuando se les confronta y presiona, muchos calvinistas se refugian en la explicación de que “es un misterio que no podemos entender.” Utilizan palabras muy ambiguas como compatibilismo, la voluntad revelada de Dios y su voluntad oculta, voluntad descriptiva y voluntad prescriptiva, como si estos términos aparecieran en toda la Biblia, lo cual no ocurre… ni una sola vez. Pero lo que los calvinistas llaman “misterio”, los provisiónistas lo llamamos contradicción. Y el Dios de verdad nunca ha hecho nada que tenga como fundamento una contradicción. El rojo no es azul, y el agua no es seca, aunque en el razonamiento calvinista pueden ser. ¿Puede un perro ser un gato? ¿Existe tal cosa como un ladrón honesto? En el mundo del calvinismo, la respuesta es sí, y este será un tema recurrente a lo largo de este escrito.
Antes de repasar los treinta problemas que el determinismo teísta genera, permíteme comenzar con una historia sencilla que ilustra con claridad lo que está implícito —de manera ineludible— en esa enseñanza. El calvinismo, al menos en su versión completa de cinco puntos, que es la que sostienen la mayoría de sus seguidores, puede describirse con una breve ilustración que empieza con un hombre al que llamaré “Cal”.
Cal es dueño de un gran edificio de apartamentos, de unas veinte unidades, que él mismo diseñó y mandó construir hace algunos años. Alquila las veinte unidades a distintas familias compuestas de hombres, mujeres, niños y niñas.
Un día fatídico, Cal decide ejecutar un plan que ya había maquinado mucho antes de la construcción del edificio. Su meta es convertirse en un héroe. Así que, una oscura noche a las dos de la madrugada, mientras todos los habitantes del edificio duermen profundamente, Cal ordena cambiar todas las cerraduras de las puertas de los apartamentos para que se abran y cierren solo desde afuera. Por supuesto, solo él tiene la llave de cada unidad. Luego, él rocía personalmente todo el edificio con gasolina y enciende el fuego en varios lugares estratégicos, observando atentamente cómo las llamas se extienden rápidamente por toda la estructura.
Cuando la gente dentro de cada apartamento comienza a despertar con el sonido y el olor de las llamas y el humo, Cal inicia la parte más importante de su plan. Ha decidido salvar a los habitantes de únicamente cuatro de las veinte unidades. Por razones que solo él conoce, elige rescatar el apartamento 3, el 8, el 12 y el 18. Solo a ellos les abrirá la puerta, permitiendo escapar del incendio descontrolado. Rápidamente abre las cerraduras de esos apartamentos seleccionados y grita: “¡Fuego!” mientras ayuda a las personas aterrorizadas a huir hacia un lugar seguro. Poco después, el edificio se convierte en un infierno y queda totalmente consumido en cuestión de minutos, no sin antes que los desgarradores gritos de los moribundos en las otras 16 unidades se apaguen por completo.
Horriblemente, la gran mayoría de los hombres, mujeres y niños del edificio son reducidos a cenizas. Tras el suceso, Cal revela a los sobrevivientes que fue él mismo quien cambió las cerraduras, roció la gasolina, encendió el fuego y abrió únicamente cuatro de las veinte puertas del edificio. Los inquilinos que lograron escapar apenas pueden creer lo que escuchan cuando él les dice que lo hizo todo “para su gloria” y para convertirse en un héroe para ellos. Ahora yo pregunto: ¿cuál debería ser la reacción de esas personas?
Esta historia, de una manera muy directa, detalla las implicaciones de esta teología terriblemente errada llamada determinismo divino o calvinismo. Es una teología que en esencia dice: “No todas las vidas importan.” Puedo escuchar a algunos lectores calvinistas gritando mentalmente en este momento: “¡Eso no es cierto! ¡Simplemente no entiendes el calvinismo!” ¿Podrían, por favor, explicar exactamente en qué lo estoy malinterpretando? En realidad, es precisamente porque lo entiendo tan bien, después de muchos años de estudio, que estoy escribiendo estas palabras que ahora estás leyendo. Estoy completamente seguro también de que todos los ex-calvinistas —algunos de los cuales son pastores, profesores de seminario y eruditos bíblicos que alguna vez sostuvieron esta creencia— testificarán que esta historia demuestra de manera absoluta y correcta las implicaciones de la doctrina.
Como ya se ha mencionado, las dos respuestas que los calvinistas más suelen usar cuando se ven acorralados sin salida son: “Es un misterio” o “simplemente no entiendes las doctrinas de la gracia.” Mmm… resulta desconcertante pensar que Dios haría algo tan importante y, a la vez, tan difícil de entender para la mayoría de los cristianos en el mundo. Si Dios decretara todas las cosas que suceden, tanto lo bueno como lo malo, como creen la mayoría de los calvinistas, entonces Dios debió simplemente haber determinado que la mayoría de nosotros, seguidores de Cristo a lo largo de la historia y los que vivimos hoy en la Tierra, no pudiéramos entenderlo. Porque yo no estoy dispuesto a llamar “héroe” a “Cal” por lo que hizo aquella noche fatal, ni tampoco a creer en un dios que decreta que la mayoría de las personas pequen, luego les niega la capacidad de arrepentirse y creer, y finalmente los hace completamente responsables de aquello que no pudieron evitar. En términos sencillos: este no es el Dios que se nos presenta en la Sagrada Escritura.
Quizás ya empieces a ver las implicaciones tan difíciles e imposibles de comprender de esta teología del determinismo fatalista. Pero esto es solo el comienzo. Aquí están las 30 —sí, TREINTA— razones por las cuales esta enseñanza es falsa, antibíblica e incluso peligrosa…
1. El problema del contexto bíblico
De manera sencilla, el mayor obstáculo que enfrenta la doctrina del calvinismo no es otro que una simple y clara lectura de la misma Biblia. Si solo los elegidos son salvos y van al cielo por un decreto predeterminado de Dios, y todos los demás están perdidos para siempre porque también se les ha decretado ese destino, ¿cómo explicamos entonces las abundantes declaraciones en la inerrante Palabra de Dios que Él…?
…quiere que TODOS los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad… el hombre Cristo Jesús, que se dio a sí mismo en rescate por todos. (1 Timoteo 2:4)
Todos los que se adhieren al calvinismo, sea en su versión modificada o en la hipercalvinista, deben admitir que su teología pinta la imagen de un dios que juega en ambos lados del tablero cósmico de ajedrez: un dios que ordena y decreta tanto lo bueno como lo malo. Debe señalarse que una teología que hace de Dios el autor del mal es, en el mejor de los casos, herética, y en el peor, blasfema. Tal enseñanza mancha la naturaleza santa y justa de un Creador lleno de amor y lo convierte en un titiritero sádico; reduce a los seres creados a su imagen a simples robots programables, y transforma al universo en una versión retorcida —pero divina— de la popular película de ciencia ficción The Matrix.
¿Y qué diremos de la declaración del apóstol Pedro cuando escribe que…
“El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
— 2 Pedro 3:9 (RVR1960)
Respecto a este versículo en particular, debemos hacerle esta pregunta a nuestros amigos calvinistas:
“Si es cierto que antes de que una persona pueda responder a Dios, Él debe irresistiblemente causar su regeneración, ¿por qué es entonces Dios paciente, no queriendo que ninguno perezca? ¿Qué está esperando? ¿Es que Dios es paciente consigo mismo, esperando que Él mismo doblegue irresistiblemente la voluntad humana hacia la fe y la conversión? ¿No resulta incoherente creer que Dios retendría activamente la gracia que el hombre necesita para responder al Evangelio, y al mismo tiempo ser paciente para con la humanidad, no queriendo que ninguno perezca?
Además, el versículo afirma que Dios es paciente “para con nosotros.” ¿No implica esto que la salvación está ligada, al menos en cierta medida, a nuestra respuesta?
Una pregunta muy pertinente para los deterministas teístas, sin duda. Pero continuemos con más pasajes claros que no permiten que esta teología errada sea verdadera, como Ezequiel 33:11, donde Dios declara:
“Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?”
— Ezequiel 33:11 (RVR1960)
Tal declaración, directamente de la boca de Dios, no tiene sentido alguno si los “impíos” ya fueron predeterminados por Él para no arrepentirse, morir perdidos e ir al infierno.
O el versículo que dice:
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”
— 1 Juan 2:2 (RVR1960)
¿Significa la expresión “los pecados de todo el mundo” los pecados de cada persona? Obviamente sí, porque la frase “no solamente por los nuestros” (los que ya somos salvos), sino “por los de todo el mundo” (los que aún no lo son), lo deja muy claro. Si el calvinismo fuera cierto, ¿no debería decir más bien “por los nuestros solamente, los elegidos”? ¿Por qué usaría Dios un lenguaje tan amplio a menos que realmente quisiera decir exactamente lo que dijo?
Como en el versículo:
“Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo; que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.”
— Lucas 2:10-11 (RVR1960)
¿Cómo podrían ser “buenas nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo”, a menos que este mensaje de buenas noticias fuera realmente para todo el pueblo? ¿Hay alguna otra manera en que Dios podría decirnos que Él desea que todos los hombres sean salvos? Si las palabras tienen significado, la respuesta es no.
¿Y qué diremos de las declaraciones de Cristo?
“Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”
— Mateo 18:14 (RVR1960)
O cuando lloró sobre los habitantes de Jerusalén, sabiendo de la destrucción venidera y clamando:
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
— Mateo 23:37 (RVR1960)
El pasaje paralelo en Lucas dice:
“¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.”
— Lucas 19:42 (RVR1960)
Suena, claramente, como si Jesús les dijera: “¡No tenía que ser así!” No hay culpa que atribuir, sino a aquellos que voluntariamente fueron desobedientes y rechazaron Su gracia.
Encontramos versículos similares en el Antiguo Testamento, cuando Dios lamenta diciendo:
“¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.”
— Isaías 48:18 (RVR1960)
O también:
“Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos; pueblo que en mi rostro me provoca de continuo a ira.”
— Isaías 65:2–3
¿Por qué habría de decir Dios que extiende sus manos todo el día hacia un pueblo rebelde, a menos que deseara que se arrepintieran y se volvieran a Él? Estos y muchos otros versículos semejantes comunican claramente que Dios deseaba fervientemente que el pueblo fuera obediente y experimentara Su paz; pero ellos rechazaron esa paz por su propia desobediencia voluntaria.
Sí, la Biblia es clara en que Dios está dispuesto a salvar a todos, pero no todos están dispuestos a ser salvos, como lo declara el versículo:
“Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.”
— Lucas 7:30
Estos versículos deben ser tomados en su sentido literal; decir lo contrario es hacerle violencia al texto y a las reglas de una sana hermenéutica bíblica. La conclusión que se desprende de ellos es que Dios desea salvar a todos y quiere que ninguno perezca. Ellos declaran que Dios tenía un plan de paz que pertenecía a todos los hombres, pero fue rechazado. Dios estaba dispuesto, pero ellos no; por lo tanto, la causa de su destrucción y condenación no fue un decreto eterno de Dios, sino su propia rebelión y rechazo de la salvación que Él ofrecía.
Sí, estos perdidos fueron responsables delante de Dios en todo el sentido de la palabra, porque, una vez más, ¡no tenía que ser así! El hecho de que Dios haya conocido de antemano sus decisiones y elecciones de ninguna manera significa que las haya decretado o deseado.
Dios conocía de antemano la rebelión del hombre, pero aun así la Biblia declara en Génesis 6:
“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.”
— Génesis 6:5-6 (RVR1960)
Pasajes como este revelan que Dios, en Su soberanía, ha dado a los hombres y a los ángeles el precioso don del libre albedrío moral, el cual puede ser usado de manera trágica, al punto de que Él mismo se duele profundamente cuando ese don es mal empleado.
El testimonio más poderoso contra la doctrina errónea del calvinismo no es otro que una lectura sencilla y directa de la misma Biblia. Después de leer algunos de los versículos anteriores, uno se ve obligado a preguntar:
“¿Acaso la palabra todos no significa realmente todos? ¿Y la palabra cualquiera no significa realmente cualquiera?”
El calvinismo, para hacer encajar piezas cuadradas en agujeros redondos, se ve forzado a cambiar el claro y contextual significado de las palabras más simples, dándoles un sentido completamente distinto. Sus seguidores usan a menudo el mismo vocabulario que los que sostienen la doctrina del libre albedrío, pero con un diccionario muy diferente.
Si la primera regla de la hermenéutica bíblica es interpretar las palabras en su sentido más literal según el contexto, entonces el contexto de los versículos anteriores solo puede significar que “todos realmente significa todos” y “cualquiera realmente significa cualquiera”.
Decir, como hacen los deterministas teístas al intentar rescatar su teología de la clara refutación que estos pasajes representan, que tales palabras se refieren únicamente a “todas las clases de hombres” o a “cualquiera de los elegidos”, es violentar el sentido contextual de la Escritura y aplicar una hermenéutica que haría sonrojar incluso a un Testigo de Jehová.
Si uno debe escribir largos argumentos o incluso libros enteros para explicar por qué un versículo no significa realmente lo que claramente dice, hay un problema con esa conclusión. En realidad, no se requieren giros ni acrobacias hermenéuticas: en este contexto, todos significa todos y cualquiera significa cualquiera. Amén. Fin del asunto. Se acabó. Vámonos a casa. Ah, pero hay más… mucho, mucho más.
El versículo más conocido de toda la Biblia, Juan 3:16, dice —como seguramente sabes de memoria—:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
— Juan 3:16 (RVR1960)
¿Quién es “el mundo” en este versículo, sino toda persona en el mundo? Esa es precisamente la definición de la palabra griega kosmos, traducida como “mundo”, la cual implica totalidad sin excepción. ¿Y quién puede escapar de la perdición y tener vida eterna según el versículo? La respuesta: todo aquel que en él cree.
Una vez más, la intención de nuestro Señor Jesucristo al declarar estas palabras inmortales fue comunicar que Dios ama a todos, y que la salvación es potencialmente para todos. Interpretar este versículo de otra manera es violentar su contexto.
Pero los calvinistas deben reinterpretar el versículo diciendo algo así como:
“Porque de tal manera amó Dios a los elegidos, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que sea de los elegidos no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Lo siento, señor calvinista, pero esa interpretación simplemente no es lo que el versículo dice. Entiendo, sin embargo, que estás obligado a interpretarlo de esa manera para intentar defender tu premisa frente a la clara refutación de Juan 3:16 y de tantos otros pasajes.
¿Puedes comenzar a entender por qué todo el cristianismo durante los primeros cuatro siglos, y la gran mayoría de los cristianos vivos hoy, creen en el mensaje sencillo y claro que comunica tan bellamente este versículo tan conocido?
Con textos tan claros como estos, la carga de la prueba recae sobre el calvinista para demostrar su teología, no sobre quienes simplemente tomamos estos versículos tal como se leen. Los calvinistas pueden gritar “¡Romanos 9! ¡Romanos 9!” todo el día, pero el punto de partida no está allí, sino aquí, en los versículos que hemos mencionado. (Más sobre Romanos 9 más adelante).
Esta razón por sí sola debería bastar para dar por concluida nuestra discusión, pero hay otras veintinueve armas cargadas que los calvinistas tendrán que enfrentar a continuación. Pasemos al segundo punto.
2. El problema de la “Pregunta Final”
En el juicio final, ¿no tendrían acaso todas las personas eternamente condenadas un argumento válido si le preguntaran a Dios, justo antes de ser lanzadas al lago de fuego:
“Eh… Dios, antes de que seamos echados al fuego, solo tenemos una pregunta…
¿Cómo puedes condenarnos por toda la eternidad si ni siquiera fuimos capaces de arrepentirnos y creer en el Salvador?
Tú nos negaste la gracia necesaria que hace posible la fe, la regeneración y la salvación.
Dios, ¿se nos escapa algo aquí?
Ahora iremos al lugar del castigo eterno simplemente porque Tú decidiste no regenerarnos cuando estábamos muertos en delitos y pecados.
¡Oh Todopoderoso, con todo respeto, qué más podíamos hacer sino aquello que Tú decretaste que hiciéramos?
A causa de nuestra absoluta depravación no teníamos otra opción, porque solo podíamos escoger lo que era malo y en contra de Ti.
No podía evitarse, porque eso fue lo que Tú determinaste.
¡Y ahora estamos perdidos… para siempre!
Antes de apartarnos de Ti hacia el sufrimiento eterno, ¿podrías por favor responder solo esta pregunta, para que al menos sepamos por qué es nuestra culpa que seamos atormentados por toda la eternidad?”
Debo preguntar aquí: ¿cómo respondería un Dios amoroso, justo y misericordioso a tal pregunta, si el calvinismo fuera cierto?
Calvinista, te escucho…
Escribí el siguiente poema sobre este dilema.
Por favor, léelo en voz alta para sentir todo su efecto.
Clamor de un alma predestinado a la condenación
Es una cruel teología que inspira esa poesía
Dios ama a algunos, mas no a mí,
su gracia no es para todos, oí.
Soy vaso hecho para arder,
sin esperanza, sin poder volver.
Mi esperanza se perdió
Cristo mi deuda nunca pagó.
Antes del tiempo Dios decretó,
que mi condena ya se firmó.
Me negó la gracia que da perdón,
la que cambiaba el corazón.
Dios, ¿cómo podría cambiar mi mente,
si Tú primero me hiciste ausente?
¿Por qué elegiste solo esos pocos,
dejándome fuera de tus ojos?
Tú nos mandaste amar al enemigo,
más negaste el remedio divino.
El que mi alma podía sanar,
y desde adentro transformarla en paz.
Soy ciego, muerto, sin dirección,
predestinado a la confusión.
No parece justo, no puede ser,
que un Dios de amor así deba proceder,
que por decreto soberano y fuerte,
me condenara a eterna muerte.
¿Está bien echarme a perder,
por lo que nunca pude detener?
Si te aborrezco o maldigo tu nombre,
es que primero Tú me hiciste un hombre
odiado y ciego sin compasión…
¿Y ahora enfrento la perdición?
Mas dime, amigo, ¿es esto verdad,
a menos que Calvino erró en realidad?
¿Dios se gloría con mi final?
¡No puede ser, suena infernal!
Detente y piensa, ¿no será así?
Dios quiere salvarte — ¡sí, a ti!
Su sangre fue por todos vertida,
su voz al mundo entero es oída.
¡Puedes ser salvo! Cree hoy,
que Cristo es el Camino, yo voy.
Su gran oferta sigue en pie,
para “todo aquel que quiera” también.
Bebe del agua que da la vida,
que sana el alma y las heridas.
Ven al Salvador, Él es la Puerta,
¡aún hay lugar, la gracia es cierta!
Si estás perdido, tú eres culpable,
no Dios — su amor es inmutable.
A toda la humanidad caída,
¡hay gracia aún, ven a la Vida!
Creo que este poema muestra de manera poderosa la absoluta falacia del calvinismo y provoca la pregunta honesta:
“¿Por qué los perdidos terminarán en el infierno?”
La respuesta, según el calvinismo, no es por una decisión personal ni siquiera por el pecado en sí, ya que aquellos que son condenados no podían hacer otra cosa más que pecar. La respuesta, en última instancia, es que Dios decidió retener de ellos la gracia misma que podía haberlos llevado al arrepentimiento y a la fe salvadora. Por lo tanto, lejos de desear su salvación, Dios ha decretado y determinado desde la eternidad que sean echados al lago de fuego por toda la eternidad. Cualquiera puede ver el grave problema que una teología así plantea. El calvinismo, lejos de glorificar a Dios, hace exactamente lo opuesto y más bien calumnia su carácter santo, justo y amoroso.
Es precisamente por la gloria de Dios que los pro visionistas libran su batalla contra la difamación que el calvinismo arroja sobre un Dios perfecto de amor, verdad y misericordia.
¿Por qué no creer simplemente lo que dice la Biblia?
Que los condenados estarán perdidos para siempre porque endurecieron sus corazones y libremente escogieron resistir al Espíritu Santo y rechazar el Evangelio de Cristo, su único remedio contra el pecado que justamente los condena.
Una vez más, su condenación es grande porque no tenía que ser así. Dios quería salvarlos, como ya he demostrado en los puntos anteriores. No tienen a nadie a quien culpar sino a sí mismos.
Sí, el provisionismo del libre albedrío hace al pecador impenitente verdaderamente responsable de su propia condenación, de una manera en que el calvinismo simplemente no puede hacerlo.
3. El Problema del Fundamento
El fundamento del calvinismo, o del determinismo teísta, se construye primeramente sobre una premisa, no sobre la Escritura. Claro, se emplean versículos bíblicos para intentar probar la conclusión, pero al costo de ir en contra del mensaje general y la dirección de toda la Biblia desde Génesis hasta Apocalipsis, como ya se ha señalado.
Lo que hace el calvinista es acercarse a la Biblia con la creencia preconcebida del determinismo, lo cual lo lleva a leer las Escrituras a través de unos lentes teñidos con el sesgo que tal sistema exige. Por esta razón, cada versículo debe ser interpretado de forma que acomode la premisa ya establecida, en lugar de permitir que la misma Biblia establezca la premisa. Si alguien quiere ver rojo, aunque algo sea azul, lo verá rojo si sus lentes están suficientemente teñidos.
Las doctrinas de la gracia, comúnmente resumidas por el acrónimo TULIP, derivan todas de la premisa de que todo lo que ocurre, sea bueno o malo, fue querido, decretado y causado por Dios. Esta es una mala interpretación de Efesios 1:11, la cual se ha convertido en “la perla de gran precio” del calvinismo y en la regla por la cual se somete todo el resto de la Biblia.
Si esta premisa fuera cierta, estaría de acuerdo con el calvinista, porque las enseñanzas de TULIP siguen una cadena lógica natural, incluso hasta el punto en que el calvinista extremo critica al calvinista moderado por no sostener con rigor los cinco puntos. En esto concuerdo con el hipercalvinista: una vez que se toma el camino del determinismo teísta, solo hay un destino posible y una conclusión final. Como ellos mismos dicen: “no existe un calvinismo moderado, solo un calvinismo mal entendido.”
Pero la pregunta aquí es: ¿fueron estas conclusiones extraídas exegéticamente de la Santa Escritura, o fueron el resultado de una premisa filosófica que luego se intentó forzar en el texto bíblico para justificar la premisa? La respuesta es lo segundo.
El calvinismo es una doctrina en busca de un texto de prueba, no una exégesis del texto completo que lleve a una comprensión doctrinal. Este error es similar al de las sectas, que adoptan un sistema completo y luego interpretan toda Escritura, argumento o razonamiento bajo ese sistema.
He notado que los calvinistas, los Testigos de Jehová, los Adventistas del Séptimo Día, los Mormones, (y la lista sigue), viven bajo algo que podríamos llamar “la adoración del pasaje.”
Toman un versículo de la Escritura, creen haber encontrado “la perla de gran precio” (para probar su premisa), y lo hacen el centro de su adoración. Al hacerlo, ofrecen en sacrificio el resto de la Biblia, para que ese sacrificio sea “agradable a Dios”.
Ese “sacrificio” se convierte en la piedra angular de su salvación y de todo su sistema de creencias.
Pero, lejos de construir una soteriología a partir de una premisa o de un solo versículo, el Provisionismo del Libre Albedrío bebe profundamente del pozo de los 66 libros completos que forman la Palabra de Dios, desde Génesis hasta Apocalipsis.
No necesitamos buscar algunos textos aislados para probar nuestra premisa.
No, el testimonio abrumador de la Biblia misma, que proclama las verdades de la gracia libre, la voluntad libre, y el amor y provisión de Dios para todos, son en sí mismos nuestra premisa.
Nuestro fundamento es la Escritura misma, no un “nuevo juguete brillante.”
No es de extrañar que la doctrina del determinismo teísta fuera totalmente desconocida para el cristianismo primitivo hasta que el teólogo católico romano San Agustín comenzó a exponerla en sus debates con Pelagio en el siglo V d.C.
Más sobre el señor Agustín más adelante.
Pasemos ahora al número 4.
4. El Problema de la Implicación
Si los salvos han sido predestinados selectivamente por Dios para salvación, sin intervención ni elección alguna de su parte, entonces la única conclusión natural y lógica es que los no salvos no fueron elegidos para ese mismo destino glorioso. De hecho, según las propias palabras de Juan Calvino, los no salvos también fueron elegidos, pero no para vida eterna, sino para condenación eterna. Esta “doble predestinación” del reformador francés es conocida en latín como le decretum horribile — “el decreto horrible.” Escuchemos las escalofriantes palabras del propio Calvino:
“Dios ordena todas las cosas por su consejo soberano, de tal manera que hay individuos que nacen destinados desde el vientre a una muerte cierta, y que han de glorificarle por su destrucción.”
— Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana
¿Destinados desde el vientre? ¿Glorificar a Dios por su destrucción? En realidad, una enseñanza tan extraña presenta a Dios como aún peor que el “Cal” de mi historia anterior, pues al menos el sufrimiento que aquel planeó era temporal, no eterno. La doctrina del calvinismo enseña, increíblemente, que Dios ha decretado y elegido a la mayoría de la humanidad para sufrir eternamente en los fuegos del infierno.
Otro hermano provisionista expresó su objeción a esta enseñanza de la siguiente manera:
“Objeción al calvinismo, porque enseña que Dios predestina deliberadamente a muchos para ser eternamente condenados para Su propia gloria y placer, contradiciendo así lo que la Biblia declara: que Dios no se complace en la muerte del impío (Ezequiel 18:23). Es absurdo imaginar que Dios condenaría eternamente a personas que Él mismo creó incapaces de responder a Su mandato de arrepentirse, y que lo hizo para Su propio deleite. Tal doctrina es repulsiva y presenta a un Ser monstruoso que crearía personas solo para condenarlas al infierno. Pero ese es el dios del calvinismo, mientras que el Dios de la Biblia no se complace en la muerte de quienes no se vuelven a Él para vivir.”
En pocas palabras, el calvinismo enseña que una persona será salva o condenada por toda la eternidad… porque ya fue salva o condenada desde la eternidad. Tal enseñanza no es otra cosa que blasfemia, una injuria al carácter santo y amoroso del Todopoderoso.
Pero esto es lo que el calvinismo implica, y no hay escape lógico posible. Como protestó con elocuencia el piadoso evangelista y formador de discípulos John Wesley:
“Muéstrame una elección que no implique reprobación, y con gusto la abrazaré.”
Estoy de acuerdo con el señor Wesley: abrazaría gozoso la elección incondicional si de algún modo su implicación no fuera que los perdidos fueron simplemente “pasados por alto” o, peor aún, condenados al infierno por decreto eterno de Dios. Pero eso es imposible. La implicación será siempre esta:
Si los salvos van al cielo porque fueron elegidos, entonces los perdidos van al infierno porque no lo fueron.
No importa cómo se intente sumar, dos más dos siempre será cuatro. Decir que Dios es totalmente responsable de mi salvación, pero que no tiene responsabilidad alguna en la condenación de los demás, es intentar cuadrar círculos. No se puede creer en la elección incondicional sin también abrazar la reprobación incondicional. No hay escapatoria para el calvinista; es un dilema sin remedio.
5. El Problema de la Responsabilidad
Si la mayoría no elegida es completamente incapaz de aceptar a Cristo a menos que sea forzada a hacerlo por la “gracia irresistible” de Dios, entonces no puede ser vista como responsable de su pecado y desobediencia, ya que, por causa de su “depravación total”, no tiene en absoluto la capacidad de responder, pensar o escoger de otra manera que no sea en contra de Dios.
No podrían escoger a Cristo más de lo que los inquilinos condenados en mi historia podrían abrir las puertas cerradas desde afuera por aquel que decidió salvar solo a unos pocos.
Sostenerlos responsables y condenarlos en tal estado sería peor que azotar a un niño de cinco años por no poder levantar sacos de cien libras de cemento, o que matar a un caballo por querer comer pasto. Sería como odiar el agua por ser mojada, o el fuego por ser caliente. ¿Por qué derramar ira y castigo eterno sobre alguien que no tiene ninguna posibilidad de cambiar? ¡Qué terrible!
Esto no es lo que enseña la Biblia.
La verdadera razón de su condenación se resume en este pasaje:
“y con todo engaño de iniquidad en los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.”
— 2 Tesalonicenses 2:10-12 (RVR1960)
Me impacta la frase “para ser salvos.” La salvación, en efecto, estaba disponible para ellos. Dios quería salvarlos, pero la Escritura deja claro que Dios condena al pecador impenitente porque rechaza el Evangelio de salvación por su propia voluntad libre. Su ira se derrama contra toda impiedad, y Él hace responsables a las personas por elegir rebelarse y rechazar Su gracia.
Y nuevamente debemos preguntar:
“¿Por qué Dios condenaría eternamente a quienes no pudieron elegir otro camino?”
La respuesta: No lo hace, porque ellos son responsables ante Él y capaces de escoger su destino eterno. Sí, son verdaderamente respons-ables.
Por eso la doctrina del libre albedrío hace al hombre más culpable ante Dios, y más digno de castigo, que la soteriología del determinismo teísta.
Los deterministas intentan reconciliar esta contradicción alegando que los condenados sí tienen libre albedrío, porque eligen lo que desean en su rebelión. Llaman a esto compatibilismo. Pero el problema es que no tienen otra opción, porque Dios eligió no concederles la gracia regeneradora que les permitiría decidir de otro modo.
Es como decir que hubo elecciones libres en Cuba, aunque el único nombre en la papeleta fuera Fidel Castro.
Cuando no existe otra opción, eso no es libre albedrío, sino coerción forzada.
El libre albedrío implica que hay más de una opción posible.
¿Acaso Adán, Eva, Lucifer y un tercio de los ángeles no tuvieron la opción de obedecer o desobedecer? ¿O estaban todos, aun con una naturaleza perfecta y sin pecado, destinados a rebelarse y caer?
¿Cómo puede Dios ser moralmente “bueno” si condena a las personas por aquello que Él mismo ordenó que hicieran, y que no podían evitar?
¿Cómo pueden ser considerados responsables si no pudieron creer ni arrepentirse simplemente porque Dios decidió no concederles la gracia regeneradora que los habría salvado?
Una pregunta muy difícil para el calvinista… sin respuesta convincente.
6. El Problema del Amor, la Compasión y la Misericordia
La Biblia enseña que solo Dios es verdaderamente bueno. Esto significa que Él es justo, misericordioso, santo, verdadero y puro en un grado que supera toda comprensión humana.
Siendo Él mismo la medida de lo que es “bueno,” enseñar que Dios creó a la mayoría de los seres humanos para condenarlos eternamente “para su gloria” es contradecir directamente ese estándar. Crear seres racionales y vivos con el propósito de sufrir eternamente sería una maldad que supera todo lo que la humanidad ha visto. Si eso fuera cierto, entonces el estándar moral de Dios estaría por debajo de cualquier concepto humano de bondad — y por tanto no podría ser el estándar supremo.
La verdad es que Dios no se glorifica en la condenación eterna de las almas, sino en que se entregó a sí mismo hasta la muerte para salvarlas.
Dios no es glorificado a costa de su creación, sino en su asombroso sacrificio de amor para redimirla.
Ese amor es el que debe conmover nuestro corazón y llevarnos a adorar a nuestro Creador, Sustentador y Redentor. En eso consiste su gloria, no en la condenación de aquellos que no tuvieron opción alguna.
Incluso los seres humanos finitos y pecadores poseen cierto sentido de bondad. Y no conozco a nadie —salvo a quien ya haya sido adoctrinado por la lógica torcida del calvinismo— que pueda afirmar sinceramente que la doctrina de la reprobación refleja de algún modo la bondad de Dios.
El peor efecto de la doctrina del determinismo teísta es que distorsiona terriblemente la naturaleza y el carácter de un Dios perfecto, santo y amoroso. Si Dios escogió a tan pocos para salvación (comparativamente hablando, pues Jesús dijo que el camino es “angosto” y “pocos son los que la hallan”) y “reprobó” a la gran mayoría para perecer en sus pecados, negándoles la gracia que podría haberlos llevado al arrepentimiento, entonces ese dios sería un titiritero cruel, peor que el más malvado tirano de la historia.
Si posee el poder de regenerar a todos para fe salvadora, pero elige solo a unos pocos, dejando a los demás en su imposibilidad y condenación, ¿es este el Dios de justicia, misericordia y amor que la Biblia presenta?
Si lo fuera, tendríamos que preguntar: “¿Qué amor es este?” (ver el excelente libro de Dave Hunt con ese título).
Porque esta no es la clase de amor con la que un alma necesitada puede identificarse.
La Escritura declara:
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”
— 1 Juan 4:19 (RVR1960)
El calvinismo, sin embargo, enseña lo opuesto: que los no elegidos “le aborrecen, porque él los aborreció primero.”
Sí, según esta terrible doctrina, Dios realmente odia a quienes decidió no regenerar, aunque ellos no pueden ser ni hacer otra cosa que lo que son.
Esto no refleja la bondad ni el amor del Dios de la Biblia. Por más que se intente torcer, esa es la dura realidad de la teología reformada. No es amor, sino una perversión de su significado. Después de todo, “amor” al revés se lee E.V.O.L., y la representación invertida de Dios en el calvinismo es exactamente eso: algo maligno.
Podemos compararlo con algunas referencias de la cultura popular.
En la película Avengers: Infinity War, el villano Thanos dice:
“Con las seis gemas podría chasquear los dedos, todos dejarían de existir… y a eso lo llamo misericordia.”
Aun los calvinistas reconocerían que Thanos es malvado, y que su “misericordia” es en realidad crueldad. Sin embargo, esa lógica es muy parecida a la del “dios” del calvinismo.
Si Dios es verdaderamente bueno y misericordioso, no podría crear seres humanos para condenarlos eternamente, y mucho menos para “ser glorificado” por ello.
Otro ejemplo: en la película infantil Los Increíbles, el villano Síndrome crea un robot destructor para devastar una ciudad, solo para luego aparecer y fingir ser el héroe al “derrotar” a la criatura que él mismo fabricó. Así busca gloria y admiración.
El dios del calvinismo, al decretar que la gente sea mala y luego condenarles para “glorificarse,” sería un villano aún peor que Thanos o Síndrome.
Curiosamente, los hombres tienden más al calvinismo que las mujeres. Probablemente porque muchas mujeres tienen un sentido natural de compasión y ternura que no puede aceptar la idea de que Dios no ame a todos, ni extienda Su gracia a todos. Son muchas las historias de esposas cristianas que, tras ver a sus maridos volverse calvinistas, no logran unirse a esa creencia por más que lo deseen, porque su corazón no puede aceptar un dios que condena a la mayoría sin darles oportunidad de salvación.
Y en verdad, ¿cómo podría alguien con un sentido sano de compasión o justicia aceptar que Dios predestinó a la mayoría a pecar, les negó la posibilidad de arrepentirse, y luego los condenó por lo que Él mismo decretó que hicieran?
Tal pensamiento es contrario a toda noción humana de amor o justicia — y aún más, contrario a la divina.
La Palabra de Dios declara:
“El peso falso es abominación a Jehová; mas la pesa cabal le agrada.”
— Proverbios 11:1 (RVR1960)
“Porque no hay acepción de personas para con Dios.”
— Romanos 2:11 (RVR1960)
¿Cómo encajan estos versículos con el pensamiento calvinista?
Respuesta: no encajan
7. El Problema del Hipócrita
Que Dios nos mande a ti y a mí, como seres humanos, a ser misericordiosos, justos, amar y perdonar a nuestros enemigos, pero que luego Él, según esta teología, haga exactamente lo contrario, no es menos que la misma definición de hipocresía. Dios me manda a amar a todos, aun a los perdidos. Pero, según el calvinismo, Dios odia a los perdidos. ¿Por qué habría Dios de ordenarme amar a alguien más de lo que Él mismo le ama? Tal contradicción sería una hipocresía imposible de reconciliar.
Condenar desde la eternidad a los mismos seres que Él creó, por algo que ellos mismos no tienen poder de cambiar, es, por decir lo menos, desconcertante. Pero, una vez más, el calvinismo es desconcertante, y convierte al universo en el espectáculo final de marionetas y en una convención de autómatas.
Siguiendo el mismo paradigma que presenta el calvinismo: que Dios “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30), pero al mismo tiempo les niega la gracia necesaria para obedecer ese mandato, crea otra inconsistencia y contradicción de proporciones épicas, completamente irreconciliable.
Como ya se ha mostrado, decir que los salvos no tienen parte alguna en su salvación, y a la vez afirmar que los perdidos son plenamente responsables de su condenación, crea una contradicción moral y lógica que no puede reconciliarse sin caer en una lógica que acepta que dos más dos es igual a cinco.
No se puede tener ambas cosas. Si el hombre es moralmente responsable de su pecado y de su rechazo de Cristo, es porque también existe la verdadera opción de rendirse al llamado de Dios, arrepentirse, creer y ser salvo. Una vez más, la única conclusión justa es que, si el hombre es responsable de rechazar la gracia de Dios, también es responsable de recibirla.
Aquí, el calvinista usualmente responde: “¡Es un misterio!”. A lo cual debemos replicar: “Lo que tú llamas misterio, no es más que una contradicción absoluta.” El Dios de la Biblia no hace nada basado en hipocresía ni contradicción.
Decir que Dios es injusto o hipócrita es impensable, porque Él no lo es. Pero esta teología errada hace precisamente eso: retrata a Dios como un hipócrita. Una vez más, el calvinismo afirma el mandamiento de Cristo a nosotros de amar a todas las personas, tratarles con justicia y aun perdonar a nuestros enemigos. Pero luego declara —increíblemente— que Dios mismo no hace eso, al crear intencionalmente a ciertos individuos con el único propósito de condenarlos al tormento eterno, sin posibilidad alguna de salvación.
Al hacer esto, Dios estaría sujetando al hombre a un estándar más alto que el que Él mismo sigue. Esto no puede ser cierto, porque no hay estándar más alto que Dios mismo. Él no es, ni jamás será, un hipócrita. No podría entonces llamarnos a reflejar Su imagen ni a ser santos como Él es santo, porque tal ejemplo estaría lejos de ser santo. Sería, una vez más, hipocresía, y Dios no es un hipócrita.
La naturaleza del Dios del calvinismo es contradictoria con la naturaleza del Dios de la Biblia, la cual declara: “Dios es amor” (1 Juan 4:8).
Su amor es universal, pues ama a todo el mundo y a todos los “todo aquel” del mundo (Juan 3:16).
Sostener una teología que dice que Dios “amó tanto al mundo” (es decir, a todos), automáticamente invalida la doctrina horrenda de la reprobación calvinista.
Como expresó otro autor, Daniel Merrit:
“Objeción tengo contra el calvinismo, porque significa que Dios decreta que las personas hagan aquello que Él prohíbe — crea personas para violar Sus mandamientos, y luego las condena por violar lo que Él mismo las creó para hacer. No hay contradicción en la naturaleza de Dios. Su santidad no le permite violar Su propia naturaleza justa y perfecta, porque hacerlo tornaría Su santidad en algo menos que santo.”
8. El problema de la gloria
El motivo de este escrito no es otro que el anhelo de ver a Dios glorificado por medio de la proclamación de la verdad. Sin embargo, aunque la teología “reformada” proclama poner un gran énfasis en la gloria de Dios, en realidad hace exactamente lo contrario: presenta al Dios de la Biblia como un tirano injusto que condena incontables almas a una eternidad perdida, sin esperanza alguna de salvación, y todo “para su placer”.
Ya he señalado que Dios no tiene placer en la muerte ni en la condenación del impío, como está escrito:
“Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva.”
(Ezequiel 33:11)
Esta doctrina también presenta a un Dios que decreta el mal y que ha ordenado toda obra inicua jamás cometida. Tal enseñanza, lejos de glorificar o honrar a Dios, le deshonra profundamente. ¿Cómo podría decirse que Dios es honrado o glorificado al crear la mayoría de las almas humanas con el propósito expreso de destruirlas eternamente, y escoger salvar solo a unos pocos? ¡No, no, mil veces no!
Las Escrituras, la razón, y aun el más pequeño sentido de justicia y compasión, testifican unánimemente que Dios no es glorificado al expensas de su creación, sino al expensas de sí mismo por amor a su creación. No se glorifica al crear a millones para la condenación, sino al entregar su propia vida para su salvación.
La verdadera gloria de Dios resplandece en la cruz del Calvario, donde el Hijo eterno se ofreció a sí mismo por amor al mundo. Él fue glorificado no al destruir, sino al redimir. Por eso podemos decir con el apóstol Juan:
“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.”
(1 Juan 4:9)
Y en el cántico eterno de los redimidos resonará por los siglos de los siglos:
“¡Digno es el Cordero que fue inmolado!”
(Apocalipsis 5:12)
Sí, el mensaje contundente de toda la Biblia es este: Dios es glorificado no por la condenación de su creación, sino por el sacrificio de sí mismo en favor de ella. La teología determinista, al afirmar lo contrario, oscurece su gloria y tergiversa su carácter santo y amoroso.
9. El problema de que Dios sea el autor del mal
La base de casi todo pensamiento reformado y calvinista se halla en la Confesión de Fe de Westminster (1646), la cual declara:
“Dios, desde toda la eternidad, por el más sabio y santo consejo de su propia voluntad, ordenó libre e inmutablemente todo cuanto acontece.”
(Capítulo III, Sección I)
Según esta declaración, todo cuanto acontece —sea bueno o malo— fue ordenado por Dios. Las implicaciones de semejante afirmación son verdaderamente horrendas, pues equivaldría a decir que Dios no solo permitió, sino que decretó todo pecado, asesinato, violación y sufrimiento humano.
Aunque algunos calvinistas intentan suavizar tal conclusión, esta es la consecuencia inevitable de su sistema teológico. Juan Calvino mismo lo enseñó, y rechazarlo es apartarse del determinismo que constituye el corazón de su doctrina.
Pero ¿qué dice la Escritura?
Veamos el testimonio de Dios mismo:
“Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él incienso a dioses ajenos… y llenaron este lugar de sangre de inocentes; y edificaron los altos de Baal para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos a Baal; lo cual no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.”
(Jeremías 19:4-5)
Dios declara claramente que tales atrocidades no las mandó, ni las habló, ni siquiera vinieron a su pensamiento. Esto, por sí solo, refuta la idea de que todo cuanto acontece fue decretado por Él.
De hecho, afirmar que Dios decretó el mal es convertirle en el autor del pecado y contradecir su misma naturaleza. El apóstol Santiago confirma esta verdad diciendo:
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.”
(Santiago 1:13-17)
De modo que Dios no tienta a nadie al mal, ni es causa de pecado en hombre alguno. Él es el Padre de las luces, no el origen de la oscuridad.
Por el contrario, Dios permite que existan pruebas —no para inducir al mal, sino para fortalecer y purificar la fe—. El apóstol Pablo lo reafirma:
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”
(1 Corintios 10:13)
Es claro, pues, que el deseo de Dios es que el hombre venza la tentación, no que caiga en ella. Si alguien peca, no puede decir que fue la voluntad de Dios, sino solo la suya propia.
Sin embargo, la lógica calvinista exigiría concluir que Dios fue quien causó la caída del hombre en el Edén. Si tal fuera el caso, no deberíamos llamarlo “la Caída”, sino “el Empujón”.
¿No es, entonces, mucho más sencillo creer lo que dice la Biblia, antes que defender una teología que resulta indefendible?
Si en verdad Dios “ordenó todo cuanto acontece”, entonces nadie sería responsable de nada; seríamos meros títeres en las manos de un titiritero, o simples muñecos que repiten las palabras puestas en sus bocas por el ventrílocuo celestial.
Y si así fuera, en el relato del Edén deberíamos añadir un eslabón más a la cadena de excusas:
Dios pregunta:
“¿Qué es esto que has hecho?”
El hombre responde: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.”
La mujer responde: “La serpiente me engañó, y comí.”
Pero según el determinismo reformado, la serpiente podría replicar: “¡Tú me ordenaste engañar a la mujer!”
De ser así, la frase moderna no sería “el diablo me hizo hacerlo”, sino “Dios me hizo hacerlo”.
Tal conclusión no solo es absurda, sino blasfema, pues convierte al Dios santo en autor del mal. La verdad bíblica, en cambio, es sencilla y gloriosa: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él (1 Juan 1:5).
Si un ministro reformado que abraza esta doctrina tan horrenda fuese verdaderamente honesto, entonces, al intentar consolar a unos padres devastados tras la pérdida de su hijo asesinado a sangre fría, tendría que decirles:
“Bueno, al menos descansen en el hecho de que Dios decretó desde la eternidad que su hijo fuese asesinado. El homicida solo estaba cumpliendo las órdenes divinas.”
O imaginemos el caso de una joven víctima de violación. Si el ministro calvinista fuese consecuente con su creencia, tendría que decirle:
“No te sientas tan mal, querida; esta violación fue ordenada por Dios para que ocurriera. Era Su voluntad, y tu agresor solo estaba siguiendo Su plan sin saberlo. Deberías alegrarte, pues la voluntad de Dios se cumplió.”
Por supuesto, ningún ministro calvinista, por más radical o “determinista” que sea, se atrevería jamás a pronunciar tales palabras frente al dolor humano. Pero precisamente esto demuestra cuán repulsiva es esta doctrina y cuán deshonesta resulta en su aplicación práctica.
Si Dios decreta todo cuanto acontece, incluyendo el mal, ¿cómo podría jamás ser digno de confianza o de amor genuino? ¿Cómo podríamos imitarle? ¿Cómo podríamos obedecer el mandato bíblico de “sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16), si esta enseñanza lo presenta como todo menos santo?
Quizás sea útil ofrecer aquí una breve explicación de por qué existe el mal, vista desde la perspectiva del libre albedrío o provisionismo libertario. Ciertamente, se podría escribir un libro entero sobre ello, y tal vez aún no tengamos respuesta a todas las preguntas, pero en resumen:
Dios permite el pecado y el mal porque éstos son, por defecto, una posible reacción de las criaturas ante Su autoridad, Su ley y Sus mandamientos. Por esta razón los ángeles fueron expulsados del cielo, y la primera pareja fue echada del Edén. El Todopoderoso otorgó tanto a los ángeles como a los seres humanos el don del libre albedrío: la capacidad de elegir confiar y obedecerle… o rechazarle.
Para que exista una elección libre hacia el bien, también debe existir la posibilidad de escoger el mal. Lucifer tuvo esa elección. Adán tuvo esa elección. Caín tuvo esa elección. Tú y yo tenemos esa elección.
Si Dios solo permitiese la opción correcta y no la incorrecta, entonces las criaturas hechas a Su imagen no serían seres libres, sino autómatas con una “inteligencia divina programada.” Seríamos marionetas movidas por cuerdas invisibles, o simples computadoras que solo muestran en pantalla lo que se les ha codificado. Pero esto no sería amor, y el amor verdadero es precisamente la esencia del carácter de Dios.
Además, si Dios interviniera constantemente para impedir todo acto de rebelión (es decir, todo pecado), jamás podríamos ver las consecuencias reales de tales decisiones —que siempre son sufrimiento y muerte.
Como ya se ha mencionado, Dios no decreta que pequemos, pero sí desea que veamos los resultados terribles de desobedecerle. ¿Por qué? Para que en la eternidad el problema del pecado y la rebelión no vuelva a surgir jamás. Por eso, como dice el apóstol Pablo:
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.”
(2 Corintios 4:17, RVR1960)
Esta es la razón por la que el Señor permite que sigamos viviendo en un mundo de dolor y pecado: está formando un pueblo para Sí mismo, preparado para la eternidad.
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo.”
(Romanos 8:29, RVR1960)
Este versículo —uno de los más citados por los calvinistas— en realidad enseña que el propósito de Dios va mucho más allá de llevar almas al cielo: es transformarlas a la semejanza de Cristo. De esto hablaremos más adelante.
Por supuesto, no toda pregunta del “¿por qué pasó esto?” puede ser respondida o entendida en esta vida. Dios dedicó cuatro capítulos enteros en Su respuesta a Job, y aun así nunca le explicó “el porqué” de su sufrimiento.
Sin embargo, el Señor nos pide confiar en Él y mantener una perspectiva eterna. Quizás un día, en la gloria, entenderemos el propósito detrás de cada dolor, pero mientras tanto, que Jesucristo sea nuestra sabiduría.
“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.”
(1 Corintios 1:30, RVR1960)
Como dice el antiguo himno: “No necesitas entender, solo necesitas tomar su mano.” Recordemos que Dios revela Su verdad a los humildes, no siempre a los sabios y entendidos.
Hay mucho más que podría decirse sobre este tema, pero baste esto por ahora, mientras pasamos al siguiente gran problema que presenta el calvinismo.
10. 10. El Problema del Engaño Oculto
Una vez más, lejos de mostrar al mundo el carácter amoroso y justo de Dios, el calvinismo presenta a un dios injusto y completamente hipócrita: un ejemplo clásico de “haz lo que digo, no lo que hago.” Ya hemos hablado del problema de la hipocresía, y esto nos lleva a una inconsistencia moral de proporciones épicas que debe ser ocultada por los defensores del calvinismo, lo cual solo sirve para confundir y alejar a las personas del cristianismo. Es difícil evangelizar a los perdidos mientras se les presenta a un dios así. A menos, claro está, que uno decida no decirles la verdad y hacerles asumir que Dios ama a todos y desea salvar a cada persona, como la Biblia lo da a entender. Pero, para el determinista, ¿no sería esto deshonesto?
Quizás por eso los calvinistas que realmente se toman el tiempo de evangelizar a los perdidos son tan cuidadosos de mantener en secreto lo que creen mientras hablan con los incrédulos acerca de la salvación. De hecho, ¡la mayoría de los predicadores reformados suenan muy parecidos a los predicadores del libre albedrío cuando comparten el Evangelio! Pero esto no es más que un engaño. Ocultar lo que uno realmente cree de las personas a las que intenta alcanzar no es una buena práctica, y es algo que muchas sectas heréticas también hacen.
Por esta razón, grupos como los mormones y los adventistas del séptimo día no son totalmente transparentes desde el principio con los posibles conversos acerca de todo lo que creen; simplemente porque tienen mucho que ocultar y saben que la persona huiría si se le presentara “todo el paquete” desde el inicio. Si tienes que esconder lo que crees, ¡quizás no deberías creerlo!
Por mi parte, no estoy dispuesto a hacerlo. Pongo todas mis cartas sobre la mesa desde el primer día cuando comparto las buenas nuevas con alguien. La teología provisionista no tiene necesidad de esconder nada en ningún momento. La verdad y la transparencia siempre son la mejor política.
Continuando con más de las conclusiones inevitables de la soteriología del determinismo fatalista…
11. El Problema de los niños
Si crees en la doctrina de la elección tal como la enseña el calvinismo, simplemente no podrías cantar con honestidad la preciosa canción de la Escuela Dominical:
“Cristo ama a los niñitos, todos los niños del mundo.
Rojos, amarillos, negros y blancos, todos son preciosos ante Él,
Cristo ama a los niñitos del mundo.”
¿Y por qué no podrías cantarla? Porque, según esa teología, Dios no ama a todos los niños del mundo en un sentido redentor. En ese aspecto, solo ama a los “elegidos”. No desea salvar a todos. Si realmente los amara, querría que todos estuvieran en el cielo, ¿verdad? Cualquier cosa menor que eso no sería amor. Si, según la definición calvinista, “amar” significa simplemente “hacer llover sobre justos e injustos”, debemos preguntarnos una vez más: “¿Qué clase de amor es este?” Ciertamente no un amor digno de admiración. Sería como darle una buena comida a un hombre mordido por una serpiente venenosa, mientras se le niega el antídoto que puede salvarle la vida.
Las implicaciones de esta doctrina, una vez más, son terribles. Los padres calvinistas no pueden mirar a su recién nacido y decir con sinceridad: “¡Dios quiere que nuestro bebé sea salvo por toda la eternidad!” Lamentablemente, se ven obligados a mirar a su pequeño y decir: “Esperamos que nuestro bebé esté entre los elegidos.” ¿Y cómo pueden saberlo? Tristemente, no pueden. (Quizás esto nos ayude a entender aún mejor por qué las mujeres, especialmente las madres, se rebelan ante la idea de la elección y la reprobación calvinista).
Y si ese pequeño muere, no tienen manera de tener la certeza de que volverán a ver a su hijo en el cielo, ya que nunca llegó a la edad en la que podía creer en Cristo. La mayoría de los calvinistas afirman con rapidez que la verdadera salvación implica regeneración, la cual —según ellos— produce arrepentimiento y fe en el Evangelio. Si esto fuera así, ¿cómo puede un bebé o un niño pequeño ser considerado “salvo”? Algunos dentro del campo reformado, como los luteranos conservadores, han propuesto que el bautismo infantil es la solución a este enigma: que todos los niños bautizados están entre los elegidos. Pero esto, por supuesto, convierte la ordenanza del bautismo en el medio de salvación, en lugar de la fe, lo que genera toda clase de problemas teológicos. Por esta razón, se ven forzados a mantener la práctica no bíblica del bautismo infantil, para poder ser coherentes con su teología y tener algún tipo de seguridad de que un niño pequeño irá al cielo y no al infierno si muere antes de alcanzar la edad de conciencia y razón. ¿Puedes ver los problemas e inconsistencias que esto crea? ¿No es mucho mejor simplemente creer las palabras de Jesús…?
“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de los cielos.”
— Mateo 19:14
Y también…
“Así no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños.”
— Mateo 18:14
Sí, así lo creo. Parte del enigma que toda la teología reformada enfrenta al tratar con los niños proviene de su entendimiento erróneo del pecado original. Todos los verdaderos cristianos creemos que el ser humano nace con una naturaleza pecaminosa, pero quienes sostienen el libre albedrío libertario creen que los niños pequeños viven bajo la gracia preveniente de Dios. En otras palabras, si mueren, van a la presencia de Cristo en el cielo. Esta convicción se deriva de las declaraciones de Cristo acerca de los niños, así como de otras afirmaciones suyas sobre el pecado, como por ejemplo:
“Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.”
— Juan 15:22
y también…
Jesús les dijo: “Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora decís: ‘Vemos’; por tanto, vuestro pecado permanece.”
— Juan 9:41
Estos versículos y otros muestran que la rendición de cuentas moral de la conciencia tiene mucho que ver con el juicio y la condenación eterna. Los niños pequeños, evidentemente, aún no son moralmente responsables de su pecado; lo mismo ocurre con los adultos con discapacidad mental severa, quienes también están bajo la gracia preveniente de Dios. No creemos que los seres humanos sean personalmente culpables del pecado de Adán, como muchos en el campo reformado enseñan; pero sí creemos que los efectos mortales y la naturaleza pecaminosa se transmiten a todo ser humano desde la concepción.
A menudo me pregunto cómo responde un ministro calvinista a las preguntas de una madre llorando que le pregunta si su hijo que murió estará en el cielo. Si él es honesto y fiel a su teología, solo puede responder que nadie lo sabe, pues es imposible determinar si ese niño estaba entre los elegidos. Pero si las probabilidades cuentan, la respuesta más probable sería un frío y cruel “no”. Qué escalofriante. Pero esa es la conclusión lógica, porque el calvinismo enseña que los bebés son “víboras en pañales”. ¿Puedes imaginarte sosteniendo a tu recién nacido y exclamando: “Tú, pequeño, eres culpable delante de Dios porque nuestro antepasado desobedeció al comer del fruto prohibido, y Dios ha atribuido también a ti ese pecado”? (A pesar de que la Biblia dice una y otra vez que los hijos no serán castigados por los pecados de los padres). Nuestra única esperanza, dirían, es que seas uno de los elegidos que Dios ha escogido para regenerar algún día, porque si mueres ahora, serás culpable del pecado de Adán, como si tú mismo hubieras comido de aquel fruto. Por supuesto, nadie diría esto literalmente sobre su hijo, pero es exactamente lo que la mayoría de los calvinistas creen. La mala teología conduce a malas conclusiones.
El determinismo teísta crea escenarios problemáticos incluso para los hijos mayores. Imagina el caso de unos padres cristianos que oran durante años por la salvación de su hijo o hija rebelde, quien finalmente muere en su incredulidad y desobediencia. Si el calvinismo fuera cierto, estos padres piadosos no podrían atribuir la condenación final de su amado hijo a su propia y constante negativa a recibir a Cristo, sino a Dios mismo, quien simplemente decidió no concederle la gracia regeneradora, a pesar de las súplicas de sus padres. Una vez más, ¡qué terrible! Si tales cosas fueran ciertas, debemos preguntar: ¿para qué orar por nuestros hijos, si todo ya está decidido?
Te diré por qué. Porque ese no es el Dios ni la fe que se presentan en la Biblia. La oración sí cambia las cosas y puede producir lo que no sucedería sin ella. Una vez más, los problemas que surgen de la doctrina del determinismo teísta son muchos. Y aquí hay otro más grande aún…
12. El Problema de la Evangelización
Aquel que cree en la elección divina y discriminatoria no puede predicar el Evangelio con total sinceridad ante un grupo numeroso y proclamar:
“¡Dios los ama a todos! ¡Sí, a ti, y a ti, y a ti, y a ti! Cristo murió por tus pecados —sí, los tuyos—. ¡Tú puedes ser salvo hoy si te arrepientes y crees en el Evangelio!”
¿Y por qué no puede predicar así? Porque, en realidad, estaría mintiendo al proclamar algo que contradice lo que realmente cree. Según su teología, Dios solo ama a algunos, ha elegido solo a algunos, y por tanto, solo algunos serán salvos —ciertamente no todos—. Si el calvinista fuera completamente honesto mientras predica al grupo, se vería obligado a decir algo como:
“Dios ama a algunos de ustedes, pero probablemente no a la mayoría. Cristo murió por algunos de ustedes, pero no por todos. Aquellos que fueron predestinados para salvación serán salvos. De hecho, ustedes no tienen elección personal en el asunto, ya que la gracia de Dios es irresistible. Si crees, es porque Dios te está obligando irresistiblemente a creer.”
Una vez más, ningún calvinista predicaría de esa manera, aunque eso es exactamente lo que cree, y es una lástima que rehúse predicar lo que realmente piensa. Como ya he señalado, eso es deshonesto. Yo, por mi parte, me niego a creer en una teología que no podría predicar públicamente con una conciencia limpia. Esta es otra de las razones por las cuales tuve que rechazar esa soteriología errónea.
Asimismo, cuando se trata de una conversación personal, el calvinista no puede evangelizar a un incrédulo con sinceridad y decirle:
“Amigo, Dios te ama, Cristo murió por ti, y Dios quiere que seas salvo.”
Para ser fiel a su sistema de creencias, solo podría decir: “Dios podría amarte, Cristo quizás murió por ti, y Dios tal vez quiere que seas salvo,” etc. Todo depende de una sola cosa: si la persona a quien se le comparte el Evangelio resulta ser o no una de los elegidos.
Esto no es lo que enseña la Escritura, y ciertamente no es la conclusión a la que llegamos cuando tomamos la Biblia al pie de la letra. Al creer simplemente lo que la Palabra enseña sobre la salvación, yo puedo decirle a alguien con gozo:
“Amigo, Dios te ama, ¡sí, a ti! Él dio a su único Hijo para morir por ti y desea que seas salvo.”
¡Qué gozo tan grande poder decir con honestidad esta maravillosa verdad! Quizás por eso la gran mayoría de las personas que vemos predicando en las calles y tocando puertas para compartir las Buenas Nuevas no son calvinistas, sino provisionistas del libre albedrío.
Es triste que el calvinista no pueda decirle al no salvo, con sinceridad, que Dios lo ama en un sentido redentor, o que Él desea que sea salvo para siempre, o que Cristo murió por él, por temor a mentirle, ya que tal persona podría no ser uno de los elegidos. Y, mirando el otro lado de la moneda, estarían diciendo la verdad la mayoría de las veces si dijeran:
“Dios no te ama, Cristo no murió por ti, y Dios no quiere que estés con Él en el cielo.”
¡Qué triste! Gracias a Dios que ya no soy calvinista, y que puedo predicar la verdad de Dios tal como se presenta en la Biblia, sabiendo que predico lo que verdaderamente creo y sin engañar a nadie.
13. El Problema de la Invitación
La doctrina de la elección discriminatoria convierte las invitaciones bíblicas de “todo aquel que quiera” en “yo escojo solo a unos pocos”, haciendo completamente inútil la preciosa oferta de salvación para todos que aparece repetidamente en la Biblia. Tal teología convierte esas invitaciones universales en una burla.
Piénsalo bien: ¿acaso la amorosa invitación de Dios a “todo aquel que quiera” significa realmente que está disponible solo para quienes han sido forzados a aceptarla mediante la gracia irresistible? Eso sería un doble estándar, una contradicción de términos, y no concuerda con el carácter perfecto, misericordioso, justo y amoroso de Dios que se revela en la Sagrada Escritura.
Además, tal enseñanza vuelve inútil el llamado de Dios al ser humano para que elija. Considera el poderoso mandato de elección que Dios da en su Palabra:
“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz y siguiéndole a Él; porque Él es tu vida, y la largura de tus días.”
— Deuteronomio 30:19-20
¿Cómo puede Dios llamar al hombre a “escoger la vida” o a “escoger hoy a quién serviréis” si sus decisiones ya fueron hechas de antemano por Aquel mismo que le manda escoger? Una vez más, esta enseñanza confusa hace una burla de la justicia de Dios y tergiversa Su santo y justo carácter.
¿Y qué decir de la hermosa invitación extendida al pecador en el último capítulo de la Biblia?
“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”
— Apocalipsis 22:17
¿Se supone que debemos creer que “el que quiera” realmente significa “todo aquel que fue elegido y atraído irresistiblemente”? ¡De ninguna manera! El término implica que está disponible para todos, que todos pueden venir, pero con una sola condición: que la persona quiera, que venga por decisión propia. Enseñar cualquier otra cosa es distorsionar y deshonrar una de las invitaciones más bellas y preciosas que Dios decidió colocar en los últimos versículos de Su Santo Libro.
14. El problema de la Gracia Evanescente
El calvinismo también lucha por explicar cómo podemos observar a una persona venir a Cristo, dar buen fruto (a veces durante años) y luego finalmente apartarse de la fe de manera permanente. El problema surge porque ellos creen que los elegidos perseverarán en la fe y en la obediencia, pero al mismo tiempo sostienen que nadie puede arrepentirse, creer o mostrar fruto espiritual sin la gracia de Dios. Esto produce una pregunta muy difícil para los calvinistas: ¿Qué sucede con aquellos que confiesan a Cristo, se arrepienten de su pecado, dan buen fruto, caminan en obediencia por un buen tiempo, pero más tarde se apartan de la fe? ¿Acaso Dios solo estaba jugando con ellos? ¿Fue realmente una obra del Espíritu Santo? El calvinista está obligado a decir “sí” a la pregunta, pero entonces debe explicar por qué Dios trataría a una persona de esa manera solo para dejarla perderse al final. Un verdadero dilema, sin duda.
Recuerdo en particular a un joven que vino a Cristo en nuestra iglesia cuando yo era pastor hace algunos años. Él se arrepintió completamente de su vida anterior de terrible pecado. Después de unos meses, comenzó a evangelizar a los perdidos. Después de un par de años incluso se convirtió en un líder espiritual. Era firme y daba verdadero fruto durante esos dos o tres años. Todo iba bien hasta que fue introducido a las llamadas “doctrinas de la gracia” y eventualmente abrazó por completo el calvinismo. A pesar de mis ruegos y mi apelación a las Escrituras, continuó en ese sistema de creencias. Pasó más tiempo y volvió a involucrarse en el pecado, y poco a poco terminó abandonando su fe en Cristo por completo. Hoy niega a Cristo y está incluso involucrado en prácticas ocultistas. Debo preguntar: “¿Cómo explican los calvinistas tales casos?” Calvino lo explicó con otra enseñanza espantosa que llamó gracia evanescente. Juan Calvino escribe en sus Institutos…
“La experiencia muestra que los réprobos a veces son afectados de una manera tan similar a los elegidos que, incluso a su propio juicio, no hay diferencia entre ellos. Por tanto, no es extraño que el Apóstol les atribuya un gusto por los dones celestiales, y que Cristo mismo les atribuya una fe temporal. No que realmente perciban el poder de la gracia espiritual y la luz segura de la fe; sino que el Señor, para convencerlos mejor y dejarlos sin excusa, infunde en sus mentes un sentido de bondad tal como puede ser sentido sin el Espíritu de adopción… hay una gran semejanza y afinidad entre los elegidos de Dios y aquellos que son impresionados por un tiempo con una fe pasajera… Con todo, se dice correctamente que los réprobos creen que Dios les es propicio, en la medida en que aceptan el don de la reconciliación, aunque confusamente y sin el debido discernimiento; no que sean partícipes de la misma fe o regeneración que los hijos de Dios, sino porque, bajo un velo de hipocresía, parecen tener un principio de fe en común con ellos. Ni siquiera niego que Dios ilumina su mente hasta cierto punto… no hay nada inconsistente en el hecho de que Él ilumine a algunos con un sentido presente de gracia, que después resulta ser evanescente.” (Institutos, 3.2.11)
Para ser fieles a la “P” del acrónimo TULIP, que representa la perseverancia de los santos, los calvinistas deben declarar que alguien como el joven de mi iglesia nunca fue realmente convertido y finalmente se perdió, ya que el regenerado siempre continuará en la fe hasta el fin. Esta es la enseñanza clara de los Sínodos y de los Institutos de Calvino. Pero si tal persona no estaba entre los verdaderamente elegidos, ¿cómo explicamos entonces el hecho de que vino a la fe en Cristo, se arrepintió y dio buen fruto espiritual por tanto tiempo? Después de todo, nadie puede venir a Cristo si el Padre no lo atrae (Jn 6:44), así que el Espíritu de Dios debió haber estado obrando en esa persona, ¿verdad? La Escritura también declara que “nadie puede llamar a Jesús Señor si no es por el Espíritu Santo” (1 Cor. 12:3), así que debo preguntar: ¿acaso Dios atrajo a tal persona hacia Sí mismo solo para luego desecharla? Esto fue un verdadero dilema incluso para el propio Calvino, pero en un intento de reconciliar la contradicción, surgió esta horrenda doctrina de la gracia evanescente.
Esta enseñanza deshonra a Dios al afirmar que el Señor sí atrae a una persona hacia Él, pero no hasta el punto de una regeneración y salvación verdaderas. Es básicamente un “casi, pero no del todo”. Él atrae al pecador por medio de Su gracia y Su Espíritu solo para rechazarlo al final, de modo que su condenación sea más completa. ¡Qué repulsivo! Esto podría compararse con darle una cucharada de agua a un hombre que muere de sed en el desierto solo para dejarlo perecer al negarle la cantidad suficiente del líquido vital que podría salvarlo. Parece impensable que Dios hiciera algo así, pero la gracia evanescente es la única forma en que pueden explicar el caso del creyente que vuelve a su vida de pecado e incredulidad. Una vez más, vemos cómo las conclusiones del calvinismo distorsionan gravemente el carácter de Dios.
Permítanme apelar al calvinista haciendo las siguientes preguntas…
Juan Calvino enseñó lo que se conoce como gracia evanescente (Institutos, 3.2.11). Calvino enseñó que Dios concede gracia a los réprobos (o no elegidos) e implanta en ellos una fe que es “tan similar a la de los elegidos” que a veces no hay prácticamente “ninguna diferencia” entre los elegidos y los no elegidos (énfasis mío, pero citado de los Institutos). Calvino además enseñó que “solo en los elegidos implanta la raíz viva de la fe, de modo que perseveran hasta el fin.” En otras palabras, la verdadera fe salvadora solo demuestra ser verdaderamente salvadora si persevera hasta el final.
A la luz de esto, ¿es posible que un calvinista tenga verdadera seguridad de salvación? ¿No socava esta doctrina los fundamentos bíblicos de la seguridad? ¿Cómo puede alguien saber que su fe presente es genuina, si la fe genuina solo demuestra ser genuina si persevera hasta el fin? Después de todo, Calvino enseñó que el efecto de la gracia que obra en los elegidos y en los réprobos puede ser casi indistinguible. Entonces, ¿cómo puede una persona estar segura de que el testimonio interior del Espíritu Santo no es una “operación inferior del Espíritu”, la cual “después resulta ser evanescente”, para “convencerlos mejor” y “dejarlos sin excusa”? ¿Puede una persona siquiera tener seguridad basándose en producir fruto, considerando que Calvino enseñó que los réprobos, por medio de la gracia evanescente, “pueden durante varios años… producir fruto”?
A la luz de la gracia evanescente, ningún creyente de la teología reformada puede tener jamás la seguridad de que está entre los verdaderamente elegidos y que finalmente será salvo, porque ¿cómo sabe que su fe perseverará hasta el fin? ¿Cómo sabe que no está simplemente bajo la ilusión de la gracia evanescente y solo cree que está entre los elegidos, pero en realidad, como tantos otros, no lo está? Tal dilema ha causado duda, ansiedad y temor en más de aquellos que se adhieren a las “doctrinas de la gracia” de lo que jamás sabremos. Quizás la teología de la elección determinista no sea tan “dulce” como una vez pensamos. Lo que sí es dulce, sin embargo, es la fe en que la salvación está en Cristo solamente: en su sangre, su justicia y su gracia. Pero nuestra seguridad de vida eterna se basa en la continuidad de esta fe, como declara la Biblia (1 Cor. 15:2; Col. 1:22-23), y no en un supuesto decreto electivo que se manifiesta en una fe forzada o en una incredulidad forzada.
15. El Problema del Punto de Partida: ¿Fe en Cristo Crucificado o en el Decreto Electivo de Dios?
Cuando lo pensamos bien, el determinismo teísta cambia las buenas nuevas de “¡Alabado sea Dios, Cristo murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna!” a… “¡Alabado sea Dios, soy uno de los elegidos!” (¿O lo soy realmente?). Esto pone la misma muerte y resurrección de Cristo en una posición subordinada a un decreto de predestinación. En el calvinismo, Cristo ya no es el punto de partida, el énfasis ni la causa de la salvación del hombre, sino simplemente un instrumento para llevar a cabo el verdadero origen y causa, que no es otro que el decreto electivo de Dios. El asunto ya no gira en torno a la fe y al arrepentimiento, sino a quién ha sido escogido y quién no. De hecho, el modus operandi y el origen de la salvación según el calvinismo no es la fe en Cristo solamente, sino el hecho de que “Dios me escogió en Él antes de la fundación del mundo.” Yo mismo noté esto cuando creía en la doctrina de la predestinación individual, y me preocupaba, porque sencillamente, esto no es lo que la Biblia enseña en ninguna parte. Nuestra esperanza, gozo y confianza están en Jesucristo solamente, no en un decreto de elección.
Es interesante notar que para el provisionista, todos los hombres y mujeres están perdidos y en camino al infierno, y por esta razón Cristo vino y murió para redimirlos a todos. Sin embargo, según el calvinismo, aquellos que están entre los elegidos nunca estuvieron realmente perdidos, ya que fueron escogidos para salvación desde toda la eternidad. Nunca hubo un momento en el que realmente pudieran ser llamados “perdidos.” Como ya he mencionado, para ellos, el factor determinante en la salvación es la elección discriminatoria de Dios, no la fe en Cristo crucificado por los pecados. El decreto electivo de Dios es el agente activo y el fundamento, no la fe en el Evangelio de Cristo. Por lo tanto, la conclusión natural para el calvinista es (aunque sea de manera subconsciente) que la cruz ocupa un papel menor, aunque necesario, para hacer que la salvación sea eficaz. Por otro lado, el provisionista que cree en el libre albedrío sostiene que la fe en Cristo crucificado por los pecadores es el único fundamento y agente activo en la salvación del hombre, porque esto es lo que la Escritura enseña claramente.
Es cierto que existen diferentes versiones de la teología reformada, y muchos calvinistas suelen decir: “¡Pero es que no entiendes el calvinismo!” o que “lo estás malinterpretando.” No creo haber hecho eso aquí, sino que simplemente he presentado la forma más pura de la doctrina tal como la enseñó el reformador francés en sus reconocidas Institutas de la Religión Cristiana. Estas son las conclusiones a las que yo, y muchos otros, hemos llegado, y no porque no entendamos la doctrina, sino precisamente porque sí la entendemos. Y si, por casualidad, la estamos entendiendo mal, entonces debe hacerse la pregunta: ¿por qué haría Dios algo tan importante y esencial tan difícil de comprender, incluso para (como admiten los calvinistas) la mayoría de los cristianos? Un verdadero problema, sin duda, para quienes abrazan esta teología tan confusa.
Aún estamos lejos de terminar, pero ya hemos llegado a la mitad del camino. Los problemas con el calvinismo, el determinismo y la teología reformada continúan…
16. El Problema del “Robot”
El calvinismo implica que la respuesta del ser humano hacia Dios y su amor por Él son forzados, coaccionados, y nada menos que el resultado de un tipo de programación, como la de una computadora o un robot. Una vez más, esto no es lo que enseña la Biblia. Ella enseña que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza (Imago Dei). Ninguna otra criatura fue hecha a Su imagen. Ninguna otra forma de vida, aparte de la humanidad y los ángeles, tiene siquiera el concepto más mínimo de la Deidad. ¿Y por qué creó Dios a estos seres tan especiales que poseen la asombrosa capacidad de disfrutar una relación con Él? En efecto, concuerdo con los calvinistas en que fuimos creados para “glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre”, pero creo que el tener y disfrutar de esta relación es parte de esa gloria.
La Santa Escritura nos dice que Dios es amor. Nótese que no dice que Dios simplemente es amoroso, sino que Él es amor en sí mismo. ¿Y cómo se define el verdadero amor en la Escritura? Es el deseo genuino y libre de buscar el bien eterno del otro, aun hasta el punto del autosacrificio. Esto es precisamente lo que observamos cuando Dios se dio a Sí mismo, enviando voluntariamente a Su Hijo para morir en nuestro lugar. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito…” Si el amor de Dios se manifiesta por Su libre voluntad hacia el hombre, ¿no se manifestará también el amor y la respuesta del hombre hacia Dios de la misma manera—por su libre albedrío? Aquello que debe ser coaccionado, forzado o programado no puede llamarse “amor” bíblico en ningún sentido del término. El amor debe ser libre o no es amor.
Por eso mi corazón se regocijó cuando mi esposa aceptó casarse conmigo, porque no tenía que hacerlo. Supe que me amaba y que quería pasar el resto de su vida conmigo por su respuesta a mi propuesta, la cual no fue coaccionada de ninguna manera. También existía la otra opción para ella: decir… ¡no! El hecho de que dijera que sí significó que eligió libremente pasar el resto de su vida conmigo, ¡y es un amor que sigue existiendo aún hoy, casi treinta años después! Sí, el amor es algo maravilloso porque se basa en nada menos que el libre albedrío. Si mi esposa estuviera programada como un robot para amarme, ¿sería eso amor? ¿Se alegraría mi corazón de la misma manera en ella? Si el amor proviene de cualquier otra base que no sea la libertad, simplemente no es amor. De ahí la razón por la cual una “esposa robot perfecta” nunca podrá ser como la real, aunque con la real exista la posibilidad del rechazo, las discusiones, la infidelidad, etc. Para que el amor exista, también debe existir la otra opción: la posibilidad de no amar.
Ahora quizá se entienda mejor por qué Dios hizo seres capaces de amarlo o de no amarlo. No se puede tener uno sin la posibilidad del otro. Dios creó al hombre a Su imagen para tener una relación con él. Una relación verdadera jamás puede ser una automatización artificial ni una inteligencia artificial. Tomando esto en cuenta, resulta tan fácil de entender como el porqué un niño se alegra mucho más con un perrito real que con un perro de peluche, aunque este último no haga travesuras, no muerda el cuero fino ni cueste dinero mantenerlo.
17. El Problema de la “Depravación Total y la Regeneración Antes de la Fe”
En realidad, aquí estamos combinando dos problemas en uno. La ficha base en la torre de la teología reformada es la “T” del acrónimo T.U.L.I.P., que representa la doctrina calvinista de la Depravación Total, y si se quita esta ficha, toda la torre se derrumba. Por “depravación total,” la teología reformada realmente quiere decir “incapacidad total”, es decir, que todas las personas son completamente incapaces de creer en Cristo, arrepentirse o buscar a Dios, a menos que sean irresistiblemente regeneradas por Él primero. En otras palabras, la conversión y la salvación deben ocurrir antes de la fe, no después. Nótese que no hay ni un solo versículo bíblico que enseñe esto, y el calvinista celoso se ve obligado a recurrir al único argumento que puede presentar, a saber, que estábamos “muertos en delitos y pecados,” y que “los muertos no pueden hacer nada.” Ese argumento funcionaría si la Palabra de Dios apoyara tal premisa; sin embargo, la Biblia deja claro que estar “muerto” espiritualmente se refiere simplemente al estado de estar separado de Dios y condenado por el pecado, pero no a una incapacidad total.
El hijo pródigo fue descrito en la parábola por el padre como “muerto,” y sin embargo vemos que se arrepintió y volvió al padre (Lucas 15:32). La iglesia de Sardis fue descrita por Cristo así: “Tienes nombre de que vives, y estás muerta” (Apocalipsis 3:1). Luego, en el siguiente versículo, Él les exhorta: “Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir… arrepiéntete.” ¡Un mandato muy extraño si por “muerto” se entendiera incapacidad total! En ambos casos, “muerto” no significaba incapacidad, sino separación de Dios y falta de verdadera vida espiritual. Como cristianos, se nos dice que debemos “considerarnos muertos al pecado,” pero aún no he conocido a nadie que crea que este versículo significa que estamos tan muertos al pecado que somos incapaces de cometerlo, lo cual sería la conclusión lógica si “muerto” significara incapacidad total, como afirma el calvinismo.
Todos los seres humanos a lo largo de la historia han demostrado ser pecadores, pero también observamos que tienen un deseo innato de llenar el vacío profundo dentro de su alma. Dios creó al ser humano a Su imagen y para Sí mismo, y hasta que no esté lleno de la presencia de su Creador, ese vacío seguirá existiendo. Vemos cómo las sociedades marxistas han intentado erradicar a Dios de la mente y conciencia de sus ciudadanos, solo para descubrir que tales esfuerzos aumentan el deseo de buscar y conocer a Dios entre la población. Esto se debe a que el hombre, aun en su estado caído, fue creado en el Imago Dei, con conciencia del bien y del mal, y con un entendimiento natural e inherente del Dios Todopoderoso. Por eso, cuando “la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11), el ser humano es responsAble de rendirse o endurecer su corazón ante esa preciosa influencia celestial.
Esto es lo que implica Romanos capítulo 1, cuando el apóstol Pablo escribe:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa; pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido… Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia… Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.”
(Romanos 1:18–24, 28)
Todo el contexto del pasaje anterior contradice la definición calvinista de la depravación total como incapacidad total. El pasaje afirma que Dios responsabiliza al hombre por su rechazo hacia Él, porque no tenía que ser así. Es porque “no aprobaron tener en cuenta a Dios” que Él “los entregó a una mente reprobada.” Si ya estaban totalmente depravados desde el nacimiento, habría que preguntar por qué Dios tendría que hacer tal cosa, ya que supuestamente ya estaban en esa condición reprobada. ¿Cómo pudo “oscurecerse su necio corazón” si ya estaba completamente oscuro, como dice el calvinismo?
En el siguiente capítulo, Pablo repite la misma idea cuando dice:
“Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad; pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia…”
(Romanos 2:5–16)
Una vez más, el contexto del capítulo refuta completamente el concepto calvinista de depravación total. Pablo está hablando de la humanidad no convertida en general, y claramente declara que Dios los considera responsables, refiriéndose a su corazón duro e impenitente. También habla de quienes “buscan inmortalidad” y de la “obra de la ley escrita en sus corazones,” cosas que no tendrían sentido alguno si “muertos en delitos y pecados” significara incapacidad total.
Debemos hacer una pausa y preguntarnos: si la humanidad en general ya está tan muerta que responder a Dios es imposible, por qué diría 2 Tesalonicenses 2:10–12…?
“…porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.”
¿Por qué enviaría Dios un poder engañoso a personas que ya están tan depravadas que no pueden creer? ¿No estaban ya creyendo una mentira? ¿Acaso se le pone una venda a un hombre muerto? Una explicación mucho más coherente es que estas personas pudieron haber sido salvas, pero rechazaron la verdad hasta el punto de que Dios finalmente, como dice Romanos 1:28, “los entregó a una mente reprobada.” Dios es misericordioso, pero Su paciencia tiene límites, y cuando el hombre rechaza la influencia divina repetidamente, su corazón se endurece. Nótese: es el hombre quien endurece su corazón, no Dios.
Jesús también lo expresó claramente al explicar por qué hablaba en parábolas:
“Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y sus ojos han cerrado; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen.”
(Mateo 13:15–16)
Nótese que son las personas mismas quienes cerraron sus ojos y engrosaron su corazón. Su dureza fue el resultado de un rechazo gradual de la verdad, lo cual implica que antes no estaban completamente ciegos ni sordos. Jesús habla en parábolas “para que no se conviertan,” lo que no tendría sentido si ya fueran totalmente incapaces de hacerlo.
Ahora consideremos la premisa calvinista de que la regeneración debe preceder a la fe. Como ya se mencionó, no existe ni un solo versículo en toda la Biblia que enseñe esto; sin embargo, hay muchos que enseñan claramente que la fe precede a la regeneración. Algunos ejemplos:
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.”
(Efesios 1:13)
Nótese el orden: primero creer, luego ser sellados.
“…habiendo sido sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.”
(Colosenses 2:12)
¿Cómo fuimos resucitados con Él? Mediante la fe. Una vez más, la fe precede a la regeneración.
“Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna.”
(1 Timoteo 1:16)
Pablo dice que creer viene antes de recibir la vida eterna, no después.
“Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.”
(Gálatas 3:26)
¿Cómo llegamos a ser hijos de Dios? Por la fe en Cristo. Ningún versículo enseña que somos regenerados primero para poder creer.
“Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.”
(Juan 5:40)
Jesús deja claro que la vida viene después de venir a Él, y revela que la razón por la cual las personas no son salvas no es un decreto divino, sino su negativa voluntaria a venir a Él.
“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.”
(Juan 20:31)
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”
(Juan 1:12)
En ambos textos, la vida y la filiación divina vienen después de creer y recibir a Cristo, no antes.
La base del calvinismo se encuentra en la idea de que la regeneración debe preceder a la fe, puesto que el hombre es incapaz de creer sin la gracia irresistible de Dios. Si esta premisa falla, toda la teología se derrumba como un castillo de naipes. Pero, como hemos visto, la Biblia una y otra vez contradice este fundamento erróneo.
Hay mucho más que podría decirse sobre este tema, pero quizás ya sea momento de pasar a otro punto interesante.
18. El Problema del Diablo
Si la salvación y la condenación de toda la humanidad ya han sido determinadas por el decreto de Dios antes de la creación del mundo, ¿por qué habría de existir un ser que la Biblia llama Satanás? De hecho, si el calvinismo fuera cierto, entonces el enemigo caído y archirrival de Dios estaría sonriendo de oreja a oreja, puesto que la terrible obra de destrucción de almas ya habría sido realizada… no por él, sino por Dios mismo. En otras palabras, Dios sería el diablo detrás de Satanás. Esto no tiene ningún sentido y es completamente contradictorio, pero, una vez más, el calvinismo es un círculo cuadrado y un cuadrado circular.
Teniendo en cuenta este versículo:
“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”
(1 Pedro 5:8)
Uno podría preguntarse:
En cuanto a la advertencia del apóstol Pedro de ser sobrios, vigilantes y de resistir al diablo (1 Pedro 5:8–9), ¿es compatible la doctrina calvinista de la Perseverancia de los Santos (que implica “perseverancia inevitable,” “una vez salvo, siempre salvo,” y que si alguien apostata, “nunca fue salvo en primer lugar”) con la imagen de Satanás merodeando como un león rugiente, buscando a quien devorar? En otras palabras, ¿no sería inútil que Satanás intentara devorar a personas cuya salvación no puede estar jamás en peligro? Y aun si realmente lograra “devorar” a alguien, ¿no sería eso prueba irrefutable de que esa persona nunca fue salva para empezar, haciendo que el acto de devorar resulte completamente inútil?
Muy buena pregunta, sin duda. Pero, una vez más, esto no es lo que enseña la Biblia. Ella describe claramente al enemigo de las almas como aquel que ha…
“cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”
(2 Corintios 4:4)
Sí, la Palabra inerrante de Dios es clara: es el enemigo de las almas de los hombres quien busca robar, matar y destruir —no Dios. El Maligno procura arrebatar la semilla de la Palabra vivificadora cuando es sembrada en los corazones humanos. Él es el maestro del engaño, desde el Edén hasta Gog y Magog.
Si la teología reformada fuera cierta, habría que preguntar: ¿por qué Satanás se molestaría siquiera en realizar esta obra de maldad si Dios ya la ha hecho por él, condenando a la gran mayoría de las almas antes de que él tuviera siquiera oportunidad de engañarlas y devorarlas? Pero no es así, porque Satanás no es calvinista. Puede ser malvado, pero al menos sabe distinguir entre la teología verdadera y la falsa.
Por tanto, si el calvinismo fuera verdad, no habría necesidad del diablo, porque Dios estaría haciendo su trabajo perverso por él. En vez de decir “¡el diablo me hizo hacerlo!”, la gente podría decir “¡Dios me hizo hacerlo!”
Piénsalo bien.
19. El Problema de los Padres de la Iglesia
También debe observarse cuidadosamente que no encontramos absolutamente ninguna mención del concepto de determinismo o de salvación mediante un decreto electivo discriminatorio de Dios durante los primeros cuatro siglos de la historia de la Iglesia. Lo que sí encontramos durante este tiempo es la doctrina del libre albedrío y la salvación por medio de la fe en Cristo. Los escritos de los primeros padres de la Iglesia no son autoritativos en un sentido infalible, pero sí arrojan mucha luz respecto a lo que los primeros cristianos creían y practicaban. Nada que se asemeje siquiera al concepto del determinismo teísta puede hallarse en los escritos de…
Ireneo,
Clemente de Roma,
Ignacio,
Justino Mártir,
Tertuliano,
Atanasio,
y todos los demás pertenecientes a la antigüedad cristiana primitiva.
De hecho, ninguno de los escritos de los primeros cuatro siglos refleja el concepto de predestinación determinista hasta comienzos del siglo V, donde finalmente encontramos la idea en los escritos de Agustín de Hipona, quien se convirtió en el favorito de Juan Calvino mil cien años más tarde, citándolo constantemente en sus Institutos de la Religión Cristiana. Por esta razón, creo que el calvinismo es, en realidad, un nombre erróneo. Debería llamarse agustinismo, ya que Juan Calvino simplemente regurgitó sus ideas más de un milenio después de su muerte.
También debe notarse que Agustín, antes de convertirse al cristianismo, fue parte de la religión maniquea, que era una rama de la antigua herejía del gnosticismo. Ambas filosofías sostenían un concepto de determinismo fatalista de manera muy similar al calvinismo moderno. No es sorprendente que Agustín importara esas creencias a sus escritos como cristiano durante sus debates con Pelagio. De hecho, no se encuentra mención alguna del determinismo teísta en los escritos de Agustín hasta esos debates con Pelagio, quien ha sido muy difamado y se ha convertido en el actual “muñeco de paja” y “hombre del saco” del calvinismo. Si un calvinista quiere desviar una pregunta o escapar de una respuesta que no puede dar, lo único que tiene que hacer es acusar a su oponente de ser “pelagiano.”
También resulta bastante extraño que Calvino mirara a Agustín como su mentor —un hombre que luchó por la supremacía de la Iglesia Católica Romana, el papado, la regeneración bautismal de los infantes y muchas otras doctrinas erróneas.
Además, es importante entender que el concepto de determinismo teísta jamás fue parte del pensamiento judío del Antiguo Testamento antes de Cristo, ni lo es hoy entre los judíos conservadores u ortodoxos. En cambio, el concepto de libre albedrío y responsabilidad personal sí lo era —y sigue siendo— casi universalmente aceptado entre estos grupos. El hecho de que el concepto de elección y reprobación divina arbitraria no se encuentre en el pensamiento religioso judío ni en los escritos de la iglesia primitiva es de suma importancia al considerar este tema.
20. El Problema del Entorno
Parece evidente que hay más factores en juego en la salvación de hombres y mujeres que un simple decreto arbitrario de Dios, porque si la salvación fuera por un decreto discriminatorio divino, parecería que ciertos grupos de personas —e incluso ciertos tonos de piel— tienen mucha más probabilidad de “estar entre los elegidos” que otros. El entorno es claramente un factor importante.
Desde una perspectiva calvinista, parece que las probabilidades de ser uno de “los elegidos” son mucho mayores si uno nace en cierto lugar o incluso en cierto tiempo histórico. La posibilidad de estar entre los escogidos de Dios aumenta exponencialmente si uno nace en una familia compuesta por padres cristianos y piadosos. Compárese esto con la probabilidad de un niño que nace de padres incrédulos, o de una madre soltera que vive en una pobreza extrema rodeada de cultura de pandillas, o de un bebé que nace en un lugar donde reinan el paganismo más oscuro, la falsa religión o el ateísmo.
No se quiere decir que sea imposible, pues Cristo puede redimir a cualquiera, incluso a quienes están atados en los calabozos más profundos del pecado y el engaño. Pero afirmar que es mucho, muchísimo más probable que un niño llegue a ser creyente en Cristo cuando es criado en un ambiente de amor y verdad piadosa es tan claro que no necesita mayor argumento.
Un joven hizo una observación interesante al preguntarle a su pastor calvinista sobre este tema en particular:
“Le pregunté: ‘¿No es extraño que los niños criados en la fe, tanto en la iglesia como en el hogar, tengan una probabilidad mucho mayor de ser elegidos arbitrariamente por Dios para salvación?’”
Mi pastor calvinista, en efecto, tartamudeó y se mostró visiblemente incómodo. No tuvo una respuesta segura, porque él mismo ha visto que los hijos criados en la fe con frecuencia adoptan al Dios de sus padres.
Sí, en verdad es evidente que los factores que determinan la salvación son mucho más que un decreto divino al azar. Pero el hecho es que sí existe un decreto de Dios: Él ha decretado y predestinado que todos los que crean en su Hijo sean salvos, y es su deseo que todos sean salvos y que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9).
Por supuesto, no todos serán salvos, porque la mayoría elegirá rechazar el Evangelio. Pero la oferta está abierta para todos. Si la salvación de una persona dependiera de un decreto arbitrario de Dios que no se extiende a todos, entonces parecería que Dios es racista y parcial, ya que observamos que las personas nacidas en ciertos grupos étnicos y regiones geográficas son mucho más propensas a llegar a ser creyentes en Jesús que en otras.
21. El Problema de “Nadie Llega a Esta Conclusión por Sí Mismo”
Sí, en efecto, prácticamente nadie llega por sí mismo a las conclusiones del TULIP por medio de un estudio orante y personal de la Biblia. No es sino hasta que alguien viene de afuera a enseñar estas doctrinas que son consideradas y finalmente aceptadas. Lo mismo puede decirse de casi todas las demás falsas doctrinas, tales como el modalismo, el evangelio de la prosperidad, el sabatarianismo, la hipergracia, la simiente de la serpiente, el preterismo, etc. Tales conclusiones nunca provienen de un estudio objetivo y personal de la Palabra de Dios, sino casi siempre de la influencia externa de algún autor o maestro. Creo que si no fuera por los populares maestros calvinistas de hoy, con sus libros y programas en los medios, esta doctrina sería prácticamente inexistente, ya que la Biblia por sí sola jamás llevaría a un buscador honesto de la verdad a llegar a tal conclusión. Dale una Biblia a un nuevo creyente, ponlo en una isla durante cinco años con nada más que leerla y orar, y no llegará por sí mismo a creer en el calvinismo o en las llamadas “doctrinas de la gracia”. Esto, por sí solo, es evidencia de que dicha doctrina no puede ser verdadera, porque Dios nunca habría empaquetado Su verdad de tal manera que solo pudiera ser entendida mediante un intermediario humano. La verdad de Dios puede discernirse directamente de Él mismo en Su Palabra. Todo lo que se necesita es un corazón sincero, oración y dependencia del Espíritu Santo.
Una vez más, quisiera ampliar mi experiencia personal en este asunto. Cuando vine a Cristo por primera vez, tenía un profundo anhelo por la Palabra de Dios. Estudiaba la Biblia varias horas al día, todos los días. Subrayaba los versículos en amarillo, los copiaba, meditaba en ellos y los memorizaba. Me tomó seis meses estudiar lenta pero completamente los sesenta y seis libros de la Biblia. Luego la volví a leer, esta vez subrayando en azul. Y una vez más, en rojo. Debe notarse que hice todo este estudio bíblico voraz sin ayuda de comentarios, libros teológicos ni maestros radiales durante el espacio de dos años completos. Quería asegurarme de estar tomando el texto tal como se presenta, practicando una exégesis adecuada. Deseaba que mi doctrina fuera extraída de la Escritura y estaba dispuesto a creer cualquier cosa, siempre que fuera verdadera y claramente enseñada en la Biblia. No tenía prejuicios, solo un deseo de verdad. Lo que no estaba dispuesto a hacer era eiségesis, que significa tomar una doctrina preconcebida e intentar “encajarla” en la Escritura. Esto es lo que hacen las sectas. No estaba dispuesto a forzar piezas redondas en agujeros cuadrados. Quería interpretar la Escritura tal como está escrita, tomando su significado literalmente, a menos que el contexto indicara lo contrario. Estudiaba cada día con mucha oración. Esta es la manera en que Dios desea que Su Palabra sea examinada.
Ahora viene lo sorprendente: mis conclusiones después de mis dos primeros años de investigación bíblica son básicamente las mismas conclusiones teológicas que sostengo hoy, después de treinta y siete años. ¿Por qué? Sencillamente porque estas conclusiones se derivan directamente de la Escritura, no de libros, comentarios, videos de YouTube ni teólogos eminentes. Sí, puedo decir con toda honestidad que Dios ama a todos, que Cristo murió por todos, que desea que todos sean salvos, y que todos pueden ser salvos si confían plenamente en Cristo como Salvador. Pero si no son salvos, no es culpa de Dios; ellos mismos serán los únicos responsables por rechazar una gracia que estaba libremente disponible y que pudieron haber recibido. Por eso los perdidos serán responsables en el día del juicio: ¡No tenía que ser así! Pudieron haberse rendido a Dios, arrepentirse y venir a Cristo, pero eligieron no hacerlo y endurecieron voluntariamente sus corazones. No tendrán excusa en el Día del Juicio. Estas son las conclusiones firmes y absolutas extraídas del pozo de Sola Scriptura. En otras palabras, dale una Biblia a un nuevo creyente sin prejuicios y, si es sincero y no tiene motivos ocultos, inevitablemente llegará a estas mismas conclusiones. La doctrina del determinismo teísta solo aparece después de haber sido convencido por una influencia externa. Muchas veces, el creyente sincero acepta esa creencia porque el “doctor fulano de tal” es muy estudioso y tiene muchos títulos, y piensa: “¿Cómo podría yo, un cristiano sencillo, saber más que él?”. Sin embargo, parece haber un patrón a lo largo de la historia: la verdad se discierne mediante la humildad y la dependencia de la dirección de Dios, no a través de los ilustres salones del aprendizaje humano, sea el Areópago o los modernos seminarios teológicos.
Debe notarse también que existen muchos teólogos muy preparados que son de teología y antropología de libre albedrío libertario. Pero, lamentablemente, la mayoría de los calvinistas cometen el error de crear una cámara de eco al rodearse únicamente de maestros, autores y teólogos de la persuasión reformada. En la mayoría de los casos, ni siquiera han considerado sinceramente los argumentos y pruebas del provisionismo de libre albedrío presentados por los teólogos y autores del otro lado. A menos que hayan considerado sinceramente y plenamente estas pruebas y argumentos, deberían permanecer abiertos y no ser tan dogmáticos. Yo siento que he considerado sincera y plenamente “el otro lado”, y por eso estoy firme en mi convicción de que el provisionismo es verdadero y el determinismo es falso.
Si observamos detenidamente el mundo cristiano que nos rodea, notaremos que aquellos que no son guiados por los teólogos calvinistas eruditos, sino que simplemente toman la Biblia tal como está escrita, casi siempre creen en la doctrina del libre albedrío y del provisionismo. Esto explica por qué las poblaciones cristianas celosas, aunque menos instruidas, de América Latina, África y Asia, son casi siempre “de libre albedrío” en su doctrina. Y es en estos lugares donde está ocurriendo avivamiento, donde se están plantando miles de iglesias y donde se observa una cosecha de literalmente millones de almas. Este es el fruto del provisionismo del libre albedrío. Compárese esto con el fruto del calvinismo, que, creo, dejó tras la Reforma un vasto cementerio espiritual: lo que hoy es la Europa occidental. El calvinismo a veces parece morir, pero ha tenido tres grandes resurgimientos a lo largo de la historia, y siempre parece volver a caer en frialdad y muerte, dejando confusión e incluso ateísmo a su paso.
Hoy está teniendo uno de esos “resurgimientos” y encontramos la versión calvinista de la predestinación sostenida principalmente entre los intelectuales y los estimados en la academia eclesiástica. El problema es que estos hombres no suelen ser los que hacen el “trabajo sucio” de predicar a los perdidos donde están —entre el paganismo, en las calles, las prisiones o tocando puertas—. Su vida suele ser mucho más cómoda, escribiendo libros, grabando pódcasts y dando conferencias en lujosos salones con aire acondicionado. En los lugares del mundo donde hoy se observa el mayor crecimiento del cristianismo —América Latina, África y Asia—, encontramos que tanto el clero como los laicos toman la Biblia tal como está escrita. En otras palabras: “todo” significa todo, y “cualquiera” significa cualquiera. Puede que no estén educados en los pasillos de los seminarios ni tengan títulos de “doctor” o “Ph.D.” tras sus nombres, pero su lectura sencilla de las Escrituras los lleva naturalmente a creer que Dios ama a todas las personas y desea salvarlas. ¡Y “todas las personas” significa todas las personas! Por eso predican en las calles y van de casa en casa, porque creen que la eternidad de hombres y mujeres no está determinada por un decreto arbitrario de Dios, pues Dios ya ha declarado Su deseo de salvarlos a todos. Lo que Dios ha predestinado y determinado es que todos los que vengan a Jesús y crean en Él sean conformados a Su imagen. Todo depende de la aceptación o el rechazo del Evangelio salvador de Cristo. Por eso Cristo nos instruye:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15–16, RVR1960)
No, no es necesario ser un intelectual ni acumular títulos para entender la verdadera soteriología. Después de todo, el teólogo más grande de la historia escribió:
“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios.” (1 Corintios 1:26–27, RVR1960)
¿Y no exclamó acaso nuestro Señor mismo…?
“Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños.” (Mateo 11:25, RVR1960)
De hecho, durante los días terrenales de Cristo, fue la clase religiosa instruida y académica la que mayormente rechazó la Verdad que literalmente estaba frente a ellos. En verdad, siempre habrá quienes no puedan ver el bosque por causa de los árboles.
Muchos piensan que el determinismo fatalista es verdadero simplemente porque cierto teólogo, pastor o predicador que admiran —ya sea de hoy o del pasado— lo creyó. Pero, ¿es esta una buena razón? ¡Ciertamente Calvino, Lutero, Whitefield, Spurgeon y Jonathan Edwards no podrían estar equivocados! ¿Y qué de los calvinistas modernos como John MacArthur, John Piper, R.C. Sproul o Voddie Baucham? Antes de abrazar la doctrina simplemente porque un predicador famoso la proclame, considera todos los demás grandes predicadores, misioneros, evangelistas y teólogos que no la creyeron. De hecho, la siguiente es una lista no exhaustiva de algunos grandes hombres de Dios que simplemente creyeron el testimonio bíblico de que Cristo murió por todos, que Dios ama a todos y desea que todos sean salvos. Hombres como…
John Wesley, William Booth, E.M. Bounds, D.L. Moody, Adam Clarke, Hudson Taylor, Andrew Murray, A.B. Simpson, Evan Roberts, C.S. Lewis, Watchman Nee, A.W. Tozer, David Wilkerson, Leonard Ravenhill, Oswald Chambers, R.A. Torrey, David Pawson, John Lennox, J. Vernon McGee, Billy Graham, Adrian Rogers, Dave Hunt, Frank Turek, Mike Winger y muchos más.
Sí, la doctrina del Libre Albedrío Libertario y del Provisionismo también ha tenido, tanto en el pasado como en el presente, muchos intelectuales e ilustres estudiosos entre sus filas.
22. El Problema de la Oración
Si el calvinismo es verdad y Dios ya ha decretado todo lo que ha de suceder, la pregunta obvia es: ¿por qué entonces orar? ¿Por qué orar por sanidad? ¿Por qué orar por un milagro en una situación desesperada? ¿Por qué orar por los perdidos o por un avivamiento si todo ya ha sido determinado?
Nada de lo que hagas o pidas en oración afectará absolutamente nada si el calvinismo fuera cierto, y todo lo que podrías decir es: “Dios hará lo que ya ha determinado hacer.”
Ni siquiera tendría sentido orar “Hágase tu voluntad,” porque Su voluntad se hará te guste o no, ores o no.
Arriesgándome a sonar repetitivo, debo decir una vez más: esto NO es lo que enseña la Biblia.
Al leer los Evangelios y el libro de los Hechos, es muy claro que la oración y la fe cambian situaciones y eventos. Como observó con tanta elegancia el gran autor cristiano Andrew Murray:
“En Su soberanía, Dios ha hecho depender la extensión de Su Reino de las oraciones de Su pueblo. Este es un verdadero misterio, pero una absoluta certeza.”
Nuestro Señor nos instruye:
“Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.”
— Juan 14:13 (RVR60)
“Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.”
— Juan 16:24 (RVR60)
“Por tanto os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.”
— Marcos 11:24 (RVR60)
“La oración eficaz del justo puede mucho.”
— Santiago 5:16 (RVR60)
Sin embargo, los calvinistas —al mirar las Escrituras a través de un lente teológico sesgado— se privan de este privilegio y gozo.
Después de todo, si la soberanía de Dios ya ha determinado todo lo que ocurrirá, ¿por qué orar por algo?
¿No se cumplirá Su voluntad de todos modos, ores o no?
Error.
Una vez más, esto no es lo que encontramos en las páginas del único y verdadero Libro Santo, desde Génesis hasta Apocalipsis.
Sí, Dios es soberano y todopoderoso, pero Su poder y Sus obras se manifiestan por medio de la fe, y la falta de fe puede privar a una persona de experimentar esas obras.
¿No es esto exactamente lo que enseña la Biblia?
“No tenéis, porque no pedís.”
— Santiago 4:2 (RVR60)
“Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos.”
— Mateo 13:58 (RVR60)
“Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe.”
— Mateo 17:19–20 (RVR60)
En verdad, no todo ha sido decretado o predeterminado por Dios.
La rendición personal, el caminar con Dios y la fe tienen mucho más que ver con los resultados de la vida diaria de lo que jamás podremos comprender.
En este aspecto, el determinismo fatalista vuelve a fallar al compararse con la Escritura y con la experiencia diaria del creyente.
23. El Problema de la Tentación y el Fracaso
Si, como dice el calvinismo, Dios es tan soberano que todo lo que sucede —tanto lo bueno como lo malo— ha sido predeterminado y decretado por Él, ¿cómo se explican entonces tus fracasos como cristiano?
¿Determinó Dios que cayeras en esa tentación?
Como ya hemos demostrado, la Biblia enseña claramente:
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.”
— Santiago 1:13–14 (RVR60)
¿Acaso Dios decretó que fueras perezoso y descuidado en tu vida devocional?
¿Determinó y predestinó Dios que cedieras a tu naturaleza carnal mirando pornografía?
¡Por supuesto que no! ¡Mil veces no!
Esos fracasos recaen sobre ti y sobre mí, no sobre Dios.
No es culpa de Dios si los creyentes caen en pecado, ni es jamás Su voluntad que lo hagan.
La Escritura es clara:
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”
— 1 Corintios 10:13 (RVR60)
El versículo anterior muestra con toda claridad que Dios siempre desea que venzamos, pero si caemos, no hay absolutamente nadie a quien culpar sino a nosotros mismos.
Jamás es la voluntad de Dios que pequemos.
¿Cómo concuerda este versículo con la visión calvinista del determinismo fatalista?
¿Significa el hecho de que la tentación ocurra sin que Dios la cause que está fuera de Su soberanía?
Obviamente no.
Dios siempre está dispuesto a ayudarnos, pero depende de nosotros arrepentirnos y responder a la obra de Su Espíritu en nuestros corazones.
Si lo hacemos, suceden cosas maravillosas; si no lo hacemos, no culpemos a Dios por nuestra frialdad, mundanalidad o carnalidad.
Sin embargo, de acuerdo con la doctrina calvinista, precisamente a esa conclusión lleva su errónea teología.
Esto constituye una gran y inexplicable contradicción.
¿Cómo puede una denominación calvinista oponerse activamente a males como el aborto a demanda —como a menudo lo hacen—, mientras al mismo tiempo creen que fue Dios quien determinó que se practicaran más de 60 millones de abortos solo en los Estados Unidos durante los últimos cincuenta años?
Esto no es simplemente una contradicción; es un abismo imposible de cruzar.
Lo siento, pero el Señor no nos pide que dejemos en la puerta nuestro sentido común, justicia y misericordia dados por Él mismo cuando formamos nuestra teología y sistema de creencias.
Dios es amor, Dios es justo, y Dios se duele y se indigna por el pecado y sus consecuencias, porque no son Su voluntad, ni las decretó jamás.
Como declaró el profeta Jeremías respecto a las abominaciones cometidas por Israel:
“Los cuales quemaron en el fuego a sus hijos, cosa que yo no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.”
— Jeremías 19:5 (RVR60)
24. El Problema de “La Pregunta que No Tiene Respuesta”
Si te consideras calvinista o un seguidor de la “Teología Reformada”, debo hacerte una pregunta…
“¿Te molesta en lo más mínimo que la gente rechace a Dios y muera condenada por la eternidad?”
Esta es, sin duda, una pregunta trampa que no tiene buena respuesta si crees en la elección y predestinación individual determinista.
Si respondes “sí”, entonces en realidad estás disgustado por lo que Dios mismo ha predestinado y decretado según Su soberana voluntad.
Si respondes “no”, ¿acaso no eres insensible, sin amor ni compasión por las multitudes que perecen?
Este no es un dilema pequeño. Después de todo, ¿por qué deberías preocuparte o tener compasión por aquellos por los cuales Dios mismo no tuvo compasión, según la lógica calvinista?
Sin embargo, este no parece ser el sentir del famoso predicador calvinista Charles Spurgeon, quien escribió:
“Si los pecadores van a ser condenados, que al menos salten al infierno sobre nuestros cadáveres.
Y si han de perecer, que perezcan con nuestros brazos abrazados a sus rodillas, rogándoles que se detengan.
Si el infierno ha de llenarse, que se llene en los dientes de nuestros esfuerzos, y que ninguno vaya allí sin ser advertido y sin haber sido objeto de oración.”
Sr. Spurgeon, admiro mucho de lo que escribió, pero con respecto a lo anterior, si Dios ya ha elegido a los salvos y reprobado a los perdidos, ¿por qué deberíamos preocuparnos en absoluto?
Todo ya ha sido determinado y no nos atreveríamos a oponernos a Su voluntad.
Sí, el calvinismo es ciertamente una confusión contradictoria.
25. El Problema del Lente Contaminado y del Parásito
Estos son en realidad dos problemas distintos, pero están estrechamente relacionados.
Aquellos que abrazan los llamados “doctrinas de la gracia” inevitablemente comienzan a ver cada punto teológico y cada asunto de la vida a través del lente distorsionado del determinismo teísta.
Esto puede llevar a un sentimiento de superioridad orgullosa, causando que se separen de otros cristianos que no comparten su convicción, viéndolos como espiritualmente ignorantes o inferiores.
A menudo llegan al punto de solo ver lo negativo en los no calvinistas y de tratarlos con un espíritu crítico.
Con frecuencia, incluso rehúsan participar de la comunión si no es administrada por un ministro que adhiera a la teología reformada.
Esto no es lo que el Nuevo Testamento instruye a los creyentes a hacer, y de hecho, cae bajo la condenación de las divisiones y enemistades que son clasificadas como “obras de la carne.”
Eventualmente, si esta enemistad y desdén interno no llevan al calvinista a salir de una congregación o denominación de libre albedrío, a veces lo conducen a algo aún peor.
Los calvinistas parecen ser mucho más celosos en ganar a los cristianos de la variedad provisionista o de libre albedrío para su entendimiento de la soteriología, que en ganar a los pecadores perdidos para Cristo.
Si ves a un predicador callejero, pregúntale qué cree, y casi con certeza descubrirás que cree que la salvación está disponible para todos, y por eso predica.
Haz la misma pregunta a un misionero de por vida, a un capellán de prisión o al director de un ministerio cristiano de rehabilitación como Teen Challenge, y oirás la misma respuesta.
Como ya se ha señalado, los actuales y explosivos movimientos de evangelismo y plantación de iglesias que hemos observado durante décadas en muchas partes del mundo son casi totalmente provisionistas y de libre albedrío en su soteriología.
Esto se debe a que una lectura clara y directa de la Biblia los lleva naturalmente a esa conclusión.
Fui misionero por nueve años en México en los años 90, y literalmente nunca encontré a un solo calvinista durante todos esos años.
Como ya se mencionó, nadie abraza las doctrinas del calvinismo hasta después de ser cristiano, cuando es proselitizado con celo por los adherentes de la doble predestinación.
A menudo, en lugar de predicar lo que realmente creen a las masas perdidas, se infiltran en iglesias de libre albedrío, en sus juntas, colegios bíblicos y seminarios, buscando controlar sigilosamente.
Muchas iglesias y organizaciones pueden testificar de esto.
Y una vez que logran el control —a menudo poco a poco, mediante infiltración y engaño—, solo otros calvinistas son permitidos en posiciones de autoridad o liderazgo.
Su doctrina trae división y dolor, dividiendo incluso a miembros de familia, esposos y esposas, padres e hijos.
Dado que la doctrina calvinista no suele originar plantaciones de iglesias, avivamientos ni movimientos misioneros, debe aferrarse a la cristiandad de libre albedrío para subsistir y, como un parásito, lentamente consume a su huésped, ya que tiene grandes dificultades para replicarse por sí misma.
El hecho de que los calvinistas dediquen más tiempo y energía a tratar de convertir a los cristianos provisionistas a su teología que a ganar a los perdidos para Cristo demuestra que el calvinismo es de naturaleza parasitaria y necesita de un anfitrión de libre albedrío para sobrevivir, o de lo contrario casi desaparece.
Esto fue precisamente lo que ocurrió durante la última parte del siglo XX, cuando los calvinistas eran muy pocos.
Solo recientemente están teniendo un notable resurgimiento debido a sus esfuerzos de proselitismo y a la decepción generalizada con los errores del cristianismo moderno occidental.
Ya he hecho referencia al hecho de que la historia muestra tres o cuatro “oleadas” del calvinismo, pero que siempre terminan muriendo.
¿Por qué?
Porque este siempre será el resultado inevitable de abrazar las llamadas “doctrinas de la gracia.”
26. El Problema del Daño y el Perjuicio
Además de causar mucha confusión y división dentro del cuerpo de Cristo, las doctrinas del calvinismo también han causado gran daño y confusión incluso entre los incrédulos.
Esta doctrina, lejos de traer convicción de pecado, en realidad crea la mentalidad de víctima definitiva.
Muchos han rechazado el cristianismo por completo porque tienen la idea de que la fe cristiana solo puede definirse en términos de predestinación determinista y discriminatoria.
He conocido personalmente a personas así; incluso tengo una familiar que nunca ha podido entregarse plenamente a Cristo debido a la profunda confusión sembrada en su corazón por esta doctrina.
Megan Phelps, hija del odioso “pastor” calvinista Fred Phelps de la Westboro Baptist Church, declaró públicamente en el programa The Joe Rogan Experience que deconstruyó completamente su fe cristiana debido a la doctrina de la doble predestinación.
Y tal vez no sea coincidencia que uno de los principales defensores del ateísmo y críticos del cristianismo en el mundo actual sea Abraham Piper, hijo del prolífico pastor y escritor calvinista John Piper.
¿Coincidencia? No lo creo.
Quisiera pedir humildemente a mis amigos calvinistas:
si eligen seguir aferrándose a sus creencias, por favor manténganlas privadas, no las divulguen entre los incrédulos del mundo, porque temo que solo están proveyendo más munición a los enemigos de Cristo para que lo rechacen y blasfemen de Él.
Oro para que estos incrédulos un día comprendan que Dios no ha condenado a la mayoría de la humanidad desde la eternidad, eligiendo solo a una minoría para ser salva.
Eso ciertamente no serían “buenas nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo” como declaró el ángel en el nacimiento de Cristo (Lucas 2:10).
Por eso el verdadero Evangelio son buenas nuevas, porque enseña que Dios desea que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4).
Cristo murió por todos.
La invitación es para cada persona, y literalmente cualquiera puede ser salvo si viene a Cristo con fe y arrepentimiento — algo que Dios les capacita para hacer, pero no les obliga a hacer.
Sí, Dios está dispuesto, pero si ellos no lo están, no tendrán a nadie que culpar por su condenación, porque no tenía que ser así.
Como reflexionó el gran apologista cristiano C.S. Lewis:
“Al final, solo hay dos clases de personas:
los que dicen a Dios: ‘Hágase tu voluntad,’
y aquellos a quienes Dios dice al final: ‘Hágase tu voluntad.’”
27. El Problema de la Mayoría Cristiana
Me resulta curioso que, si todas las cosas han sido decretadas por Dios como afirman los calvinistas, ¿por qué es que la gran mayoría de los verdaderos cristianos creyentes en la Biblia a lo largo de la historia han creído lo contrario?
¿Fue Dios quien decretó que fuera así —que la mayoría de Sus hijos creyeran lo que no es cierto acerca de Él y de Su salvación?
Sr. Calvinista, permítame preguntarle:
“¿Fui yo predestinado a creer en el Provisionismo y en el libre albedrío?”
¿Me reconocerá como hermano en Cristo?
Si lo hace, entonces ¿por qué tantos de nosotros estamos tan firmemente opuestos a una teología, soteriología y doctrina que, según usted, podría ser verdadera?
De hecho, con la excepción de los años de la Reforma y la post-Reforma (siglos XVI–XVIII), la inmensa mayoría de los creyentes en la Biblia y amantes de Cristo dentro de la Iglesia invisible han sostenido firmemente que la salvación está disponible para todos, que Dios ama a todos, y que Cristo murió por todos.
Y aun durante los años mencionados de la Reforma, los deterministas como Calvino y Zwinglio persiguieron severamente a los grupos de libre albedrío que estaban surgiendo, como los anabaptistas.
Sería interesante saber qué habría sucedido si estos grupos hubiesen tenido libertad para florecer en lugar de ser perseguidos.
Si los reformadores calvinistas no hubieran destruido sus escritos ni casi borrado su historia, quizás hoy tendríamos una muy diferente comprensión de lo que realmente resultó de la Reforma.
Solo una reflexión.
La doctrina determinista parece estar teniendo un resurgimiento en los últimos años.
El calvinismo parecía estar casi extinto e irrelevante durante las décadas de 1980 y 1990.
Los creyentes que vivieron en ese tiempo pueden dar testimonio de ello. Este regreso puede deberse, en parte, a una reacción de sobrecorrección frente al modernismo progresista y a los abusos y falsedades observados en muchas iglesias no calvinistas que han enfatizado la experiencia más que la Escritura y los milagros más que las verdades eternas de la Palabra de Dios.
Puedo entender parcialmente esa reacción, pero aun así es una sobrerreacción.
Se levantan muñecos de paja y se aplican culpas por asociación.
Lo que debería rechazarse son los errores y abusos, no la sólida soteriología bíblica del libre albedrío que ha sido el fundamento de la Iglesia desde los apóstoles.
Debe señalarse que la mayoría de nosotros, los creyentes provisionistas, también rechazamos los errores modernos que abundan hoy.
En su celo por la ortodoxia, creo que muchos calvinistas modernos han arrojado al proverbial bebé con el agua del baño en su búsqueda de sustancia y en su rechazo de lo superficial.
El énfasis moderno del calvinismo en “la belleza del Evangelio” es admirable —y las iglesias de libre albedrío también deberían enfatizarlo (y muchas lo hacen)—, pero este hecho inquietante permanece para los calvinistas:
según su propia teología, Dios ha decretado desde la eternidad que la gran mayoría de los cristianos salvos rechacen el determinismo teísta y abracen la teología del provisionismo teísta y del libre albedrío.
Un hecho muy curioso, en verdad, si el determinismo fuera cierto.
28. El Problema de la Expiación Limitada
La doctrina calvinista de la expiación limitada, que enseña que el sacrificio de Cristo en la cruz no fue por todos los pecadores, sino solo por los elegidos, no se encuentra en ninguna parte de la Biblia, lo cual nos lleva una vez más a concluir que esta teología es falsa desde su base.
La “L” del acrónimo TULIP proviene más de una deducción lógica de las otras letras (T, U, I, P) que de una exégesis bíblica sólida.
Estoy de acuerdo con el calvinista en que los otros cuatro puntos de los llamados “doctrinas de la gracia”, para ser consistentes, requieren naturalmente la “L” de la expiación limitada.
Después de todo, si Dios concede la regeneración solo a sus pocos (relativamente hablando) elegidos mediante una gracia irresistible, es lógico concluir que Él los preservará hasta el fin y que el sacrificio de Cristo fue por ellos y solo por ellos.
Sin embargo, si puede probarse por la Escritura que la sangre derramada de Jesús fue por todos los pecadores sin excepción, entonces la casa de naipes calvinista se derrumba una vez más, pues ¿por qué habría de morir Cristo por aquellos que ya estaban predeterminados a ser condenados eternamente?
Eso tendría sentido si la teología fuera verdadera, pero si falla en este punto, todo el sistema se hunde con ella.
Veamos, pues, lo que enseña el Nuevo Testamento acerca de por quién murió realmente Jesucristo, y decida usted mismo:
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”
— 1 Juan 2:2
“Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo.”
— 2 Corintios 5:19
El término “mundo” en el contexto del Nuevo Testamento significa toda persona sin excepción.
Este versículo solo debería bastar para terminar el debate, pero apenas comenzamos.
El apóstol Pablo, bajo la inspiración infalible del Espíritu Santo, nos dice:
“El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.”
— 1 Timoteo 2:4-6
“Y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.”
— 2 Corintios 5:15
“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.”
— Hebreos 2:9
Sí, en efecto: “por todos” significa… ¡por todos!
Después de leer estos versículos de la Palabra de Dios, no hay manera más clara de decirnos que Cristo murió por toda la humanidad.
De hecho, hay pasajes que nos dicen que el sacrificio de Cristo fue incluso por aquellos que se perderán eternamente:
“¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?”
— Hebreos 10:29
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.”
— 2 Pedro 2:1
El calvinista responderá:
“Pero si Cristo murió por todos, ¡entonces todos serían salvos! Eso es universalismo, y eso no es bíblico.”
Estamos de acuerdo en que el universalismo es una herejía y que no todos serán salvos, pero el calvinista confundido debe entender que el hecho de que Cristo haya muerto por todos no significa que todos sean salvos, sino que todos pueden ser salvos potencialmente.
Aquí es donde entra en juego la agencia moral libre.
Esto se aclara perfectamente en las palabras del mismo Jesús:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”
— Juan 3:16-17
“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.”
— Romanos 5:18-19
Incluso el más acérrimo calvinista admitirá que la expresión “todos los hombres” en la primera parte de este pasaje se refiere a todos sin excepción.
El problema es que el mismo término se usa en la segunda parte del versículo al describir la justificación.
Sí, la salvación es potencialmente disponible para todos, aunque no todos serán salvos.
El texto dice que el don gratuito vino sobre todos los hombres, pero luego aclara que “muchos” serán hechos justos, no todos —simplemente porque la mayoría rechazará el don gratuito.
Es como si llevaran consigo un cheque de perdón total, pero se negaran a ir al banco a cobrarlo.
El cheque es valioso, pero no se disfruta del beneficio hasta hacerlo efectivo.
Por eso los condenados eternamente llorarán y crujirán los dientes, no porque Dios los haya predestinado al infierno, sino porque tuvieron la oportunidad de ser salvos, pero eligieron rechazar al Salvador.
Llevaron el cheque toda su vida… pero nunca fueron “al banco”.
“¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”
— Hebreos 2:3
Si Dios hubiese querido enseñarnos en las Escrituras que Cristo murió solo por los elegidos, ¿habría alguna manera más clara de expresarlo?
Por supuesto: sí —habría sido mencionado al menos una vez.
Pero no lo fue.
Por el contrario, si Dios quiso transmitir la verdad de que Cristo murió provisionalmente por el mundo entero, ¿podría haberse dicho de una manera más clara?
No lo creo, porque esta verdad se encuentra repetida una y otra vez a lo largo de las páginas del Nuevo Pacto.
29. El Problema de la Gracia Irresistible
La “I” del acrónimo TULIP representa la gracia irresistible.
De todas las llamadas “doctrinas de la gracia”, esta quizás sea la más antibíblica de todas.
La evidencia en las Escrituras de que los pecadores han resistido la gracia de Dios —una gracia que pudo haberlos cambiado y salvado— es tan abundante y clara que solo citaré algunos ejemplos, de los muchos que podrían presentarse.
Ya hemos mencionado el siguiente pasaje:
“Y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.”
— 2 Tesalonicenses 2:10-12
Los mencionados aquí rechazaron continuamente el amor de la verdad que pudo haberlos salvado, hasta el punto de que Dios les envió un engaño para que creyeran la mentira.
Ya vimos que ningún engaño sería necesario si las personas fueran totalmente depravadas al punto de ser incapaces de responder a Dios.
Esto es similar a lo que Pablo describe en Romanos capítulo 1, donde dice que los hombres inconversos “habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.”
Luego tenemos la famosa defensa de Esteban, cuando reprendió al pueblo judío diciendo:
“¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.”
— Hechos 7:51
¿Puede el ser humano resistir al Espíritu Santo?
Según Esteban, cuyo rostro resplandecía “como el de un ángel”, sí puede.
Pero esta resistencia no se debía a un decreto divino que los forzara a hacerlo, sino a su propia decisión voluntaria de resistir al Espíritu de Dios.
Después de todo, ¿por qué enojarse o condenar a alguien que no podría hacer otra cosa, así como un pez no puede vivir en un árbol, o un ave bajo el océano?
También tenemos la invitación de Dios a Caín, así como sus muchos lamentos por Saúl y por la nación de Israel.
Ya hemos hablado del deseo de Cristo de reunir y salvar a los judíos, y de sus declaraciones a los fariseos, cuando les dijo que “no queréis venir a mí para que tengáis vida” y que “rechazaron el consejo de Dios contra sí mismos”.
Hay innumerables ejemplos más, pero todos muestran claramente que Dios está dispuesto a salvar y transformar a las personas, sin embargo, no todas las personas están dispuestas a ser salvadas ni transformadas.
No es culpa de Dios que sean rebeldes y endurecidos.
En el día de su condenación final, no tendrán a nadie a quien culpar más que a sí mismos, porque, en efecto, la gracia de Dios puede ser resistida, aunque no tiene por qué serlo.
La enseñanza de la gracia irresistible, que sostiene que las personas son atraídas a creer por la fuerza, pasando por alto completamente su libre albedrío, no representa al Dios de la Biblia.
Más bien, suena como Don Corleone, el “Padrino” de la mafia, que hace ofertas que no se pueden rechazar.
30. El Problema de la Perseverancia de los Santos
La última letra del acrónimo TULIP es la P, que significa Perseverancia de los Santos. Esta doctrina enseña que aquellos que han sido elegidos por Dios para salvación no pueden perderse y perseverarán en la fe y en las buenas obras hasta el fin. Después de todo, si Dios ha escogido a alguien para ser salvo, ¿cómo podría esa persona perderse?
Esta enseñanza es algo diferente a la doctrina de “Una vez salvo, siempre salvo” (OSAS, por sus siglas en inglés) que sostienen algunas iglesias no calvinistas, como ciertos bautistas del sur. La diferencia principal es que la teología reformada usualmente (aunque no siempre) define “los elegidos” como aquellos que no solo profesan el Evangelio, sino que también manifiestan su fe mediante la obediencia y las buenas obras. Los defensores de Una vez salvo, siempre salvo casi nunca incluyen la obediencia y las buenas obras como parte esencial de la fe salvadora, y así crean el concepto del “cristiano carnal”, quien supuestamente nunca puede perder su salvación, sino solamente sus recompensas y su comunión con el Señor.
Ambas posturas son errores graves, aunque debo admitir que al menos la versión calvinista es consistente dentro de su propio sistema teológico. Según esta visión, la manera de saber si uno es de los elegidos debe ser más que una simple profesión de fe. Estoy de acuerdo con los calvinistas en que habrá evidencias de regeneración, porque el árbol se conoce por su fruto.
Pero aun así, surge un gran problema en la mente del calvinista:
“¿Cómo puedo estar seguro de que soy verdaderamente uno de los elegidos? ¿Cómo puedo saber que no soy uno de aquellos engañados por la gracia evanescente, de la cual Calvino dijo que puede parecerse mucho a la gracia salvadora?”
Debemos entonces preguntarnos: ¿qué sucede con todos aquellos que comenzaron bien, pero se apartaron del camino? ¿Fue Dios quien los condujo al arrepentimiento y a la fe? Si así fue, ¿por qué habría de permitir que se perdieran al final? ¡Vaya dilema!
Según el calvinista, debe haber sido así, pues nadie puede llamar a Jesús “Señor” sino por el Espíritu Santo (1 Cor. 12:3), ni arrepentirse del pecado sino por la gracia de Dios. Una persona totalmente depravada simplemente no podría hacerlo. Así que no queda otra explicación sino la doctrina de la gracia evanescente de Calvino, que enseña que el Espíritu de Dios realmente obra en una persona, la guía a la fe y al arrepentimiento, pero no para salvación final, sino para que su condenación sea aún mayor. (Sí, Calvino realmente dijo eso.)
Naturalmente, una enseñanza como esta puede producir inseguridad y angustia en la mente de quien la cree. Preguntas como:
“¿Serán mis obras suficientes para probar que soy uno de los elegidos?” o “¿Perseveraré realmente hasta el fin, o habré sido simplemente engañado al pensar que era salvo?”
Han sido motivo de mucha lucha interior en muchos calvinistas.
La verdad es que la Biblia no enseña ninguna de estas posiciones extremas. Tanto Una vez salvo, siempre salvo como la Perseverancia de los Santos son contradichas por más de cuarenta pasajes del Nuevo Testamento, los cuales advierten a los creyentes que deben continuar en la fe y evitar andar según la carne (Romanos 8:13), porque la apostasía —el que un verdadero creyente pueda volver a su anterior estado de perdición— es un peligro real y presente.
Es difícil entender por qué la Biblia advertiría de algo que no puede suceder, a menos que sí pueda suceder. Esta también fue la creencia unánime de la Iglesia primitiva durante los primeros cuatro siglos, cuando la doctrina de la seguridad eterna, sea en forma de Perseverancia o de Una vez salvo, siempre salvo, era completamente desconocida.
Nosotros, que rechazamos estas creencias, afirmamos que hay seguridad en Cristo y que la salvación es una obra completa y perfecta, pero que permanece condicional hasta la glorificación. Creemos en una seguridad eterna condicional, no incondicional. La condición es la misma que determinó nuestra salvación al principio: debemos creer en Jesucristo con una fe verdadera que se manifieste en nuestras vidas. Esa condición fue la base al principio, y sigue siéndolo después.
Estoy de acuerdo con el calvinista en que no somos salvos por lo que hacemos, sino por lo que somos. Los verdaderos creyentes en Cristo son hijos e hijas de Dios. Ningún acto de pecado individual puede cambiar nuestra identidad en ese sentido; pero una vida caracterizada por andar en la carne y practicar el pecado puede llevar finalmente a la muerte espiritual (Romanos 8:13). “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3).
El propósito de este libro no es desarrollar en detalle este tema tan amplio, pero citaré aquí algunos de los muchos pasajes que enseñan que la salvación depende de la perseverancia en la fe y que un creyente genuino puede apostatar y morir espiritualmente. Estos versículos, una vez más, prueban que las doctrinas del Calvinismo y del Una vez salvo, siempre salvo son falsas. Están en su contexto, y sería necesario torcerlos mucho para hacerlos decir otra cosa. Te animo a estudiarlos cuidadosamente por ti mismo. Estos son solo del Nuevo Testamento (hay muchos más en el Antiguo Testamento):
Mateo 25:1–13; Mateo 25:14–30; Marcos 11:25–26; Lucas 8:11–15; Juan 15:1–6; Romanos 2:7; Romanos 8:13; Romanos 11:14–22; Romanos 14:15–23;
1 Corintios 5:1–5; 1 Corintios 8:10–11; 1 Corintios 9:27; 1 Corintios 10:5–12; 1 Corintios 11:27–32; 1 Corintios 15:2; Gálatas 5:1–5;
Colosenses 1:21–23; 1 Timoteo 3:6; 1 Timoteo 4:16; 1 Timoteo 5:11–12; 2 Timoteo 2:11–14; 2 Timoteo 4:7; Hebreos 2:1–3; Hebreos 3:6–14;
Hebreos 4:1; Hebreos 6:4–6; Hebreos 10:26–29, 35–39; Hebreos 12:14–17, 25; Santiago 1:12–16; Santiago 5:19–20;
2 Pedro 1:9–10; 2 Pedro 2:4, 20–22; 1 Juan 2:24; Judas 1:4, 6; Apocalipsis 2:7; Apocalipsis 2:10–11; Apocalipsis 3:5; Apocalipsis 22:19.
Conclusión
Fue a causa de los treinta puntos expuestos anteriormente que, después de un par de años creyendo en la predestinación calvinista, regresé a las convicciones que siempre había sostenido desde el principio: que Dios ama a todos, desea que todos sean salvos, y que Cristo murió por todos. Aquellos que finalmente se pierdan no lo harán por causa de un decreto cruel y eterno de parte de Dios, sino porque rechazaron voluntariamente el único remedio para el salario de su pecado —el don gratuito de la salvación en Jesucristo, ofrecido libremente a ellos.
Así, volví a abrazar la verdad de que los seres humanos son responsables ante Dios de aceptar o rechazar Su maravillosa gracia. Ya han pasado unos veintisiete años desde que retorné a esta creencia original, y desde entonces, por la gracia de Dios, muchas almas —quizás miles— han oído el verdadero Evangelio, han sido convertidas a Cristo, y muchas iglesias han sido establecidas.
Aclarando algunos malentendidos
Deseo concluir este libro dedicando un poco de espacio para responder a las objeciones y argumentos más comunes que presentan los defensores del “decretismo”, “determinismo”, “calvinismo”, “teología reformada”, etc. Aunque existen libros enteros dedicados a este tema, no pretendo dar respuestas exhaustivas, sino explicaciones sencillas y directas.
Si deseas un estudio más profundo, te referiré a las obras que mencionaré al final de este escrito. La buena noticia es que, en realidad, las respuestas simples son más que suficientes. Comencemos con la objeción más común…
Objeción #1
¡Romanos 9 y Efesios 1 enseñan claramente la doctrina de la elección discriminatoria!
El argumento determinista suele comenzar con una frase hecha que concuerde con su filosofía —por ejemplo: “los muertos no pueden escoger” o “si el hombre tuviera algo que ver con su salvación, sería su propio salvador”—, y luego tratan de forzar esa idea en algún pasaje de la Escritura.
A continuación, suelen repetir insistentemente: “¡Romanos nueve! ¡Romanos nueve! ¡Romanos nueve!”
Sus argumentos, en su mayoría, se basan más en frases populares, ilustraciones o en unos pocos versículos mal interpretados, que en una lectura exegética pura de la Biblia conforme a las reglas adecuadas de hermenéutica. Romanos 9 y Efesios 1 son sus “joyas”. Pero si puede demostrarse que estos dos pasajes no se refieren a una elección ni predestinación individual y discriminatoria, sino al plan general de Dios, especialmente respecto a Israel y los gentiles, entonces los calvinistas perderían sus dos “naves insignia” y, con ellas, la guerra teológica.
Son, por así decirlo, “colinas por las que están dispuestos a morir”, pero —teológicamente hablando— deben morir en ellas, porque el resto de la Biblia está en su contra, y existe una interpretación mucho más sencilla que concuerda con la enseñanza bíblica del libre albedrío y la responsabilidad humana.
Reconozco que, si Romanos 9 o Efesios 1 se leyeran de forma aislada, sin el contexto del resto de la Escritura, podría parecer que enseñan una predestinación o reprobación individual. Pero eso no es una hermenéutica bíblica correcta.
Todos los pasajes deben interpretarse a la luz de toda la Escritura. Literalmente nadie que leyera la Biblia desde el principio —comenzando en Génesis 1— llegaría a Romanos 9 y concluiría espontáneamente una interpretación calvinista. ¿Por qué? Porque interpretaría ese capítulo a la luz de todo lo que ya ha leído, y su interpretación no sería fatalista ni determinista.
Para imponer la lectura calvinista de Romanos y Efesios, se debe hacer violencia a los muchos pasajes que afirman claramente que Dios quiere que todos los hombres sean salvos (no solo “todas las clases” de hombres), que Cristo murió por todos, y que la humanidad es responsable ante Dios por sus decisiones eternas.
Si volvemos a la analogía del hombre que, solo en una isla, lee la Biblia sin prejuicios, llegaría inevitablemente a la conclusión de que el mensaje central y el contexto general de la Palabra de Dios —desde Génesis hasta Apocalipsis— favorece la doctrina del libre albedrío y la posibilidad de salvación para todos.
Incluso el apóstol Pablo alude a esto en Romanos 9:1–2 y 10:1, donde expresa que estaría dispuesto a ser anatema si eso significara la salvación de todos sus hermanos según la carne, los israelitas. Luego dice que “el anhelo de su corazón” es que Israel sea salvo. Si Pablo deseaba que todos fueran salvos, ¿no lo desearía también Dios? ¿Es Pablo más misericordioso y amoroso que Dios? ¡Por supuesto que no! Entonces, ¿puedes ver por qué este pasaje no puede referirse a una elección y reprobación individual y selectiva?
Con esto en mente, ¿cómo debemos entender Romanos 9?
Es, en realidad, muy sencillo: el capítulo se refiere a los propósitos eternos de Dios respecto a judíos y gentiles como grupos, no a la elección o reprobación de individuos. Esto se confirma en los versículos finales del capítulo:
“¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por la fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo.”
(Romanos 9:30–32)
Es evidente que Romanos 9 habla del trato de Dios con la nación de Israel y de la inclusión de los gentiles, quienes fueron injertados en el olivo de la salvación. Los creyentes gentiles en Roma sin duda se preguntaban cómo podían ser considerados el pueblo de Dios, dada la historia y los pactos con los descendientes de Abraham. Y los judíos, por su parte, se resistían a la idea de que Dios extendiera la salvación a las naciones gentiles, consideradas por ellos poco más que perros.
Así que Pablo responde a ambos grupos en lo que muchos consideran la mayor obra teológica jamás escrita: su epístola a los Romanos. En ella, el apóstol básicamente dice:
“Dios es soberano y puede salvar a las naciones que quiera, de la manera que Él decida.”
Más adelante, en el capítulo 11, repite el mismo pensamiento al escribir:
“Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” (Romanos 11:32)
Existen libros completos dedicados a demostrar que estos pasajes se refieren a pueblos, no a individuos. No hay necesidad de repetir aquí lo que otros ya han explicado ampliamente. Si pudiera recomendar uno, sería The Potter’s Promise: A Defense of Traditional Soteriology del Dr. Leighton Flowers, profesor de teología y ex calvinista.
¿Y qué hay de las palabras de Pablo a los Efesios?
“Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor; habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.”
(Efesios 1:3–4)
Si la salvación está disponible para todos y Dios desea que todos sean salvos, ¿cómo entendemos este pasaje que dice que “nos escogió” y “nos predestinó”?
La respuesta es más sencilla de lo que parece: Dios ha determinado de antemano que todos los que crean en Su Hijo sean salvos eternamente. El pasaje se refiere al plan de salvación, no a individuos específicos. Los individuos son salvos porque han creído en el plan divino de salvación, el Señor Jesucristo.
A este plan se refiere Jesús cuando dice:
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
(Juan 6:40)
No es difícil de entender cuando reconocemos que los textos usados por los deterministas para “probar” la elección individual, en realidad hablan del plan eterno de Dios en Cristo.
Podemos compararlo con un gran barco que navega en un mar tormentoso. Este “barco del Evangelio” rescata libremente a todos los que se están ahogando y los invita a subir. Todo lo que los náufragos deben hacer es subir al barco. Esta gloriosa nave lleva escrito un nombre:
“Predestinada al Puerto Celestial.”
Quien escape del mar de condenación y suba al barco es salvo. Al hacerlo, el rescatado está tan predestinado a llegar al destino celestial como el barco mismo, mientras permanezca en él y no se arroje de nuevo al oscuro océano de la perdición.
Son predestinados porque están “en Cristo”, en el barco de la salvación. Su predestinación tiene que ver con Cristo y el plan eterno de Dios, no con que Dios diga arbitrariamente “sí” a uno y “no” a cinco.
Por lo tanto, los redimidos son elegidos y predestinados, mientras permanezcan en el barco y no se lancen otra vez al mar del pecado. Pero, ¿es posible tal regreso a la perdición? Según la Escritura, sí. La Biblia incluso menciona a los que “naufragaron en cuanto a la fe” (1 Timoteo 1:19).
No hay otra forma de explicar las constantes exhortaciones de Dios a perseverar en la fe, ni sus repetidas advertencias contra la apostasía, a menos que esa posibilidad sea real. Como ya mencioné, hay más de cuarenta pasajes en el Nuevo Testamento que reflejan esta verdad.
Hay en realidad otras maneras de entender el concepto de “los elegidos” y la predestinación que armonizan con la verdad del libre albedrío y la responsabilidad humana.
Existen varios versículos que arrojan luz sobre este tema tan importante. Uno de ellos es 1 Pedro 1:2, donde el apóstol se refiere a aquellos que son “elegidos según la presciencia de Dios Padre…” y Romanos 8:30, que dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo.”
¡Ahí está! La Biblia habla de elección y predestinación, pero estas están en conformidad con Su presciencia de todas las cosas que sucederán en el futuro, incluyendo las decisiones y elecciones que cada persona tomará.
Dios, siendo un Ser infinito, existe fuera del ámbito del tiempo y conoce todas las cosas que han de acontecer. Sí, Él es soberano, pero en Su soberanía absoluta ha decidido dar a estos seres especiales, creados a Su imagen, el don del libre albedrío libertario, es decir, la capacidad real de elegir entre más de una opción —incluso en cuanto a amarlo o rechazarlo—.
Él se rehúsa a programarlos, forzarlos o convertirlos en autómatas robóticos. Pueden escoger rendirse a Él y recibirlo, o pueden decidir endurecer sus corazones y rechazarlo. Y Dios conoce esas decisiones, aunque no las fuerza, y tales elecciones jamás frustrarán Su plan divino de redención.
Es en este contexto que los versículos mencionan que Dios ha predestinado a los salvos. Ellos son, efectivamente, “elegidos según la presciencia de Dios.”
Muchos se refieren a esta convicción como molinismo, o conocimiento medio. Es una visión que abraza tanto el libre albedrío libertario como la presciencia y soberanía de Dios.
Esta historia de David consultando al Señor acerca de posibilidades futuras lo demuestra claramente:
“Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Descenderá. Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os entregarán. Entonces David y sus hombres, que eran como seiscientos, se levantaron y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila, y desistió de salir.”
(1 Samuel 23:10–13, RVR60)
Ninguna de estas cosas sucedió finalmente, debido a que David consultó al Señor, simplemente porque Dios ya sabía lo que las decisiones de ellos serían y advirtió a David de antemano.
También vemos esto demostrado en la vida de Abraham, cuando Dios dice de él:
“Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.”
(Génesis 18:19, RVR60)
Dios está llamando y atrayendo a todos los hombres y mujeres hacia sí mismo, deseando redimirlos. En verdad, es “la gracia de Dios que se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).
La gracia y el deseo de Dios están ahí, pero esta gracia debe ser recibida voluntariamente para ser eficaz. Por lo tanto, los salvos son ciertamente elegidos, pero elegidos según la presciencia de Dios.
Como solía decir D. L. Moody, uno de los más grandes ganadores de almas:
“Los elegidos son los que quieren, y los no elegidos son los que no quieren.”
Moody, consecuentemente, no era calvinista.
La presciencia de Dios, unida a Su deseo de que todos sean salvos, también puede observarse en la historia de Judas, cuando Cristo declara:
“A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de Él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.”
(Mateo 26:24, RVR60)
Por este versículo parece claro que Dios sabía lo que iba a suceder con Judas, pero que su condenación no tenía por qué haber ocurrido, ni era la perfecta voluntad de Dios. El versículo muestra Su presciencia, pero no un decreto determinista de parte de Dios.
En efecto, Judas no tendrá absolutamente a nadie más que culparse por su condenación eterna. ¿Sabía Dios lo que Judas iba a hacer? Por supuesto. ¿Lo decretó para hacerlo? No. Pero aún así obró Sus propósitos eternos a través del gran traidor —aquel de quien Cristo dijo que habría sido mejor no haber nacido—.
Las palabras predestinados, elegidos, o escogidos, también pueden referirse específicamente a vasos escogidos para un servicio especial, como Jeremías o Pablo.
La Escritura declara que ambos, así como otros, fueron escogidos y ordenados para ser profetas y apóstoles antes de nacer.
Dios ciertamente tiene Sus vasos escogidos para servicio —nadie lo niega—.
Sansón también fue un vaso escogido, ¡aunque muchas veces no actuó como tal!
Así que, esta elección divina se refiere a ciertos individuos específicos para un llamado particular, no a la salvación o condenación de toda la humanidad en general.
En verdad, el debate sobre este tema ha estado ardiendo por siglos, con hombres mucho más eruditos que tú o yo en ambos bandos, apelando al significado, al contexto y a los idiomas originales. Por esa razón no profundizaré aquí en los muchos más argumentos presentados desde la perspectiva provisionista en cuanto a estos pasajes en Romanos y Efesios.
Existen otros libros, como el ya mencionado ¿What Love Is This? de Dave Hunt, o The Other Side of Calvinism de Laurence Vance, a los cuales te remito.
Lo que deseo proponer simplemente es que esos textos “prueba” usados por los calvinistas pueden entenderse fácilmente a la luz de la enseñanza bíblica del libre albedrío y la salvación ofrecida a todos.
Objeción #2
La humanidad está totalmente depravada, lo que significa que está espiritualmente muerta en delitos y pecados. ¡Las personas muertas no pueden elegir nada a menos que primero sean vivificadas! ¡Esto prueba que la regeneración debe preceder a la fe!
Los calvinistas usan el término “depravación total” como si se encontrara abundantemente en las Escrituras, cuando en realidad no aparece ni una sola vez. Estamos de acuerdo en que el ser humano está separado de Dios por el pecado (lo cual, en sí mismo, constituye “muerte espiritual”), condenado e inherentemente pecador, pero no sin la capacidad de responder a “la gracia de Dios que trae salvación y se ha manifestado a todos los hombres.” (Tito 2:11).
El concepto que los calvinistas promueven es que el hombre está tan perdido en el pecado y tan muerto para con Dios que es incapaz de responder, creer o arrepentirse sin la “gracia irresistible y regeneradora” de Dios. Ciertamente, todos estuvimos “muertos en delitos y pecados”, pero, una vez más, bíblicamente, este término no significa que fuésemos incapaces de responder a Dios sin que Él nos regenerara primero mediante una gracia irresistible. En ninguna parte de la Biblia encontramos que la regeneración preceda a la fe, como ya se mostró en el problema #26.
Lo que sí encontramos, desde Génesis hasta Apocalipsis, es que las personas son responsables de sus decisiones y acciones, porque tienen la capacidad de escoger más de una opción. Si la depravación total significa incapacidad total, como supone el calvinismo, entonces debemos preguntarnos por qué Dios hablaría a los hombres a lo largo de las Escrituras como si fueran capaces de responder. ¿Por qué Dios “manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan” (Hechos 17:30) si tal mandato es superfluo? ¿Por qué Dios nos exhorta a “escoger entre la vida y la muerte, la bendición y la maldición” (Deut. 30:19) si no podemos hacerlo? No parece, por estos versículos —y por literalmente cientos más en toda la Escritura— que Dios considere que la muerte espiritual signifique incapacidad total.
Así como Adán y Eva, con naturalezas puras y sin pecado, fueron capaces de elegir el mal, así también los hijos caídos y pecadores de Adán y Eva pueden responder al llamado y la invitación de Dios. Si no fuera así, todos los llamados e invitaciones de Dios serían una burla.
La Biblia enseña que todas las personas de todas las épocas nacen con una naturaleza pecaminosa y una tendencia natural hacia el pecado. Pero también fueron creadas a imagen de Dios (Imago Dei), con una conciencia que Dios usa para hablar al alma interior. Esto explica por qué muchas personas que no son necesariamente cristianas bíblicas pueden ser morales, disciplinadas y buenos vecinos. No todos son asesinos o adoradores de Satanás. Incluso las personas no convertidas poseen una intuición natural del bien y del mal dada por Dios mismo. A veces llamamos a esto la “conciencia”, la huella digital del Creador colocada en el alma de todo hombre y mujer.
Sin embargo, el hecho de que también existan personas horriblemente malvadas nos muestra que alguien puede crecer no solo en gracia, sino también en pecado y depravación. Por esto es tan importante alcanzar a las personas cuando son jóvenes —niños y adolescentes— antes de que el poder deformante del pecado pervierta y desfigure la imagen de Dios hasta el punto de no retorno. Estos son aquellos a quienes Dios “entrega a una mente reprobada” y a quienes “envía un poder engañoso, para que crean la mentira”, porque han rechazado continuamente el amor de la verdad.
Pero debemos preguntarnos: ¿por qué tendría Dios que entregar a alguien a una mente reprobada o enviarle un poder engañoso para creer una mentira si ya está tan depravado en su estado natural que no puede responder al llamado interior del Espíritu Santo? Como ya se dijo, no es necesario ponerle una venda a un muerto. Sin embargo, Dios llama a hombres y mujeres a responder a su voz, porque, de hecho, pueden hacerlo. Ésta es la única manera en que Dios podría declarar a toda la humanidad:
“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.”
— Hebreos 3:15 (RVR60)
El llamado de Dios a oír Su voz y no endurecer el corazón solo puede entenderse a la luz de que ambas opciones son posibles para toda la humanidad a la que el llamado se dirige.
Los provisionistas del libre albedrío y los deterministas teológicos coinciden en que nadie puede venir a Cristo por sí mismo sin la atracción inicial del Padre. Estamos de acuerdo en que no podemos venir a la luz por nuestra propia iniciativa; debemos ser atraídos, llamados y convencidos por el Espíritu de Dios. Donde diferimos es en que el calvinista sostiene que el llamado de Dios no puede ser resistido por aquellos que Él ha decidido salvar, ni puede ser aceptado por aquellos que ha decidido condenar.
Los provisionistas creemos que Dios desea salvar a todos, pero que cada persona es responsable de la decisión libre que tiene de rendirse o resistir a este llamado. Ahora comprendemos por qué Dios —y Cristo mismo— mostraron tanta ira, reprensión y condenación en ambos testamentos hacia aquellos que “endurecen su corazón” a Su voz. El corazón endurecido entristece a Dios e incluso provoca Su ira porque, sencillamente, no tenía que ser así.
Sí, estábamos “muertos en delitos y pecados” antes de la salvación, pero, una vez más, muertos en un sentido espiritual no significa completa incapacidad, sino que estábamos separados de la vida de Dios por causa del pecado. Es verdad que los muertos no pueden elegir, pero tampoco pueden comer, hablar o pecar. Estábamos muertos, no en el sentido de incapacidad, sino en el sentido que la Escritura declara: separados de Dios por el pecado.
Si la depravación total significa incapacidad total, como afirman los calvinistas, debemos hacernos esta importante pregunta:
“En la Biblia, los cristianos son descritos como habiendo ‘muerto al pecado’ (Rom. 6:2, 7, 8, 11; 7:4-6; Gál. 2:19; Col. 2:20; 3:3; 2 Tim. 2:11). Antes de la conversión, los no regenerados son descritos como estando ‘muertos en delitos y pecados’ (Ef. 2:1; Col. 2:13). Si estar muerto en pecado significa que uno no puede moverse hacia Dios o responder a Él, ¿significa entonces que estar muerto al pecado implica que no podemos movernos hacia el pecado o responderle a él?”
Obviamente, la respuesta es no, porque incluso en un estado convertido, el hombre aún puede pecar. Esto significa que, bíblicamente hablando, estar muerto a algo no implica incapacidad total para responderle. Dios ciertamente no tenía ese concepto cuando habló con Caín —un hombre ciertamente “muerto en delitos y pecados”— y le dijo:
“¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.”
— Génesis 4:6–7 (RVR60)
En este pasaje, Dios le está diciendo a Caín que no tenía que ser como era. Podía haberse arrepentido, podía haberse vuelto a Dios. Pero eligió libremente ceder a sus pasiones pecaminosas y escuchar la voz del maligno, lo que finalmente lo llevó a asesinar a su hermano.
Así como Caín no puede culpar a nadie más que a sí mismo, de la misma manera nadie puede culpar de su pecado y condenación a otra persona. Esto prueba que la muerte espiritual no es la incapacidad de actuar o reaccionar, sino el estado de separación de Dios por el pecado.
De hecho, las huellas de Dios aún pueden verse en muchos individuos no convertidos y perdidos que fueron creados a Su imagen. Esto explica por qué incluso las personas no salvas a menudo muestran un sentido de justicia, compasión y conciencia interior que los guía en sus decisiones entre el bien y el mal.
Es un hecho que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios, pero el pecado es una enfermedad que empeora si no se trata. Un corazón maleable puede llegar a endurecerse como piedra si la voz del Salvador es continuamente y voluntariamente rechazada. El mismo sol que derrite la cera, endurece el barro. Por eso, incluso aquellos creados a imagen de Dios pueden degenerar hasta cometer horrendos pecados como el asesinato y la blasfemia.
Y aunque todos merecen condenación eterna, y nadie puede ser salvo aparte de la gracia de Dios que atrae a los hombres hacia Él, estas mismas criaturas aún llevan la marca de su Creador al poseer una voluntad que puede elegir rechazar o rendirse a la voz interior del Salvador.
Por lo tanto, considerando que la depravación total no significa incapacidad total, y que “la gracia de Dios que se ha manifestado para salvación a todos los hombres” atrae al pecador al arrepentimiento y la fe en Cristo, la única conclusión posible es que los hombres pueden endurecer o rendirse a esta preciosa influencia. Por eso la Biblia presenta a Dios y a Cristo mismo advirtiendo a los hombres que no endurezcan sus corazones al Espíritu Santo.
Ahora tiene sentido por qué la ira de Dios se dirige hacia aquellos que endurecen sus corazones a Su Espíritu que los llama a la fe y al arrepentimiento: ¡porque no tenía que ser así! Había otra opción gloriosa posible, pero eligieron rechazarla.
Dios atrae, pero no forzará al hombre a venir a Él. La respuesta debe ser voluntaria. Esto explica por qué las ofertas de Dios se extienden a “todo aquel que quiera” así como Sus muchas invitaciones a “escoger la vida” y “escoger hoy a quién servirás”.
La humanidad —incluso la no regenerada— posee una conciencia y un concepto del bien y del mal que fueron implantados por el Creador que hizo a todos los humanos a Su imagen. Es esta conciencia, junto con el libre albedrío, la que hace a una persona responsable de rendirse al llamado de Dios, y si lo hace, cosas maravillosas suceden: regeneración, santificación y vida nueva en Cristo.
Cristo es en verdad “aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.” (Juan 1:9, RVR60)
Sí, según Cristo, las promesas de vida eterna, del agua viva y de nunca tener hambre, son para aquellos que creen en Él. Como ya se ha mostrado, en ninguna parte de la Biblia se menciona que la regeneración deba preceder a la fe. Este concepto solo existe en la lógica errónea del determinismo teológico.
Y es de suma importancia establecer esto primero, porque la doctrina calvinista de la depravación total es la piedra angular de toda su teología; y si falla, todo el edificio se derrumba, como sucede cuando este fundamento es pesado en la balanza de la Santa Escritura.
Objeción #3
¿Qué hay de este pasaje en Juan capítulo 6? ¿No muestra claramente que la salvación es solamente por decreto de Dios y completamente monergista?
“Y esta es la voluntad del Padre que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero… Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.”
— Juan 6:39, 40, 44
Una vez más, podría escribir varias páginas sobre este pasaje, pero procuraré ser breve, ya que realmente no se necesita demasiada explicación.
Primero, aquellos que han sido dados al Hijo por el Padre son los que ya habían respondido al Padre en fe. Esto queda claro por la explicación de Jesús a los líderes religiosos de que ellos “no conocían al Padre” e incluso lo “odiaban.” Jesús enseñó:
“El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.” — Juan 7:17
Aquí vemos, por boca de Cristo mismo, que la voluntad humana es en verdad un agente activo para conocer la verdad y venir al Salvador. Aquellos que el Padre dio al Hijo son simplemente los que creyeron libremente la verdad de Dios con un corazón rendido hasta ese momento.
También debemos notar las cláusulas condicionales en estos versículos. Los términos “no pierda yo nada”, “lo resucitaré en el día postrero” y “tenga vida eterna” expresan condicionalidad, de la misma manera que cuando la Biblia dice que Dios “no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9), o cuando dice que “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17).
Dios está dispuesto, pero el hombre también debe estarlo. Por eso estos versículos usan términos que implican condiciones.
Finalmente, respecto al versículo 44, los provisionistas estamos completamente de acuerdo con los calvinistas en que ningún hombre puede venir a Cristo por su propia cuenta, sino sólo en respuesta al Padre que le atrae. Decimos un fuerte “amén” a que “nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere.”
La pregunta no es si es necesario que el Padre atraiga a los hombres para ser salvos —en eso estamos de acuerdo— sino si tal atracción puede ser resistida o no. Y ya se ha mostrado a lo largo de este escrito que la Biblia enseña desde Génesis hasta Apocalipsis que sí puede ser resistida. La doctrina calvinista de la “gracia irresistible” no se enseña en ninguna parte de las Escrituras.
Objeción #4
Si el hombre tuviera alguna parte en su salvación, esto sería motivo para gloriarse.
El calvinismo enseña que Dios es el único autor de la salvación… cada detalle de ella, y por tanto es monergista, no sinergista. Se trata de una salvación centrada únicamente en Dios. Cualquier otra sería “centrada en el hombre.”
Como ya mencioné, los provisionistas del libre albedrío realmente estamos de acuerdo con los calvinistas en que ningún hombre puede venir a Cristo a menos que el Padre lo atraiga. De hecho, también afirmamos que la salvación es completamente de Dios.
El hombre no tiene necesariamente que “hacer” algo para ser salvo, sino simplemente creer, lo cual significa que es Dios quien obra, convence y reprende. Las personas simplemente deben rendirse a esa obra interior del Espíritu Santo y no resistirla.
Ciertamente, no podemos venir a Dios por nosotros mismos. Deterministas y provisionistas coincidimos en que todos necesitamos el llamamiento del precioso Espíritu de Dios.
Donde diferimos es en quiénes son atraídos.
Los deterministas dicen que Dios sólo atrae a los elegidos y que esta atracción no puede ser resistida.
Los provisionistas afirmamos que Dios ama a todas las personas y, por lo tanto, atrae a todos hacia Sí, pero que esta atracción puede ser resistida.
Así que, en última instancia, las personas sólo necesitan no resistir y rendirse a la preciosa obra de Dios, ¡y serán salvas!
De esta manera, toda la obra pertenece verdaderamente al Señor, pero también, en última instancia, las personas no son robots programados ni marionetas manipuladas.
Cuando el Espíritu Santo viene llamando suavemente —como lo hace con todos los hombres (Juan 1:9; Tito 2:11–12)— para arrepentirse y venir a Cristo para salvación, los seres humanos pueden hacer una de dos cosas: endurecer sus corazones y resistir, o rendirse y ceder a esa influencia celestial.
Es precisamente en esto donde Dios hace responsables a los hombres y mujeres. El Espíritu de Dios todavía contiende con el hombre hasta el día final de la redención.
Aquí sería muy oportuno hacer una pregunta al calvinista que pueda estar leyendo:
“Si los salvos no pueden reclamar responsabilidad alguna por haberse rendido a Dios, ¿cómo pueden los no salvos ser considerados completamente responsables por no hacerlo?”
Una muy buena pregunta, en verdad. No se puede tener ambas cosas.
Sin embargo, esta pregunta no representa ningún problema para los defensores del libre albedrío, porque ellos creen el testimonio de la Escritura de que cada persona es verdaderamente responsable delante de Dios, y que cada persona puede, de su propia voluntad, rechazar o aceptar su llamado interior al arrepentimiento y a la fe en Cristo.
La declaración de Esteban, el primer mártir, sigue siendo cierta para los incrédulos y perdidos de hoy:
“¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.” — Hechos 7:51
El hecho de que tú o yo hayamos cedido a la preciosa voz e influencia del Espíritu Santo, trayéndonos al arrepentimiento y a la fe en Cristo, no es salvación por obras, ni motivo alguno para gloriarnos en nosotros mismos, más de lo que podría gloriarse alguien que fue rescatado tras haberse perdido en el desierto, salvando así su vida de sus propias decisiones insensatas.
El libro de Romanos declara claramente que la fe no es una obra, sino una respuesta libre a un Dios amoroso.
Yo no podría gloriarme más por haber aceptado a Cristo que un hombre que se está ahogando podría gloriarse por haber agarrado la cuerda de salvamento que su rescatador le lanzó.
En verdad, Dios “repartió a cada uno la medida de fe” (Romanos 12:3), pero lo que cada uno hace con esa fe es de suma importancia.
Objeción #5
¡Enseñar que el hombre puede determinar su destino eterno según su libre elección, aparte del decreto de Dios, socava la soberanía misma de Dios!
Como ya se ha dicho, deterministas y provisionistas suelen usar el mismo vocabulario, pero con un diccionario muy distinto.
Todos estamos de acuerdo en que Dios es soberano, pero lo que se entiende por ese término es muy diferente entre ambos grupos.
Los deterministas enseñan que la soberanía de Dios significa que Él ordena, decreta y determina literalmente todo lo que sucede, tanto lo bueno como lo malo.
Por ejemplo, que Dios quiso que un niño ayudara a una viuda necesitada con sus tareas, pero también quiso y decretó que Ted Bundy asesinara brutalmente a 47 mujeres en sangre fría.
Si fuera honesto, tendría que decirle a una madre llorosa que fue Dios quien determinó y causó que su hijo muriera de sobredosis.
Tal pensamiento es escalofriante.
Esto convierte a Dios en autor y creador del mal. Lo transforma en el mismo diablo.
Asegura que Él decretó y determinó la rebelión de Lucifer, el pecado de Adán, el asesinato de Caín, etc.
Tal enseñanza no es más que una blasfema representación del Dios presentado en las Santas Escrituras, que “no puede mirar el mal” y que se entristeció en su corazón por la maldad del hombre en Génesis 6.
Este es el mismo Dios que dijo:
“Por cuanto me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él incienso a dioses ajenos, los cuales no conocieron ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes, y edificaron los lugares altos de Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos a Baal, lo cual nunca les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.”
— Jeremías 19:4–6
No puede ser más claro. Dios afirma que no mandó ni decretó tales cosas malignas, ni siquiera vinieron a su mente.
Enseñar lo contrario es contradecir la Palabra inerrante de Dios y violar las reglas de la hermenéutica bíblica —algo que yo no estoy dispuesto a hacer.
¿No es acaso más coherente con la enseñanza bíblica y con el carácter de Dios mantener la comprensión de la soberanía divina tal como la explicó el gran autor cristiano A. W. Tozer?
Ya he citado esta frase antes, pero vale la pena repetirla:
“Dios decretó soberanamente que el hombre fuese libre para ejercer elección moral, y el hombre desde el principio ha cumplido ese decreto eligiendo entre el bien y el mal. Cuando elige hacer el mal, no contraviene la voluntad soberana de Dios, sino que la cumple, en cuanto el decreto eterno decidió no cuál elección haría el hombre, sino que el hombre fuese libre para hacerla. Si en Su libertad absoluta Dios ha querido dar al hombre libertad limitada, ¿quién puede oponerse a su mano o decirle: ‘Qué haces’? La voluntad del hombre es libre porque Dios es soberano. Un Dios menos que soberano no podría otorgar libertad moral a sus criaturas; tendría miedo de hacerlo.”
— El conocimiento del Santo, capítulo 22, “La Soberanía de Dios”
Compárese esta cita de Tozer con la siguiente cita del calvinista Mark Talbot, la cual fue aprobada, editada y publicada por el mismo John Piper:
“Dios hace que todas las cosas sucedan conforme a su voluntad. No es sólo que Dios logre convertir los aspectos malos de nuestro mundo en algo bueno para los que le aman; más bien, Él mismo produce estos aspectos malos… Esto incluye que Dios haya hecho que ocurriera la brutalidad nazi en Birkenau y Auschwitz, así como los terribles asesinatos de Dennis Rader e incluso el abuso sexual de un niño.”
— Mark Talbot, editado por John Piper y Justin Taylor, Suffering and the Sovereignty of God, Crossway Books, 2006, págs. 41–42
Reflexiona en lo que esas palabras implican.
Si crees la verdad de que Dios es amor y es verdaderamente bueno, entonces esa cita resulta blasfema, aunque, admitidamente, expresa la conclusión lógica del concepto calvinista de soberanía.
Yo elijo creer que Dios es tan soberano, que ha decidido otorgar al hombre el don del libre albedrío, y aun con este don —tan fácil de abusar— los planes y propósitos de Dios se cumplirán perfectamente.
El hecho de que Dios exista fuera del tiempo y conozca todas las cosas que sucederán no significa que haya decretado cada detalle, aunque el resultado final esté asegurado.
Un buen ejemplo de esto se ve en la historia de la rebelión del rey Saúl y la consecuente elección de David. Leemos en 1 Samuel 13:13–14:
“Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios, que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.”
Vemos en este relato que el reino de Saúl habría sido establecido si él hubiera obedecido a Dios. Saúl no tiene a nadie a quien culpar sino a sí mismo.
¿Sabía Dios de antemano que Saúl desobedecería? Por supuesto.
¿Decretó o forzó Dios esa desobediencia? De ninguna manera.
¿Vio Dios, en la eternidad pasada, a un hombre conforme a su corazón llamado David, que llegaría a ser rey de Israel? Sí, sin duda.
Dios ve el futuro antes de que ocurra y cumple sus propósitos finales aun considerando su presciencia de las decisiones libres que tomarán los seres humanos.
Esto es precisamente lo que Tozer señala en su cita.
Nosotros no creemos que Dios haya decretado ni ordenado el hambre de los niños, el genocidio, la violación, el adulterio, las guerras o las plagas.
Todas estas cosas existen directa o indirectamente por una sola palabra: pecado.
Lo que Dios ha decidido hacer, sin embargo, es permitir en muchos casos que las consecuencias del pecado se manifiesten plenamente, para que todos vean el resultado final de rebelarse contra un Dios amoroso y sabio.
Esta es la única manera en que puede obtenerse una seguridad eterna genuina incluso en el Cielo.
Si Dios interfiriera siempre con las consecuencias del pecado, nunca se podría observar su conclusión final.
Por eso Dios permite que el pecado y el mal continúen por un tiempo.
Pero el día glorioso se acerca cuando Él dirá: “Hecho está.”
Esperamos con anhelo ese bendito día.
Así que, ¡quizás el concepto provisionista de la soberanía de Dios sea incluso más grande que el de los calvinistas y deterministas!
Objeción #6
Estás equivocado al decir que los calvinistas no creen que las personas tengan libre albedrío. Por supuesto que lo tienen, porque eligen exactamente lo que desean elegir, incluso si es en contra de Dios. La palabra usada para esto es compatibilismo. Lo que creemos es que la voluntad humana no regenerada está en esclavitud y necesita ser transformada mediante la gracia (irresistible) de Dios, para que entonces pueda escoger correctamente la voluntad de Dios.
Como ya se ha mostrado, el compatibilismo no es libre albedrío a menos que haya más de una opción disponible para escoger. Ya he señalado que una elección no es libre si solo hay un nombre en la boleta. De la misma manera, una voluntad no es libre si debe ser programada o forzada. Por eso decimos que el calvinismo no cree ni reconoce la agencia moral libre. (Aunque, es una pregunta interesante para el determinista si Adán y Eva, Lucifer y los ángeles realmente poseían libre albedrío antes de su caída).
Para el calvinista, el “libre albedrío” puede compararse con las películas de Terminator, donde John Connor puede viajar en el tiempo y reprogramar el chip del asesino T-800 —la misma máquina que solo busca su muerte— para que ahora solo busque preservar su vida y protegerlo a toda costa. Una vez más, puede que esto sea una referencia burda de la cultura popular, pero representa exactamente lo que los deterministas creen acerca del “libre albedrío”.
De la misma manera, se ven obligados a admitir que la voluntad debe ser arrestada y que una nueva voluntad debe ser “descargada” dentro de la persona para que ésta pueda ser salva y vivir una vida agradable a Dios. Sin embargo, la evidencia bíblica no respalda esto.
La evidencia que sí presenta —y a la cual ya he aludido brevemente— es que Dios creó a los seres humanos a Su propia imagen, con la capacidad de responderle, y observamos esta capacidad incluso hoy. Por esta razón, Dios los considera moralmente responsables por cómo responden a Él. Los creó para una relación —una relación verdadera basada en el amor, la confianza y la interacción libre—.
¿No es esto lo que todos anhelamos en una relación? ¡Por supuesto! Y Dios no es diferente. Él es un Padre amoroso, no un programador de T-800s.
Objeción #7
Muchos de los grandes predicadores del pasado y aun del presente son defensores plenos de las doctrinas calvinistas de la gracia. Nada menos que George Whitefield, Jonathan Edwards, Charles Spurgeon, Charles Hodge, B.B. Warfield, Francis Schaeffer, R.C. Sproul, John MacArthur, Paul Washer, John Piper y Voddie Baucham no pueden estar todos equivocados, ¿verdad?
Yo podría voltear completamente este argumento y decir: “Bueno, ¡mira a todos los grandes predicadores, misioneros y teólogos que rechazaron el calvinismo y creyeron en el libre albedrío y en la salvación ofrecida a todos!”
Además de todos los primeros cristianos de los primeros cuatro siglos, el provisionismo del libre albedrío ha sido creído y predicado por nada menos que…
John Wesley, Francis Asbury, Adam Clarke, William Booth, D.L. Moody, Charles Finney, Hudson Taylor, R.A. Torrey, C.S. Lewis, A.W. Tozer, David Wilkerson, Leonard Ravenhill, Oswald Chambers, E.M. Bounds, Andrew Murray, N.T. Wright, A.B. Simpson, Oswald Chambers, David Pawson, John Lennox, J. Vernon McGee, Chuck Smith, Adrian Rogers, Billy Graham, Dave Hunt, William Lane Craig, Frank Turek, y muchos otros apologistas modernos de la fe cristiana que son demasiado numerosos para mencionar aquí.
No cuestiono la salvación ni siquiera la sinceridad de la mayoría de los calvinistas modernos, pero sí creo que están aferrándose a una teología que difama el carácter amoroso de Dios y que no está enseñada exegéticamente en las Escrituras. Creo que muchos de ellos pueden tener sus propias preguntas y dudas, pero a estas alturas de sus carreras, renunciar a esa doctrina sería costoso para ellos, tanto literal como figuradamente. Algunos, como Paul Washer, “han bajado el tono” y rara vez mencionan la doctrina. Esto podría deberse a las dudas que están experimentando o incluso a un rechazo total del sistema soteriológico que antes abrazaron, o tal vez se han dado cuenta de que proclamar el calvinismo solo trae confusión y problemas, por lo que consideran mejor evitarlo.
Que verdaderos hombres de Dios hayan sostenido ciertos errores doctrinales a lo largo de la historia de la iglesia no está en discusión. Lutero instruyó a sus seguidores a perseguir a los judíos. Calvino mandó a ejecutar —quemado vivo en la hoguera— a por lo menos un hombre que desafió su gobierno tiránico en Ginebra. (Y sí, eso realmente ocurrió; incluso visité el Museo de la Reforma en Ginebra este verano y pregunté a los expertos allí para confirmar su autenticidad).
Sería mucho mejor admitir que la doctrina del determinismo fue una sobrerreacción de Lutero, Calvino y Zwinglio contra el sistema católico romano de obras humanas, sacramentos y otras herejías de la época de la Reforma. Como se mencionó anteriormente, hubo de hecho reformadores del libre albedrío en ese tiempo e incluso antes, como los valdenses y los anabaptistas, pero ellos a su vez fueron severamente perseguidos por los “tres grandes” reformadores deterministas, y la mayoría de sus escritos fueron destruidos. Sería muy interesante leer sus escritos hoy y observar cuál habría sido el resultado teológico de la Reforma si esa persecución y destrucción no hubieran ocurrido.
Objeción #8
Entonces, ¿cuál es el problema con creer en el calvinismo? Ambos campos se reconocen mutuamente como cristianos y hermanos en el Señor, ¿verdad? ¿No podríamos simplemente “estar de acuerdo en no estar de acuerdo”?
Ciertamente hay muchos puntos en los que los verdaderos cristianos de ambos campos —calvinistas y provisionistas— coinciden. Estamos de acuerdo en las solas definidas por la Reforma. Ambos destacamos la belleza del Evangelio: las buenas nuevas de la salvación de Dios mediante la fe en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. También coincidimos en la necesidad de una verdadera conversión o regeneración, y somos muy conscientes de los peligros del “decisionismo” y del “creer fácil”. La mayoría estamos de acuerdo en que la verdadera fe salvadora se evidencia por medio del arrepentimiento genuino del pecado y de un fruto espiritual verdadero.
Ambos declaramos sin vergüenza que la Biblia es verdadera en todo lo que enseña; por lo tanto, áreas como la sexualidad bíblica y el creacionismo son abrazadas por ambos lados, como debe ser. También coincidimos en que hoy existen muchos que promueven un falso evangelio y que el progresismo posmoderno es generalmente destructivo, tanto teológicamente como en la vida diaria.
Pero hay varios puntos que deben considerarse en respuesta a la pregunta anterior. Primero, debe señalarse que ningún calvinista (que yo sepa) ha afirmado jamás que las “doctrinas de la gracia” deban ser plenamente aceptadas para poder ser salvo. Ellos pueden reconocer a los cristianos de libre albedrío o provisionistas como hermanos en el Señor, siempre que hayan sido genuinamente regenerados. Entonces, por su propia admisión, el calvinismo no es el Evangelio, ya que las personas pueden ser salvas sin creer en él.
Entonces, ¿es el calvinismo esencial para la salvación? ¿Se necesita creer en el calvinismo para ser salvo? Si no, ¿estaba equivocado Spurgeon cuando dijo que “el calvinismo es el evangelio, y nada más”? ¿Estaba equivocado Engelsma cuando afirmó que “el calvinismo es el Evangelio. Sus doctrinas sobresalientes son simplemente las verdades que componen el Evangelio. Alejarse del calvinismo, por lo tanto, es apostasía del Evangelio de la gracia de Dios en Cristo”?
Parece haber una seria contradicción aquí. El Evangelio de salvación es la simple buena noticia de que “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras, fue sepultado y resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:4). Esto lo creen ambos campos, aunque los provisionistas consideran la fe en el Evangelio como el agente salvador, mientras que los calvinistas hacen de la elección el agente salvador (en otras palabras, “creo porque fui elegido”), convirtiendo así la fe en el Evangelio en un agente pasivo y subordinado a un decreto electivo, como ya hemos mencionado.
Así que, para dejarlo claro: ambos lados creen que Jesús pagó la pena por el pecado. Que Él sufrió nuestro castigo. Por esta razón, los pecadores pueden ser justificados y perdonados legalmente. Y también debe señalarse que la mayoría de los cristianos de libre albedrío creen en la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, a pesar de lo que muchos calvinistas afirman erróneamente.
Siendo este el caso, ¿por qué insistir tanto en la doctrina del determinismo? ¿Por qué, entonces, son los calvinistas los que intentan tomar el control de seminarios, colegios bíblicos, juntas de gobierno, iglesias y denominaciones enteras? Y cuando logran esa toma, ¿por qué solo se les da autoridad y gobierno a los que creen en las “doctrinas de la gracia”? Si no es un asunto de salvación, tal comportamiento parece bastante divisivo. Si la creencia en el calvinismo no es necesaria para la salvación, ¿para qué predicarlo o enseñarlo?
Parece que muchos calvinistas encuentran su identidad más en su calvinismo que en Cristo mismo y en la verdadera Iglesia Universal —Su cuerpo invisible—. Parecen más preocupados por convertir a cristianos de libre albedrío al calvinismo que por rescatar a las multitudes perdidas de la condenación eterna.
¿De dónde sacarían sus nuevos conversos si no fuera por las iglesias de libre albedrío que están haciendo el “primer trabajo” de evangelizar a las masas? ¿Cuántas personas pueden decir que fueron convertidas directamente del estado de perdición al calvinismo? No muchas.
¿Qué haría el calvinismo sin las denominaciones de Calvary Chapel, los Bautistas Libres, los Bautistas del Sur, las iglesias Evangélicas y Pentecostales, que están realizando el trabajo más arduo de ganar almas, solo para que los calvinistas luego proseliticen entre sus números?
Por esta razón digo que el calvinismo es parasitario y no puede existir por sí solo sin sus anfitriones de libre albedrío. Pero es mi esperanza y oración que este escrito contribuya a que muchos cristianos no sean engañados por este oscuro sistema teológico que ha confundido a tantos, que difama el carácter del único Dios verdadero, y que ha traído una división incalculable en las iglesias e incluso en las familias cristianas.
Por eso no podemos simplemente “estar de acuerdo en no estar de acuerdo”. El calvinismo es un error y causa daño dentro de la Iglesia y también fuera de ella, al malrepresentar al verdadero Dios y al verdadero cristianismo ante el mundo no salvo.
Algunos pensamientos finales
Para mayor claridad, intentaré “concluir” resumiendo de la manera más breve posible las razones por las cuales mi conciencia simplemente no me permite creer en el Calvinismo, el Determinismo o la Teología Reformada.
- No está enseñado en la Biblia, más allá de ciertos textos de prueba que han sido tomados fuera del contexto del resto de las Escrituras.
- El calvinismo no es una conclusión a la que uno llegue por sí mismo mediante la oración y el estudio personal de la Palabra de Dios. El determinismo fatalista solo es aceptado después de que una tercera influencia interviene con sus argumentos y dicotomías. No es una doctrina que surja de la Escritura, sino una doctrina que debe ser forzada dentro de ella.
- Enseña que Dios no ama a todos, que Cristo no murió por todos, y que Dios no desea que todos sean salvos. Cada una de estas conclusiones va directamente en contra de las Escrituras más claras y fundamentales.
- Hace a Dios el autor del mal, y enseña que la condenación eterna de los no salvos de alguna manera glorifica al mismo Ser Divino que los creó con ese propósito. Pero Dios no se glorifica a costa de Su creación, sino a costa de Sí mismo, en Su asombroso amor para redimirla.
- Malinterpreta el carácter de Dios y difama Su carácter perfecto, amoroso y santo al enseñar que Dios mismo quiere, ordena e incluso decreta el mal. Sí, según esta doctrina, las personas son asesinadas, las mujeres violadas y los niños abusados porque Dios quiso y decretó que eso sucediera. Puede haber quienes se llamen calvinistas y nieguen esto, pero este es el calvinismo en su forma más pura, y está claramente enseñado a lo largo de Las Instituciones de la Religión Cristiana de Calvino.
De hecho, para ser coherente con la doctrina del determinismo (o “decretismo”), solo tal conclusión es posible. Decir en el sentido más verdadero y lógico que Dios no decretó el mal solo puede forzar al calvinista a aceptar la doctrina del libre albedrío provisionista o el molinismo —lo cual es tabú para ellos—. - En el calvinismo, los círculos son cuadrados, las líneas paralelas se conectan, y los solteros están casados. Dos más dos pueden ser cinco… o diecisiete. Para explicar sus contradicciones teológicas y lógicas, el calvinista se ve forzado a un rincón del cual solo puede salir usando palabras rebuscadas, cambiando de tema o diciendo cosas como “es un misterio” o que Dios tiene una “voluntad revelada y una voluntad oculta”.
A veces usan el ejemplo de una novela, donde el autor decide y decreta todo lo que sucede, pero dentro de las páginas los personajes no lo saben y creen que están tomando sus propias decisiones. Esta analogía es mala y no se infiere en ninguna parte de la Biblia. Tales explicaciones no responden la cuestión de fondo, sino que solo crean más confusión. - Esta teología errada convierte a los seres humanos en simples autómatas, no diferentes de los robots. No hay ningún concepto de amar, confiar u obedecer a Dios voluntariamente, ya que todas estas virtudes deben ser “programadas” dentro de ellos.
Esto no es lo que enseña la Biblia ni es la forma en que un Dios amoroso desea que alguien le siga.
El calvinismo convierte al hombre en un robot que no puede amar a Dios por voluntad propia, sino solo porque está “programado” para hacerlo.
Convierte a Dios en un titiritero cósmico que fuerza a los salvos a amarlo y a los perdidos a rechazarlo y odiarlo.
Esto no es una cosmovisión bíblica… esto es Matrix.
Es como si Dios descargara inteligencia artificial en Su creación. - Hace que el decreto electivo de Dios sea la base y la fuerza motriz detrás de la salvación del hombre, y no la fe en las buenas nuevas de la vida perfecta, la muerte vicaria y la gloriosa resurrección de Cristo.
Así, las “buenas nuevas” dejan de ser “Cristo me amó y murió por mí”, para convertirse en “¡Pues vaya cosa! ¡Soy uno de los elegidos! (¡Y quizás tú no lo seas, debido a la gracia evanescente!)” - Enseña que Jesús, en realidad, no ama “a todos los niñitos del mundo.”
La verdad es que quienes abrazan la doctrina del Calvinismo no tienen manera de saber si su pequeño hijo fallecido está en el cielo o no.
Y si los porcentajes son indicación alguna (“angosto es el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan; ancho es el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que van por él”), el escenario más probable es que ese hijo amado no esté gozando en el cielo, sino sufriendo en el infierno.
¡Qué doctrina tan pútrida y deshonrosa para Dios! Pero es la única conclusión posible si el Calvinismo enseña que todos los seres humanos, aun los bebés, son culpables del pecado de Adán. - El determinismo calvinista hace una burla de las constantes invitaciones de Dios extendidas a “todo aquel que quiera”, ya que en realidad estas invitaciones no pueden ser aceptadas por cualquiera, como se da a entender, sino solo por aquellos que son arrastrados por una gracia irresistible.
También ridiculiza las advertencias constantes de Dios hacia los no arrepentidos, pues ellos no podrían arrepentirse más de lo que un elefante podría volar. - Según el Calvinismo, no hay manera de saber con certeza si su creyente perseverará y llegará al cielo.
¿Cómo puede estar seguro de que no está siendo engañado por la espantosa doctrina de la gracia evanescente, ya que Calvino enseñó que tales personas engañadas son casi indistinguibles de aquellos que han sido regenerados por la verdadera gracia? - Quienes creen en el determinismo fatalista no pueden mirar a nadie a los ojos y decirle con sinceridad:
“Dios te ama, Cristo murió por ti y quiere salvarte.”
No podrían saber si esa persona es uno de los elegidos o no, y correrían el riesgo de mentirle al decirlo.
¡Yo me alegro de poder decir estas cosas honestamente a las personas a las que evangelizo!
¡Alabado sea Dios que no soy calvinista! - El Calvinismo no puede explicar por qué existe un ser llamado Satanás, ya que, según su lógica, Dios estaría haciendo la obra del diablo al condenar almas al mismo destino y eternidad que las huestes demoníacas.
- La doctrina del determinismo fatalista no se encuentra en ningún escrito de la iglesia primitiva.
Pasaron más de cuatrocientos años antes de que apareciera el inicio de tal teología en los escritos de Agustín, quien la aprendió de las enseñanzas gnósticas de la secta maniquea a la que perteneció antes de convertirse al cristianismo.
¿Acaso los cristianos de los primeros cuatro siglos no entendían la verdadera doctrina de la salvación? - Puede generar un espíritu orgulloso y altivo, como incluso algunos calvinistas han reconocido, y obliga a sus adherentes a ver todo a través del lente determinista.
Esto puede producir un espíritu sumamente crítico y afectar la oración, la evangelización y la santidad personal.
Después de todo, si todo ha sido decretado por Dios, ¡entonces Él debió querer que yo pecara!
(Reconozco que la mayoría de los calvinistas jamás dirían esto, pero es la conclusión lógica a la que podría llegarse erróneamente). - El Calvinismo obliga a sus creyentes a ocultar lo que realmente creen si alguna vez hablan con una persona no salva.
Cualquier cosa que deba mantenerse oculta y revelarse después por el daño o la confusión que podría causar ya tiene un problema en sí misma. - El Calvinismo ha causado mucha confusión y dolor, al punto de que algunos han abandonado el cristianismo por causa de él (yo personalmente he conocido a algunos).
Sus enseñanzas también provocan que los escépticos y no creyentes se burlen, ridiculicen y critiquen esta versión calvinista del cristianismo.
¡Doy gracias a Dios de que jamás les daré esa oportunidad! - Finalmente, la falsa enseñanza del determinismo fatalista causa división entre los creyentes y aun dentro de las familias.
Las iglesias se dividen, el espíritu misionero se apaga, y la evangelización de los perdidos es casi inexistente en muchos casos.
Oro para que este escrito lleve a todos los que lo lean a reflexionar en oración y buscar sinceramente a Dios por la verdad.
Nuestro Señor dijo: “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios…”
Como seguidores sinceros del Señor Jesucristo, debemos estar dispuestos a creer lo que es verdadero, sea lo que sea. ¿No estás de acuerdo?
Si el Calvinismo fuera verdad, yo estaría dispuesto a creerlo y predicarlo. De hecho, lo hice por un tiempo.
Pero después de muchos años de oración sincera y de escudriñar las Escrituras, estoy más convencido que nunca de que es un grave error teológico que malinterpreta el carácter santo y amoroso de Dios, causa confusión entre creyentes e incrédulos, y obliga a sus seguidores a ver casi todo a través del lente distorsionado del determinismo fatalista.
Si tú, lector, aún te consideras calvinista y sigues sin convencerte, al menos espero que puedas reconocer, a la luz de lo escrito aquí, que tu sistema de creencias contiene serios desafíos, problemas y preguntas sin respuestas bíblicas sólidas.
¿Podrías al menos admitir eso?
¿Estás dispuesto a pasar el resto de tus días explicando por qué Dios no ama a todos, o por qué condena a la mayoría de la humanidad por hacer exactamente aquello que Él mismo decretó que hicieran, o por qué habla en la Biblia a todos los pecadores como si pudieran arrepentirse, creer y ser salvos… cuando en realidad no pueden?
Como predicador, estoy plenamente contento de no tener jamás el desagrado de intentar explicar tales contradicciones enigmáticas a mentes confundidas, porque no son verdad y jamás serán predicadas por mí.
Por mi parte, no creo en solteros casados ni en cuadrados redondos.
¿Y tú?
Seguiré creyendo y predicando las gloriosas verdades de que Dios ama a todos, Cristo murió por todos, y que todos pueden ser salvos.
Puedo predicar esto con gozo y autoridad porque es lo que enseña la Palabra de Dios.
¡Puedo compartir este maravilloso mensaje con todas las personas sin correr el riesgo de mentirles!
Creo que todos estaríamos de acuerdo en que la gran mayoría de los cristianos bíblicos de los últimos dos mil años, e incluso la mayoría de los creyentes en Cristo vivos hoy, no son calvinistas.
Así que, según los propios calvinistas, nosotros los del “libre albedrío” debemos haber sido predestinados por Dios a creer de esta manera, ¿no es así?
Nosotros simplemente nos negamos a creer que un Dios perfecto y santo haya creado a la gran mayoría de los seres humanos a Su imagen con el propósito final de condenarlos al infierno por toda la eternidad.
Tal enseñanza no solo contradice las Santas Escrituras, sino que desafía los conceptos de justicia, misericordia y amor que Dios ha puesto de manera inherente en los corazones de la humanidad, la corona de Su creación.
Así que, según el pensamiento calvinista, Dios debe haber decretado desde la eternidad pasada que nosotros, los del libre albedrío, rechacemos el Calvinismo y creamos en las verdaderas doctrinas de la gracia: el amor de Dios por todos, el sacrificio de Cristo por todos, y la posibilidad y el potencial de salvación eterna para todos los que crean en el Evangelio de Jesucristo.
Sí, debo haber sido predestinado para creer esto —así que, ¿no sería inútil intentar convencerme de lo contrario?—
Quizás seas tú, mi amigo calvinista, quien necesita reconsiderar estas cosas en oración.
Epílogo: 20 preguntas para nuestros amigos calvinistas
- ¿Te molesta que las personas mueran perdidas por la eternidad?
¿No? — ¿Cómo puedes ser tan frío e indiferente?
¿Sí? — Entonces, ¿por qué te molesta algo que Dios mismo ha decretado desde la eternidad pasada? - ¿Cómo puede el hombre no tener absolutamente ninguna participación en su salvación, y al mismo tiempo ser absolutamente responsable por rechazar la oferta de salvación de Dios? ¿Cómo pueden ambas declaraciones ser verdaderas?
- ¿Por qué Dios “manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan” si no son capaces de hacerlo? ¿Por qué los mandaría a hacer algo y los haría moralmente responsables hasta el punto de la condenación eterna por no obedecer, si Él sabe perfectamente que no pueden obedecer sin su gracia —una gracia que Él ha decidido negarles?
- ¿Cómo puede la humanidad en general estar “sin excusa” (Romanos 1:20) si solo pueden pecar y rechazar a Dios debido a su “depravación total”? ¿No sería esa precisamente la “excusa perfecta”?
- Si toda la humanidad ya está depravada al punto de no poder responder afirmativamente a Dios, ¿por qué la Biblia habla de que Dios los “entrega a una mente reprobada” o les “envía un poder engañoso para que crean la mentira porque no recibieron el amor de la verdad”? ¿Por qué endurecer un corazón que ya está endurecido? ¿Por qué enviar engaño a quien ya cree una mentira? ¿Es necesario ponerle una venda a un muerto o endurecer un corazón que ya es de piedra?
- Si toda persona es culpable del pecado de Adán, ¿por qué dice la Biblia…?
“El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él.”
(Ezequiel 18:20, RVR60)
Y ¿por qué dijo Jesús…?
“Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece.”
(Juan 9:41, RVR60)
¿No son todos los seres humanos “ciegos”? Es cierto, todos han pecado y son responsables de sus propias transgresiones ante Dios, pero ¿cómo podemos atribuir la culpa y el pecado personal de Adán a toda la raza humana desde su nacimiento en un sentido general, especialmente cuando Jesús también dijo…?
“Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.”
(Juan 15:22, RVR60)
- Si toda la humanidad está tan depravada que es completamente incapaz de responder al llamado de Dios, ¿cómo explicas las multitudes de personas que, aunque no necesariamente sean cristianas, tienen un anhelo interior por Dios y un profundo sentido de justicia, misericordia y compasión?
Si fueran tan depravadas como enseña el Calvinismo, ¿no deberían ser todos asesinos satánicos?
¿Podría ser que el hombre, a pesar de su naturaleza caída y pecaminosa, aún puede responder a la gracia de Dios y por eso es verdaderamente responsable de aceptarla o rechazarla?
Si no puede responder por sí mismo, pero al mismo tiempo es responsable por rechazar el llamado de Dios hasta el punto de ser condenado para siempre, ¿no sería eso la definición misma de hipocresía e injusticia?
¿No sería como condenar al pueblo de Corea del Norte por elegir a Kim Jong Un, cuando su nombre era el único en la boleta? - ¿Puedes mirar honestamente a un desconocido a los ojos y decirle que Dios lo amó tanto que envió a Su Hijo a morir por él, y que quiere salvarlo para toda la eternidad?
Si esa persona no fuera uno de “los elegidos”, ¿no estarías mintiéndole? - Si un día, como calvinista, intentas consolar a un padre que llora por la pérdida de un bebé o un hijo pequeño, ¿no te perturba que solo puedas decirle entre sollozos: “Espero que tu pequeño haya sido uno de los elegidos”?
- ¿Cómo podemos llamar “amor” a algo que debe ser impuesto o “programado”?
¿Cómo podemos llamar “adoración verdadera” a algo que debe ser forzado, sin libre albedrío?
¿Qué diferencia habría entonces entre el hombre y un muñeco de marioneta o un robot?
¿No sería esa adoración nada menos que Dios descargando inteligencia artificial en Su creación? - ¿No te preocupa que prácticamente todos los padres de la iglesia durante los primeros cuatro siglos escribieron exclusivamente apoyando el libre albedrío, y que no hay una sola mención en sus escritos acerca del determinismo divino hasta Agustín en el siglo quinto?
¿Y no te inquieta que, antes de convertirse al cristianismo, Agustín pertenecía a la secta maniquea, la cual promovía la idea del fatalismo determinista?
¿Es posible que haya importado esas creencias de dicha secta como una sobrecorrección en sus debates con Pelagio? - ¿No te hace pensar que las personas nacidas en familias cristianas, o dentro de ciertas culturas, países o grupos étnicos, son mucho más propensas a ser parte de “los elegidos” que aquellas nacidas fuera de esos contextos?
¿Podría ser que la salvación está determinada por más factores que un simple decreto arbitrario de Dios? - ¿No te molesta que Dios te mande amar a todos los seres humanos, incluso a tus enemigos, pero que Él, evidentemente, no lo haga?
¿No odia Dios a los no elegidos al no elegir salvarlos?
Entonces, ¿no deberías tú también odiarlos? ¿Por qué sí o por qué no? - ¿Tuvieron Adán y Eva, en su naturaleza perfecta e inocente antes de la caída, libre albedrío libertario? ¿O decretó Dios que pecaran?
Si Él lo hizo, ¿cómo podrían haber tenido verdaderamente libre albedrío? ¿Eran solo autómatas programados?
Si Dios no los hizo pecar, y ellos cayeron por su propia decisión independiente, ¿no sería correcto decir que Dios sabía que caerían pero aun así logró Su propósito final a pesar de su decisión equivocada?
¿Sí? Entonces, ¿no es esto exactamente lo que los Provisionistas y Molinistas han estado diciendo todo este tiempo? - ¿Lucifer y los ángeles que lo siguieron en su rebelión contra Dios lo hicieron por su propia voluntad libre, o Dios anuló y controló sus voluntades para que se rebelaran contra Él?
- ¿Cómo puede llamarse “bueno” Dios en cualquier sentido de la palabra, si el placer de Su voluntad fue crear seres que odiarían y se rebelarían contra Él?
- ¿Existe siquiera una pequeña posibilidad de que la predestinación mencionada en Romanos capítulo ocho y Efesios capítulo uno se refiera simplemente al plan preordenado de Dios de conformar a la imagen de Su Hijo a todos los que creerían en Jesús?
- ¿Existe siquiera una pequeña posibilidad de que Romanos capítulo nueve no esté refiriéndose a la salvación o condenación de cada individuo, sino a la explicación de Pablo sobre cómo las naciones gentiles llegaron a ser aceptadas a través del trato de Dios con la nación de Israel?
¿No dejan los versículos finales del capítulo 9 y Romanos 10:1 esto en completa claridad? - Si Dios ha decretado todas las cosas que suceden, ¿no sería cierto decir que Dios decretó que yo creyera en el Calvinismo, y luego decretó que lo rechazara?
Entonces, ¿debe ser Su voluntad que yo sea un Provisionista del libre albedrío, verdad?
¿Cómo sabes que Él no decretará también que tú llegues a ser uno, como lo hizo conmigo? - Después de considerar cuidadosamente los “30 problemas con el Calvinismo” mencionados anteriormente, ¿no admitirías al menos que esta doctrina es, cuanto menos, problemática?
Estés o no de acuerdo, ¿puedes ahora ver por qué no puedo abrazarla con buena conciencia?
Referencia
Para un estudio más profundo, recomiendo los siguientes libros:
- What Love Is This? — Dave Hunt, Loyal Publishing
- The Dark Side of Calvinism — George Bryson, Calvary Chapel Publishing
- The Potter’s Promise: A Biblical Defense of Traditional Soteriology — Dr. Leighton Flowers, Trinity Academic Press
El Dr. Leighton Flowers, un exprofesor de teología calvinista, es también un excelente recurso en línea y en YouTube para un examen profundo de las doctrinas del Calvinismo. Su canal es Soteriology 101. También se recomiendan los canales Beyond the Fundamentals y The Good Berean.
Estos son excelentes recursos, pero tu mejor fuente es la Biblia, la oración, el ayuno y el Espíritu Santo. 🙏